La dieta paleo, también conocida como dieta paleolítica, dieta del hombre de las cavernas o dieta del cazador-recolector, se basa en los alimentos que, según sus defensores, estaban disponibles para los humanos prehistóricos en la Edad de Piedra o Era Paleolítica (aproximadamente desde hace 2,5 millones de años hasta el 10.000 a.C.).
Un cambio radical en la forma en que las personas piensan en la comida, en sus gustos, en sus hábitos, en sus antojos, en sus cuerpos y en cómo se alimentan. Eso es lo que prometen en su sitio web Melissa y Dallas Hartwig, nutricionistas deportivos que en 2009 desarrollaron la dieta Whole30, cuya popularidad ha aumentado en el último tiempo.
Existe mucho debate sobre la dieta humana durante este período, ya que las personas luchaban por encontrar alimentos en ese momento. Además, las versiones modernas de casi todos los alimentos difieren drásticamente de lo que eran durante la Edad de Piedra. Incluso los alimentos comunes han cambiado drásticamente con el tiempo a través del cultivo de híbridos y la selección artificial. Y también ha habido el desarrollo de muchos alimentos ultraprocesados en los últimos 100 años.
Para seguir una dieta paleo, debemos renunciar a todo lo que venga en una caja, un tarro o una bolsa, y a todo lo que no se consumía en ese entonces. Al ser tan difícil llevar este estilo de vida, se han creado comunidades de gente que lo ha adoptado, para poder ayudarse los unos a los otros.
Pero atentos que aunque tiene muchos beneficios al dejar de lado la comida chatarra, los azúcares refinados y la sal, también tiene algunos riesgos. Porque aunque evidentemente al evitar este tipo de alimentos se pierde peso, también se dejan de lado algunos nutrientes fundamentales como la Vitamina C y el calcio, presentes en los láctos.
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La recomendación general de médicos y expertos en nutrición es que nuestra dieta debería incluir todo tipo de alimentos. Pero cada vez aparecen más regímenes que restringen o prohíben ciertos productos. La última tendencia es la dieta pegana. En concreto, un 75% de los alimentos que se consumen en la dieta pegana son frutas y verduras. La recomendación general de los nutricionistas es que no debemos suprimir ningún grupo de alimentos de nuestra dieta. Todas tienen sus amantes y detractores.
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¿Cómo Seguir la Dieta Paleo?
La base de la dieta paleo es un énfasis en las proteínas magras, como cortes magros de carne roja, aves, cerdo, pescado salvaje y mariscos. Estos alimentos deben proporcionar aproximadamente la mitad de las calorías diarias. La dieta también enfatiza los huevos, las vísceras, cantidades moderadas de frutas y verduras sin almidón, y grasas saludables de semillas, nueces, aceite de oliva y aguacates.
Alimentos Permitidos en la Dieta Paleo
- Carnes magras (res, pollo, pavo, cerdo)
- Pescado y mariscos
- Huevos
- Frutas
- Verduras (excepto las ricas en almidón)
- Nueces y semillas
- Aceites saludables (oliva, coco, aguacate)
Alimentos Prohibidos en la Dieta Paleo
- Todos los productos lácteos
- Granos y productos elaborados con granos
- Frijoles y legumbres
- Aceites vegetales
- Ácidos grasos con alto contenido de omega-6, como el aceite de maíz, soja, cártamo y girasol
- Sales yodadas
- Azúcar añadida de cualquier tipo, ya sea real o artificial, ni siquiera endulzantes como stevia o nutrasweet.
- Alcohol en cualquier forma, ni siquiera para cocinar.
- Granos como trigo, centeno, cebada, avena, maíz, arroz, mijo y quínoa, entre otros.
- Legumbres como porotos de todo tipo, arvejas, garbanzos, lentejas y maní, además de soya en cualquier forma.
- Leche, ya sean de vaca, cabra u oveja, y elaborada de cualquier forma: crema, queso, yogurt, etc. La única excepción es la mantequilla purificada o ghee.
- Papas
- Carragenina (aditivo), glutamato de sodio (potenciador del sabor) o sulfitos (conservantes).
- Comida chatarra, productos de panadería o postres, incluso si están elaborados con alimentos "permitidos".
Se permiten edulcorantes naturales como el jarabe de arce y la miel, mientras que otros edulcorantes están prohibidos.
Beneficios para la Salud de la Dieta Paleo
Las investigaciones clínicas sobre la dieta paleo se han centrado en promover la pérdida de peso, mejorar el control del azúcar en la sangre y reducir los niveles de colesterol.
