En los últimos años, el cáncer de mama se ha convertido en el más frecuente entre la población femenina a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 se registraron más de 2.3 millones de casos, resultando en aproximadamente 685,000 fallecimientos. La mayor prevalencia se observa en mujeres de 40 años en adelante. En Chile, la mortalidad por cáncer de mama se posicionó como la principal causa de muerte en mujeres, alcanzando 8.5 por 100,000 habitantes en 2020, lo que equivale a 1,657 personas fallecidas en ese año.
¿Cómo se desarrolla el cáncer de mama?
El cáncer de mama se desarrolla debido a la multiplicación anormal de las células del epitelio mamario. Aunque la causa exacta que desencadena esta enfermedad es desconocida, existen factores involucrados que podrían modificarse para prevenir su aparición. Teniendo en cuenta que el cáncer de mama es una enfermedad donde confluyen factores genéticos y ambientales, es útil conocer e incorporar factores dietarios protectores durante todo el curso de la vida.
Es importante destacar que los efectos de estos factores son a largo plazo, lo que significa que se debe seguir este tipo de dietas de manera consistente para que su impacto sea visible.
La Importancia de una Dieta Antiinflamatoria
Diversas investigaciones señalan que solo el 15% de los cánceres de mama ocurren por factores hereditarios, asegura el Dr. Claudio Rath, mastólogo de Clínica Ciudad del Mar. El resto son por causas multifactoriales, por eso, la Organización Mundial de la Salud entregó en sus guías recomendaciones que reducen hasta en un 40% la probabilidad de desarrollar esta enfermedad, entre estas, pautas de alimentación.
Un estudio publicado en el American Institute for Cancer Research reveló que una dieta en base a frutas, verduras y vegetales ayudaría a disminuir el riesgo de cáncer de mama hasta en un 15 %. “Existen alimentos que pueden ser aliados en contra de esta enfermedad. Incluir frutas, verduras, granos enteros y grasas saludables en la dieta puede ayudar a bajar las probabilidades de tener esta patología. Por supuesto, acompañado de los controles frecuentes”, explica Romina Rubilar, nutricionista de Clínica Ciudad del Mar.
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La profesional aconseja cocinar con jengibre, cúrcuma y ajo. También incluir frutos rojos, que son ricos en antioxidantes, como berries, arándanos y también está presente en frutos secos. Agregar, limón, naranja y otros alimentos que contengan un alto contenido de vitamina C, lo que favorece el sistema inmune. Consumir aceites que contengan omega 3, con la incorporación de pescados como salmón, jurel o trucha.
Alimentos a evitar
“Es importante evitar comer en exceso carnes rojas, alimentos con alto contenido de azúcares y procesados. “La desnutrición puede retrasar el inicio de un tratamiento o cirugía, aumenta el riesgo de intolerancia a los tratamientos, empeorando la calidad de vida y disminuyendo la funcionalidad.
La Dieta Mediterránea y el Cáncer de Mama
La dieta mediterránea es considerada uno de los patrones dietarios con mayor evidencia científica en cuanto a sus beneficios en salud. Se caracteriza por incluir altas cantidades de frutas, verduras y cereales integrales.
El cáncer de mama es la segunda neoplasia más común y la más mortal entre las mujeres a nivel mundial. Su incidencia varía según el desarrollo humano y está asociada con varios factores de riesgo, como la edad, factores genéticos, obesidad y hábitos alimentarios. Investigaciones recientes han revelado una influencia significativa de los hábitos alimentarios en el inicio y la progresión de esta enfermedad, por lo que esta revisión tiene como objetivo analizar exhaustivamente la literatura disponible para comprender mejor el papel de la dieta mediterránea en el desarrollo y manejo del cáncer de mama.
La dieta mediterránea tiene efectos antiinflamatorios y antioxidantes, puede influir en la regulación génica y producir cambios hormonales y en la microbiota intestinal, lo que resulta en una mejora de la calidad de vida de las pacientes con cáncer de mama al aliviar síntomas como el dolor y la inflamación, así como reducir el riesgo y la mortalidad por esta enfermedad. La evidencia sugiere que una mayor adherencia a la dieta mediterránea reduce el riesgo de cáncer de mama, así como una mejora en la calidad de vida y la mortalidad de los pacientes. Estos hallazgos destacan su posible relevancia en el contexto de patrones dietéticos asociados con la prevención y el manejo del cáncer de mama, lo que podría ser tomado en cuenta en las políticas de salud pública.
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Mitos sobre la alimentación y el cáncer
Por otro lado, los especialistas mencionan que “existen muchos mitos con respecto a la alimentación y el cáncer que no tienen sustento científico y que confunden a los pacientes. Uno de ellos es la dieta alcalina, la que recomienda eliminar el consumo de carnes en general, huevos y lácteos, sin embargo, esta dieta no solo no es beneficiosa para el paciente oncológico, sino que produce desnutrición, con todos los efectos adversos que ya comentamos.
Recomendaciones generales para pacientes con cáncer de mama
Una dieta balanceada y saludable puede entregar los nutrientes y energía que el cuerpo necesita. La buena nutrición ayuda a permanecer fuerte y sentirse mejor. Generalmente las dietas para pacientes con cáncer son ricas en proteínas, las cuales se utilizan para la construcción de estructuras que su cuerpo necesita. A veces puede ser necesario modificar la alimentación si se ha ganado mucho peso durante el tratamiento, lo cual puede suceder en las pacientes con cáncer de mama. Algunas investigaciones han revelado además que una dieta baja en grasa (cuando 25% de las calorías diarias provienen de las grasas) disminuye el riesgo de recurrencia del cáncer de mama.
Algunas drogas anticancer u otros medicamentos como analgésicos pueden causar constipación o estitiquez. Este problema también puede ocurrir por dietas con pocos líquidos o fibra, o si ha permanecido en cama durante algún periodo.
Ejercicio y Cáncer de Mama
Ejercicios para personas con cáncer de mama
Estudios recientes han mostrado que las mujeres que se ejercitan durante su tratamiento se sienten con más energía y no aumentan tanto de peso. Natación, danza y otros programas pueden ofrecer estímulo físico y emocional. Se ha visto que paradojalmente el ejercicio durante y después del tratamiento disminuye sustancialmente la fatiga. El ejercicio para mujeres que han tenido cáncer de mama incluye terapia física para mejorar la elasticidad y el rango de motilidad del brazo, y ejercicio aeróbico moderado como caminar por alrededor del 30 minutos varias veces por semana.
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