Dieta Astringente para Adultos: Alimentos Permitidos y Prohibidos en Enfermedades Inflamatorias Intestinales

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye la Enfermedad de Crohn (EC) y la Colitis Ulcerosa (CU), se caracteriza por una inflamación crónica y descontrolada del intestino, asociada a una desregulación de la respuesta inmune. Aunque actualmente no existe una cura definitiva, se han desarrollado terapias dirigidas a disminuir la inflamación y modular la respuesta inmune. Un pilar fundamental en el manejo de pacientes con EII es la nutrición, debido a su capacidad para disminuir los síntomas gastrointestinales y mejorar la calidad de vida.

La alimentación impacta directamente en la microbiota intestinal (MI), y se ha asociado la dieta occidental con cambios en su biodiversidad. En este sentido, la MI podría tener un papel en la patogenia de la enfermedad, al existir una disminución de la biodiversidad y un aumento de bacterias que podrían favorecer la inflamación y generar una disminución en la producción de ácidos grasos de cadena corta.

En pacientes con EII, los hábitos alimentarios tienden a ser restrictivos, lo que puede llevar a desnutrición, pérdida de masa muscular, sarcopenia, y déficit de vitamina D y hierro. Por lo tanto, es crucial no restringir la alimentación durante los periodos de remisión.

Dieta Astringente

Importancia de la Evaluación Nutricional

Es fundamental evaluar, monitorizar e intervenir en el estado nutricional de los pacientes con EII, ya que la desnutrición se asocia con un aumento de las complicaciones postoperatorias, estadías hospitalarias prolongadas, mayor necesidad de cirugía, aumento de los costos asociados y deterioro de la calidad de vida. El análisis de composición corporal revela una disminución de masa libre de grasa o masa muscular, especialmente en la enfermedad de Crohn y en periodos de actividad. La disminución del tejido muscular, junto con la pérdida de funcionalidad, se denomina sarcopenia, lo que indica que el IMC no es suficiente para evaluar el estado nutricional.

Microbiota Intestinal y Alimentación

Para lograr una microbiota saludable, es esencial mantener una diversidad microbiana que permita un equilibrio y prevenga la aparición de enfermedades. Los patrones de dietas ancestrales podrían explicar la variabilidad de la microbiota, y un cambio de dieta puede favorecer modificaciones en la diversidad bacteriana. Por ejemplo, una dieta basada en alimentos de origen animal aumenta la abundancia de microorganismos como Alistipes, Bacteroides, y Bilophila.

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Bilophila wadsworthia, un microorganismo que abunda en condiciones patológicas, puede activar el sistema inmune y promover la inflamación. En modelos animales, el consumo de una dieta alta en grasas saturadas promueve la expansión de B. wadsworthia, lo que se ha asociado con una respuesta inmune proinflamatoria y un aumento de la incidencia de colitis. La grasa en la dieta puede alterar la composición de los ácidos biliares, generando una disbiosis que afecta la homeostasis inmunológica en individuos susceptibles. Al respecto, la suplementación con ácidos grasos de la serie n-3 genera un efecto inhibitorio del crecimiento de B. wadsworthia y una menor incidencia y gravedad de la colitis.

Además, otros componentes de los alimentos, como los emulsificantes alimentarios (polisorbato 80 y carboximetilcelulosa), pueden reducir la diversidad microbiana.

La microbiota de personas con EII se asocia a disbiosis caracterizada por cambio en los filo de bacterias Firmicutes y Proteobacteria, que produce modificaciones en la función de la microbiota. Específicamente, se ha visto una disminución de bacterias con capacidad antinflamatoria y aumento de aquellas pro-inflamatorias, cuando se compara con individuos sanos; además el consumo a corto plazo de dietas compuestas completamente de productos animales o vegetales altera la estructura de la comunidad microbiana, especialmente una dieta alta en alimentos de origen animal altera y disminuye la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC).

Una estrategia para modular la microbiota es con el uso de probióticos. Sin embargo, los estudios en EII demuestran resultados diversos. Datos de uso de probioticos en base a bacterias acidolácticas han demostrado ser efectivos en el tratamiento de la CU pero no en EC.

En consecuencia, la diversidad de la microbiota en EII es baja y ello genera cambios funcionales importantes, como la disminución de bacterias productoras de AGCC. En este sentido se debe replantear el aporte dietético de aquellos alimentos que son sustrato de fermentación de estas bacterias.

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Hábitos Alimentarios y Restricciones en EII

Los hábitos alimentarios (HA) de las personas dependen de experiencias personales, cultura, disponibilidad de alimentos, entre otras. Para las personas con EII, sus HA responden principalmente a su experiencia personal con aquellos alimentos que inducen o aumentan la presencia de síntomas gastrointestinales. Al respecto, un cuestionario aplicado a personas con EII, con el objetivo de conocer sus HA, reportó que un 58% cree que los alimentos juegan un rol en la recaída de la enfermedad, y un 67% elimina alimentos de su dieta para evitar recaídas de la enfermedad.

