La seguridad alimentaria es un concepto que nació en la década de 1960 para definir la disponibilidad de comida que había a nivel planetario para mantener a toda la población y de esta forma, acabar con el hambre. El concepto de seguridad alimentaria surgió de la Primera Cumbre Mundial de Alimentación el año 1996. Según FAO, una persona padece inseguridad alimentaria cuando carece de acceso regular a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para un crecimiento y desarrollo normales y para llevar una vida activa y saludable.
La FAO establece que las personas tienen inseguridad alimentaria moderada cuando enfrentan incertidumbres respecto a su capacidad para obtener alimento o se ven obligadas a aceptar menor calidad o cantidad en los alimentos que consumen.
A nivel mundial la seguridad alimentaria se ha visto amenazada por varios factores. El cambio climático ha producido una sequía extensa que afecta a los países más pobres, y en otros lugares se producen inundaciones que dañan la producción agrícola. A esto se agregan las consecuencias de la pandemia del coronavirus y en el último tiempo la guerra de Ucrania que tiene dos efectos directos: disminuye drásticamente las exportaciones de granos (trigo, cebada) y de aceite vegetal y favorece la escasez de fertilizantes. Rusia es el primer exportador mundial de productos nitrogenados; segundo en productos potásicos y tercero en fosfatos.
La FAO, por su parte, ha alertado que la oferta alimentaria interna de Chile se podría ver afectada en el mediano plazo por variaciones súbitas en los flujos globales de alimentos. Por lo tanto, se hace urgente mantener abiertos los canales de cooperación internacional y a la vez desarrollar estrategias que garanticen una mayor producción local.
Chile estuvo en inseguridad alimentaria en la década de 1980, cuando el producto interno bruto cayó en un 12% en 1982 y luego en un 2% agregado al año siguiente, produciéndose una desocupación cercana al 50% de la fuerza laboral. En esos años, mediciones de ingesta calórica realizadas en la periferia de Santiago mostraron un consumo por persona de 1600 a 1700 calorías, en base a pan, té con azúcar, arroz, fideos y papas. Desde esos años hasta la pandemia de coronavirus del 2020, no hubo en Chile problemas de disponibilidad de alimentos y solo se describió falta de acceso económico en algunos sectores más vulnerables. Con la crisis del coronavirus, la inseguridad alimentaria aumentó levemente, lo que hizo que el gobierno repartiera cajas de alimentos a un sector importante de la población el año 2020, con lo cual se disminuyó en parte el incremento de inseguridad alimentaria que se había producido.
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Previamente a la pandemia, en Chile había 2,9 millones de personas que tenían algún grado de "inseguridad alimentaria", problemática que es definida por organizaciones internacionales para medir las dificultades en el acceso físico, social y económico a suficientes alimentos nutritivos a fin de llevar una vida saludable. Según estudio reciente, esta cifra ha subido del 15,6 hasta el 19,4 por ciento de la población durante la pandemia. Expertos de la U. de Chile plantean recomendaciones al respecto. El 3 de septiembre de este año, el Ministerio de Desarrollo Social entregó los resultados de un informe elaborado respecto a los efectos sociales provocados por la pandemia en el país.
El impacto al mercado laboral y con ello la disminución de ingresos en el 59,4 por ciento de los hogares del país, según la Encuesta Social Covid-19 del Ministerio de Desarrollo Social, ha sido una de las limitantes del acceso a alimentación saludable. Por una parte, el hecho de que ciertos territorios se encuentren en cuarentena ha afectado a los canales de distribución. Por otro lado, algunas comunas decidieron mientras estaban en cuarentena suspender temporalmente la realización de ferias libres para evitar el contagio por Covid-19.
Para el académico del Departamento de Atención Primaria y Salud Familiar de la Universidad de Chile, Dr. Daniel Egaña, es importante discutir estrategias en miras a no empeorar la inseguridad alimentaria en el país.
Según señala la académica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, Dra. Lorena Rodríguez, para resolver las problemáticas de la inseguridad alimentaria hay propuestas a corto y largo plazo. Entre las primeras y que tienen directa relación con la pandemia, señala que es importante reforzar el programa de alimentación complementaria con la finalidad de apoyar en la entrega de complementos para la alimentación familiar y en especial énfasis hacia adultos mayores, mujeres embarazadas e infantes hasta los seis años; y en segundo lugar, reforzando el programa de alimentación escolar dependiente de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), acercando estos recursos a quienes han visto suspendido su derecho durante la pandemia. “Tenemos estas dos grandes políticas que fortalecidas pueden constituir un elemento fundamental para garantizar el derecho a la alimentación”, indicó la Dra. A largo plazo, la académica señala que es importante que el proceso constituyente considere a la seguridad alimentaria dentro de su redacción.
Desde el ámbito universitario, académicos de la Universidad de Chile están desarrollando una investigación que busca conocer cómo ha afectado la pandemia a la inseguridad alimentaria de los estudiantes y sus hogares, considerando todos los aspectos que se ha conocido a nivel nacional. En este sentido, el Dr. Esta encuesta busca conocer información de los estudiantes tanto antes de la pandemia como durante, es por eso se consulta sobre alimentación saludable y aspectos nutricionales, además de caracterizar de manera socioeconómica a quienes participen.
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Consumo y Producción de Alimentos en Chile
Con respecto al año pasado, la canasta básica de alimentos de 80 productos subió un 23% y hoy día está en $56.000 por persona, lo cual es muy alto para el ingreso básico promedio nacional.
Chile es un gran productor y exportador de frutas y algunas hortalizas. Por su situación geográfica privilegiada, es uno de los principales exportadores de frutas a nivel mundial, siendo el primero en uva de mesa, arándanos, ciruelas, cerezas, manzanas desecadas y está en los primeros lugares en palta, kiwi, frambuesas, ciruelas secas y jugos envasados. Sin embargo, el consumo de frutas y verduras en Chile es muy bajo y solo el 15% de la población cumple con la recomendación de consumir 5 porciones de frutas y verduras al día (4). El consumo de pescado es de solo 7 kilos por habitante al año; en cambio el de carnes bovina, la mayor parte importada de Argentina y Paraguay, más aves y cerdos de producción nacional, es de 87,5 kilos y paradojalmente somos los principales exportadores de salmón en el mundo junto con Noruega.
Chile dejó de producir legumbres y las que se comen en el país son importadas de Canadá y España.
La actual crisis alimentaria, con un alza excesiva del precio de alimentos como el pan y el aceite, podría ser una oportunidad para cambiar nuestros hábitos poco saludables, como son el consumo de pan, harinas y frituras, por alimentos más saludables y de producción nacional como frutas y verduras. Además, se sabe que la producción de frutas y hortalizas es más amigable con el medio ambiente: no requiere grandes extensiones de terreno como los cereales ni praderas como los bovinos; favorece a pequeños y medianos agricultores, y por, sobre todo, el consumo de agua es mínimo: para producir un kilo de verduras se requieren 300 litros de agua; para frutas 400 a 900 litros y para un kilo de trigo se necesitan 1.500 litros de agua.
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Para terminar, nos hacemos eco de lo que señaló la EAT-Lancet Commission 2019 (6): “El consumo mundial de frutas, vegetales, frutos secos y legumbres deberá duplicarse, y el consumo de carne roja y azúcar deberá reducirse en más de un 50%.
Tabla: Comparación de Consumo de Alimentos en Chile
| Tipo de Alimento | Consumo Anual por Habitante |
|---|---|
| Pescado | 7 kg |
| Carnes (bovina, aves, cerdos) | 87,5 kg |
