La malnutrición es un problema grave a nivel global, que puede presentarse como déficit nutricional o sobrepeso. Sus efectos negativos se observan en el desarrollo individual, entorno familiar y sociedad en general, afectando la nutrición, salud y desarrollo.
Impacto en el Desarrollo Infantil
Los efectos negativos de la malnutrición en los niños, incluyen la disminución de la capacidad cognitiva, el retraso en el crecimiento, y la vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas. Son más propensos a tener problemas de salud a largo plazo, lo que puede generar un aumento en los costos de atención médica y un mayor gasto por parte del gobierno para atender las necesidades de salud de la población.
Además, la malnutrición también tiene un impacto en el entorno familiar. Los padres de niños malnutridos pueden enfrentar dificultades financieras y emocionales debido al costo de la atención médica y la atención adicional que requiere su hijo. Esto puede afectar su capacidad para trabajar y mantener una fuente de ingresos, lo que a su vez puede tener efectos negativos en la economía local.
Consecuencias a Nivel Social y Económico
A nivel de sociedad, la malnutrición puede aumentar los costos para el gobierno. Los recursos necesarios para prevenir y tratar la malnutrición, incluyendo programas de alimentación y educación nutricional, pueden ser significativos. Además, la malnutrición puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes y la obesidad, lo que puede tener un impacto negativo en la productividad y la economía en general.
El Estrés y los Hábitos Alimentarios
Actualmente existen diversas situaciones de estrés tanto en el ámbito laboral, educacional, personal como social y esto puede afectar los hábitos alimentarios. Es común tender a consumir alimentos y cantidades no saludables de comida con el fin de esconder pensamientos y sentimientos pesimistas sin sentir hambre realmente; esto puede ser en respuesta al estrés.
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La alteración más frecuente en la alimentación en respuesta al estrés es en torno a la rapidez en cual se vive, lo que lleva a comer muy rápido, a no desayunar y a cenar más abundantemente. Estos malos hábitos, además de ser generados por el estrés, están culturalmente inculcados en la sociedad.
Situaciones de estrés pueden llevar a patrones alimentarios no saludables como alta ingesta calórica, largos tiempos de ayuno, dieta con alto consumo de grasas saturadas, sodio y azúcares simples. Adicionalmente, existen alimentos que pueden aumentar la sensación de ansiedad y estrés corporal como el alcohol en grandes cantidades, el café y bebidas energéticas por su contenido de cafeína.
Los mencionados, actúan sobre el sistema nervioso aumentando la presión arterial, lo que agrava la sensación corporal de ansiedad. En algunas personas, el exceso en el consumo de cafeína, puede causar taquicardia y dificultad para conciliar el sueño, llegando a provocar insomnio.
🥑🍫 Alimentos que ayudan a reducir el estrés 🍌
En cierto grupo de personas, en respuesta al estrés, se genera la necesidad de consumir alimentos o sustancias que estimulan a nuestro organismo a producir «opiáceos endógenos» (endorfinas y serotoninas) que producen sensaciones placenteras y compensatorias al estrés. Estos alimentos generalmente son de baja calidad nutricional, pero el alimento a elegir depende de cada sujeto, no existe una receta única.
Finalmente, es importante decir que algunos aminoácidos como el triptófano (carnes y lácteos) y diversas vitaminas (ácido fólico, vitaminas del complejo B, Vitamina C) contenidas en frutas, verduras y cereales, participan en la síntesis de endorfinas y serotoninas, sin embargo, no podemos atribuir a un solo alimento este rol anti estrés, ya que depende de muchos factores.
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Respecto a si existen alimentos anti estrés, se puede decir que a ningún nutriente se puede atribuir efectos antiestresantes. A modo de conclusión, podemos decir que el estrés puede potenciar y mantener cuatro grandes problemas de salud pública: Consumo excesivo de alcohol, tabaquismo, drogas, sedentarismo y malos hábitos alimentarios, lo que se traduce en altas cifras de obesidad y eventos cardiovasculares.