Debido a que la dieta es baja en carbohidratos, es similar a la dieta cetogénica o keto. Como tal, la pérdida de peso inicial puede ser significativa debido a la pérdida de peso de agua. Las personas suelen perder entre el 4 y el 6% de su peso corporal total en un período de 10 a 12 semanas.
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Solo hay unos pocos estudios a largo plazo sobre la dieta paleo. Una razón puede ser que es muy difícil de seguir a largo plazo porque es muy restrictiva. La dieta paleo puede crear algunas deficiencias nutricionales; principalmente, es una dieta baja en calcio.
La Dieta Paleo y la Enfermedad de Hashimoto
Algunos especialistas recomiendan seguir una alimentación específica para palear los síntomas de la enfermedad de Hashimoto, bajo la teoría de que el cuerpo humano es un sistema donde todo está conectado entre sí. No se trata de una dieta que tenga por objetivo la baja de peso, sino que el aumentar ciertos alimentos que podrían mejorar la calidad de vida de los pacientes, así como disminuir aquellos que los puedan estar complicando.
La doctora en farmacéutica, Izabella Wentz, escribe en el sitio Thyroid Pharmacist, que pese a que cada persona es distinta, y que es importante siempre considerar el origen de la enfermedad en cada uno, lo recomendable siempre será una dieta cargada en nutrientes. “Se ha reportado que múltiples dietas pueden revertir al mal de Hashimoto, así como otras condiciones autoinmunes, como la dieta de carbohidratos específicos, la Paleo, la dieta autoinmune, la dieta baja en FODMAPs, la dieta ecológica, así como las dietas libres de gluten, soya, lácteos y yodo. El hilo conector tras estas dietas tan diversas es que en todos los casos quitan comidas reactivas, y en su mayoría incluyen proteína animal y quitan alimentos procesados”.
La especialista recomienda hacerse exámenes de sensibilidad alimenticia, en cuanto lo que es reactivo para alguien puede no serlo para otro. En su caso personal, por ejemplo, descubrió que su organismo reaccionaba mal cuando consumía alimentos catalogados comúnmente como saludables, como lo son las manzanas, el ajo y las frutillas.
La doctora en Nutrición, Jillian Kubala, escribe en Healthline que “las investigaciones muestran que modificar la dieta y el estilo de vida puede mejorar de forma drástica los síntomas, cuando se hace de forma paralela al consumo de medicamentos prescritos por un especialista. Todas las personas con enfermedad de Hashimoto responden de formas distintas al tratamiento, lo que hace que el acercamiento individualizado a esta condición sea tan importante”.
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Dicho esto, Kubala agrega que se ha demostrado que las dietas libres de gluten tienen un efecto positivo en las personas con Hashimoto, mejorando la función de las tiroides, así como los niveles de vitamina D. “Muchos otros estudios notan que as personas con enfermedad de Hashimoto se pueden beneficiar de una dieta libre de gluten, incluso cuando no son celiacos”, añade.
Kabala también dice que la intolerancia a la lactosa es común entre las personas con Hashimoto. De hecho, se estima que le pase al 75,9% de los casos. “Si sospechas ser intolerante a la lactosa, cortar los lácteos puede ayudar con los problemas digestivos, así como con la función de las tiroides y la absorción de medicamentos. Ten en cuenta que esta estrategia no le funciona a todas las personas, pues algunos pacientes con Hashimoto toleran los lácteos sin problemas”, dice, y añade: “Mientras sea posible, prepárense sus propias comidas en casa, usando alimentos nutritivos como vegetales, frutas, proteínas, grasas saludables y carbohidratos ricos en fibras”.
Por último, la nutricionista Lainey Younkin comparte en Eating well una serie de alimentos que se deberían consumir con mayor frecuencia si se tiene la enfermedad de Hashimoto:
- Variedad de frutas y verduras, siempre y cuando éstas no te provoquen molestas, inflamación o hipersensibilidad.
- Carbohidratos altos en fibra, por su aporte en el control del peso y de los niveles de azúcar en la sangre. Además de frutas y verduras, estos incluyen granos integrales y legumbres.
- Proteínas magras, como el pollo, pescado, pavo, huevos, tofu, legumbres y frutos secos.
- Grasas saludables, donde destacan el salmón, la albacora, atún, semillas de chía o de linaza, y paltas.
Cabe recordar que todas estas recomendaciones son generales, y que cada caso particular debe tratarse de forma personalizada, a través de un acompañamiento médico.
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