En los últimos años, la prevalencia de obesidad y sobrepeso ha aumentado significativamente en todos los países, incluyendo Chile. Actualmente, millones de niños y adolescentes padecen obesidad o sobrepeso. Este problema de salud pública se asocia al riesgo de desarrollar insulinorresistencia, diabetes tipo 2 y otras enfermedades relacionadas con la obesidad.
El problema del sobrepeso procede de un desequilibrio entre la cantidad de calorías ingeridas y la cantidad de calorías quemadas por el metabolismo basal y la actividad física, de modo que diferencias calóricas diarias leves pueden determinar cambios de peso significativos en un año.
La obesidad se define de la siguiente manera:
- En niños de 1 mes a 6 años: Indicador antropométrico P/T > o igual a 2 DS.
- Obesidad mórbida: IMC >3 a 4 z-score de la referencia OMS 2007 acompañada de la presencia de comorbilidades.
- Obesidad moderada: IMC entre 3 y 4 z-score.
- Obesidad severa: >4 z-score.
- Obesidad abdominal: Perímetro abdominal >percentil 90 (estándares NHANES-USA 2004) que esté más alterado que el correspondiente IMC por edad y sexo.
Además, la presencia de alteraciones metabólicas o físicas (resistencia insulínica, intolerancia a la glucosa, diabetes tipo II, dislipidemias, epifisiolisis) también deben considerarse como criterio de inclusión, aun cuando no se cumpla el criterio antropométrico.
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Etiología, Epidemiología y Fisiopatología
Las causas principales de la obesidad son el desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico, debido a la disminución de la actividad física y el aumento del sedentarismo. Entre el 40% y el 75% de los escolares obesos serán adultos obesos, lo que agrava el problema de salud pública.
Otras etiologías se relacionan con enfermedades que dan talla baja, como el hipotiroidismo congénito, o causas endógenas como el síndrome de Cushing o el síndrome de Turner. También se asocia a retardo mental como el síndrome de Prader-Willi y el síndrome de Cohen.
Factores de Riesgo
- PEG o GEG.
- Lactancia exclusiva materna <4 meses.
- Padres obesos.
- Antecedentes familiares de obesidad.
Diagnóstico
El diagnóstico se realiza a través del IMC, medido al menos una vez al año. Los niños se consideran con sobrepeso si el IMC está entre el percentil 85 y 95, y con obesidad si el IMC es superior al P95. En menores de 6 años, se utiliza P/T > o igual +2 DS (en menores de 1 año también se usa P/T).
Además, se pueden realizar exámenes de laboratorio como glicemia, TSH, perfil lipídico, ácido úrico, insulinemia, GOT y GPT, entre otros, según la patología asociada.
Tabla de Clasificación del IMC
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| Categoría | IMC |
|---|---|
| Peso Insuficiente | Menos de 18.5 |
| Peso Normal | 18.5 - 24.9 |
| Sobrepeso | 25 - 29.9 |
| Obesidad Grado I | 30 - 34.9 |
| Obesidad Grado II | 35 - 39.9 |
| Obesidad Grado III | Más de 40 |
Tratamiento para Disminuir el IMC
El tratamiento debe ser personalizado y las medidas a tomar básicamente son: modificar el estilo de vida: dieta hipocalórica + ejercicio y tratamiento médico según patología específica. Inicialmente sin medidas farmacológicas.
- Dieta: Se deben evitar las dietas restrictivas e incentivar una alimentación saludable.
- Actividad física: Promover hábitos saludables como no comer frente al televisor, comidas familiares, colaciones saludables, no premiar conductas con comida y realizar actividad física regular.
- Objetivo inicial: Mantener el peso mientras se crece en altura para disminuir progresivamente el IMC; posteriormente, disminuir el peso.
- Apoyo psicológico: Tomar en cuenta el apoyo psicológico/emocional.
Es crucial reconocer que la adolescencia es un período de riesgo alto de obesidad. Como en todos los centros que manejan adolescentes con obesidad, concedemos mucha importancia a la motivación del paciente y su familia; si ésta no participa en el manejo, no habrá cambios y el tratamiento fracasará. cambios conductuales. Es fácil decirlo, pero no es fácil de cumplir, especialmente en los adultos. En un niño, mantener el peso constituye un resultado muy positivo, ya que es un organismo en crecimiento; en cambio, un adulto debe bajar de peso para disminuir su IMC.
Si el peso de un adolescente de 11 años aumenta y crece normalmente, el resultado es un aumento del IMC; si el peso se mantiene, el resultado es una disminución de este parámetro; por lo tanto, los niños con sobrepeso sólo necesitan mantener el peso para lograr una disminución significativa del IMC.
El balance energético es clave para mantener un peso saludable.
Actividad Física
Muchos aceptan que la disminución de la actividad es un factor importante en el exceso de peso en los jóvenes, pero es motivo de controversia. Aunque la obesidad no se deba a una disminución de la actividad física, los obesos son menos activos que los delgados. A pesar de lo anterior, es importante recordar que el ejercicio es beneficioso de todas maneras, porque previene complicaciones de la obesidad, como el síndrome metabólico, con independencia de la reducción de peso.
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La televisión contribuiría de manera significativa al aumento de peso, porque aumenta el tiempo de inactividad y, por tanto, disminuye el gasto de energía; además, muchos adolescentes comen o beben mientras miran la televisión, y no precisamente manzanas o agua mineral; por otra parte, la publicidad ejerce una influencia negativa sobre la visión de las comidas que tienen los jóvenes; y, por último, se ha demostrado que ver la televisión en familia durante las comidas se asocia con malos hábitos alimentarios en esa familia.