Los alimentos que frecuentemente se excluyen son los lácteos y luego los alimentos ricos en fibra, frutas y verduras. Específicamente alimentos como yogur, arroz y plátano son los que se reportan como aquellos que mejoran los síntomas.

Las creencias que tiene los enfermos con EII con respecto a la relación de los alimentos y la enfermedad, generan auto restricción, que conduce a que eliminen sus alimentos favoritos para evitar recaídas y ello repercute en su propia vida social. La alimentación es relevante en EII, ya que un 59%, considera que la alimentación es igual o más importante que la farmacoterapia para su tratamiento y es capaz de influir en el curso de la enfermedad.

En general, los alimentos que son restringidos por los pacientes son aquellos que contienen hidratos de carbono con efecto osmótico, poco digeribles y altamente fermentables. Dadas estas características, pueden inducir síntomas gastrointestinales en este tipo de enfermedades.

Alimentos restringidos

Requerimientos Energéticos y Nutricionales

Para estructurar la intervención alimentario nutricional, es necesario aplicar una estructura de atención basado en el razonamiento clínico que considera las etapas de diagnóstico y plan de intervención por separado, dando énfasis al proceso de evaluación de resultados, que debe favorecer la mejora continua de la atención a corto y largo plazo.

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Las necesidades energéticas pueden ser medidas por calorimetría indirecta o a través de estimaciones con fórmulas predictivas. Sin embargo, ya sea utilizando mediciones de gasto energético basal con calorimetría indirecta o por estimación con fórmulas predictivas como Harris-Benedict, se observa que el gasto energético basal calculado es similar al estimado con esta fórmula tanto en actividad como en remisión. Solo, para el caso de enfermos que presentan un aumento de la inflamación o sepsis secundario a la actividad de la patología, existe un aumento del 10% al 13% del gasto energético basal, por ello, la intensidad de la inflamación es relevante en el metabolismo energético.

Para el caso de las proteínas, el requerimiento de estas depende del estado catabólico, ya que en personas con EII activa existe una disminución de masa libre de grasa secundario a un catabolismo aumentado, a la ingesta insuficiente de proteínas y pérdidas aumentadas. Debido a lo anterior, en periodos de actividad de enfermedad, la ESPEN recomienda aumentar el requerimiento proteico en 1,2 a 1,5g/kg/d.

Dado el aumento de pérdidas intestinales, menor absorción de nutrientes e ingesta disminuida, en EII existe riesgo de carencia de micronutrientes como hierro, calcio, vitamina D y zinc. Se recomienda evaluar constantemente la presencia de anemia y suplementar con hierro en caso de ser necesario. El déficit de vitamina D favorece el desarrollo de osteoporosis y menor densidad mineral ósea, lo que a su vez, se ha asociado con mayor estadía hospitalaria, riesgo de cirugía y mayor uso de corticoides.

Cuando la enfermedad está inactiva, es decir en remisión, las personas con EII podrían tolerar todo tipo de alimentos, sin realizar dietas de exclusión. Además, no existe evidencia que los alimentos puedan gatillar una crisis. En este contexto, la fibra es el que más evidencia tiene. Al comparar la ingesta de fibra dietética en personas con enfermedad de Crohn, se ha demostrado que la alta ingesta de fibra (23 gramos al día) se asocia con una reducción de la reactivación de la enfermedad, en comparación a una baja ingesta (menos de 10 gramos al día).

Por lo tanto, debe ser considerada como un componente importante en la alimentación en EII, ya que la fibra soluble en el intestino es capaz de absorber agua ayudando a generar deposiciones con mayor volumen y más suaves, lo que favorece el tránsito intestinal. Por ello, la recomendación es incorporar 2 a 3 gramos de fibra soluble por día para reducir el riesgo de obstrucción intestinal.

DIARREA - ¿Qué COMER y qué EVITAR?

Tabla de Alimentos Recomendados y No Recomendados en la Dieta Astringente

A continuación, una tabla que resume los alimentos generalmente recomendados y aquellos que se deben evitar en una dieta astringente para adultos, especialmente aquellos que sufren de EII:

Alimentos Recomendados Alimentos a Evitar
Arroz blanco Lácteos (leche, queso, helado)
Plátano Alimentos ricos en fibra insoluble (salvado, cereales integrales)
Yogur natural (en algunos casos) Frutas y verduras crudas (especialmente cítricos)
Pan blanco tostado Alimentos grasos y fritos
Manzana cocida o en compota Alimentos picantes
Pescado blanco cocido Alcohol y cafeína
Pollo hervido o a la plancha (sin piel) Bebidas carbonatadas
Zanahoria cocida Embutidos y carnes procesadas

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