Recomendaciones para aumentar la actividad física:
- Disminuir la inactividad: No se debe estar más de 1 a 2 horas frente a la televisión o al computador.
- Promover actividades no planificadas: Jugar con amigos al aire libre, en el parque, es más eficaz que las actividades planificadas.
- Incluir a la familia: Es difícil para el adolescente cambiar su estilo de vida si su padre se queda frente a la televisión viendo el fútbol y comiendo papas fritas.
- Usar un podómetro: Este dispositivo motiva a los niños y adolescentes a aumentar su actividad física.
Es importante que el médico conozca todos los detalles que pueden impedir que se cumplan las recomendaciones.
Intervención Dietética
Es el segundo pilar de la intervención. Se debe evitar las recomendaciones del tipo “si te gusta, no lo comas”; no sólo no son eficaces sino que pueden provocar trastornos alimentarios: si el paciente no puede comer alimentos de su gusto, mantendrá esta conducta durante algunos días o semanas, pero no durante meses o años. Respecto a este pilar de tratamiento, las preguntas siguientes son importantes: ¿Existe una dieta mágica? ¿Qué se sabe sobre los cambios que ha sufrido la alimentación en los 40 últimos años? ¿Ha aumentado o no la ingesta de calorías? La grasa en la dieta ¿se ha mantenido estable o ha disminuido? ¿Qué cambios ha habido con los hidratos de carbono? ¿Qué influencia tienen las bebidas gaseosas y los azúcares de la alimentación actual?
En 2005 Dansinger publicó un estudio muy interesante, aleatorio, prospectivo, en el cual comparó los resultados de cuatro dietas muy populares en cuatro grupos constituidos cada uno por 40 pacientes de 22 a 72 años de edad. En el primer grupo los pacientes tenían controladores de peso, o weight watchers, y recibieron asesoría médica y recomendaciones de dieta equilibrada, pero con restricción de porciones y calorías; el segundo grupo siguió la dieta Atkins, caracterizada por bajo contenido de hidratos de carbono y alto contenido de grasas; el tercer grupo siguió la dieta Zone, caracterizada por un balance de macronutrientes (40% hidratos de carbono, 30% grasa y 30% proteínas); y el último grupo siguió la dieta Ornish, que es baja en grasa y es principalmente vegetariana. La importancia de este estudio radica en que fue el primero en comparar distintas dietas.
Al final de los 12 meses, el nivel de adhesión fue muy bajo y similar en todos los grupos, entre 3% y 4%. El porcentaje de abandono también fue similar, con cifras de 35% a 50%, muy parecido a lo observado en estudios con manejos muy drásticos de la obesidad. O sea, la dieta Atkins puede parecer muy atractiva, es como un milagro para las personas con sobrepeso, pero este estudio demuestra que a los 12 meses los pacientes la abandonan. Tampoco hubo cambios de peso significativos.
En el lado izquierdo de la Figura 4 se puede ver que la reducción de peso fue muy leve y similar en los cuatro grupos; quizás fue un poco mejor en el grupo con controladores de peso. La figura de la derecha demuestra que el mayor cumplimiento se asocia con mayor reducción de peso (Dansinger, M. L. et al. JAMA 2005; 293:43-53).
Seis consejos prácticos para modificar la dieta:
- Consumir una dieta sana y balanceada, evitando la dieta no natural.
- Disminuir el consumo de bebidas gaseosas.
- Concentrarse en los cambios positivos, no en los negativos.
- Efectuar pequeños cambios cada vez. Por ejemplo, eliminar uno o dos alimentos hipercalóricos, como las palomitas de maíz y las papas fritas.
En primer lugar, las frutas y verduras son caras, por lo menos en Canadá; el agua embotellada a veces es más cara que las bebidas gaseosas; por otro lado, no es posible mejorar la dieta sin el compromiso de los padres, ya que lo que se encuentra en el refrigerador depende de lo que la madre compra en el supermercado y es muy importante que los padres mantengan una conducta ejemplar; por último, en el colegio suele ser mal visto visto comer frutas y no se puede acceder con facilidad a ellas, a lo que se suma la frecuente presencia de máquinas de bebidas gaseosas, que ojalá pronto expendan agua mineral. La neofobia puede ser otro problema más, ya que el niño deberá probar varias veces el nuevo alimento para que lo acepte.
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Cambios de Conducta
Ninguna de estas recomendaciones va a surtir efecto si no se modifica el estilo de vida a largo plazo, cosa que sería muy difícil de conseguir. El objetivo del cambio de conducta es lograr una mejoría prolongada en el nivel de actividad y el hábito de hacer comidas sanas, no sólo el control aislado del peso, pero hay pocos estudios a largo plazo sobre los efectos de estos cambios.
Este programa considera la dinámica psicológica y emocional del individuo, además de su dinámica familiar y social, con especial atención a las opciones de nutrición y ejercicio.
Reglas prácticas:
- Mantener el peso o reducir de 0,5 a 1 kg/semana hasta obtener un IMC adecuado.
- Reducir los conflictos relacionados con la comida.
- Hacer recomendaciones precisas: “Vas a ir con tu padre a la escuela, a pie, los lunes y miércoles”, o “Los martes y viernes irás al parque con tu amigo Daniel hasta la hora de cenar y sólo después puedes ver televisión”.
Infografía sobre la prevención de la obesidad.
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