El Cambio Climático y la Inseguridad Alimentaria
El cambio climático contribuye al riesgo de desastres y cambios ambientales [1]. Como tal, tiene el potencial de afectar directamente y amplificar eventos climáticos extremos [2], entendidos como incidentes meteorológicos, hidrológicos, climatológicos o relacionados que causan daños generalizados, ya sea en términos de vidas humanas, daños materiales o ambos. Según Watts et al. (2017), el cambio climático antropogénico (causado por la actividad humana) ha "socavado los últimos 50 años de avances en salud pública" afectando una amplia gama de resultados de salud [4]. La primera comisión sobre cambio climático de The Lancet afirmó que esta es "la mayor amenaza global del Siglo XXI".
En términos de inseguridad alimentaria podemos decir que la forma de recolectar, producir, comercializar y consumir los alimentos está volviéndose insostenible. Los contrastes sociales, efectos en la naturaleza y resultados negativos en la salud, ponen en evidencia la profunda interrelación de los sistemas alimentarios con la salud, la vida y el desarrollo.
Hace cuarenta años, en el mundo el número de personas con peso bajo era mucho mayor que el de las personas obesas. Esta situación se ha invertido y en la actualidad el número de personas obesas duplica el número de personas con peso bajo. La obesidad es una pandemia que actualmente contribuye a una sindemia global [9], en conjunto con la desnutrición y el cambio climático. Estas tres pandemias comparten determinantes estructurales, como la pobreza multidimensional.
Por consiguiente, el culpar a las personas por sufrir esta condición, ignora toda la evidencia disponible sobre las tremendas desigualdades sociales que condicionan la conducta humana. Estas tres epidemias se presentan simultáneamente, interaccionan entre sí sinérgicamente y constituyen una triada que impide el desarrollo.
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La alimentación nutritiva, saludable, inocua y pertinente desde lo biológico y cultural es esencial para la salud, bienestar y desarrollo de las personas. Es necesario entonces pensar en superar los factores comunes subyacentes a estas pandemias, incluyendo el transporte, el diseño urbano, el uso del suelo, el modelo económico y la producción extractivista, entre otros.
Sistemas Alimentarios Sostenibles
Los sistemas alimentarios tienen el potencial de fomentar la salud humana y apoyar la sostenibilidad medioambiental. Sin embargo, en la actualidad amenazan ambas cosas. Los sistemas alimentarios son uno de los principales responsables del cambio climático. Las dietas sostenibles son una estrategia para mitigar el cambio climático. Las dietas saludables y sostenibles constituyen una forma de mitigar no sólo la malnutrición sino también el cambio climático.
Debido a la falta de encuestas nacionales sobre el consumo de alimentos no existe mucha evidencia en la región sobre el impacto de las dietas en el ambiente. En Chile, un reciente estudio [11] estimó la huella de carbono e hídrica de la dieta de la población chilena basada en la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario realizada en 2010. Se obtuvo una huella de carbono de 4,67 kilogramos equivalentes de dióxido de carbono y una huella hídrica de 4177 litros, ambas por persona al día.
Los alimentos de origen animal, como los lácteos y la carne roja, fueron responsables del 60,5% de la huella de carbono total y del 52,6% de la huella hídrica. Se requiere transformar las dietas y los sistemas alimentarios en unos más saludables y sostenibles, lo que requerirá cambios sustanciales.
La solución no es simple, requiere un cambio de paradigma, modificar una realidad discursiva instaurada en la sociedad sobre la concepción y la significación del comer y los alimentos. Estas percepciones necesitan ser observadas bajo múltiples miradas, nuestra historia, cultura, las políticas públicas, los espacios urbanos, la infraestructura de las ciudades y los constructos sociales, entre muchos otros que son parte del problema y, por ende, también de la solución.
Para lograr intervenciones exitosas es necesario implementar un enfoque y políticas públicas que incorporen estrategias a través del ciclo vital, incluso desde antes de la gestación. También es crucial considerar el enfoque de los determinantes sociales de la salud, incorporando medidas estructurales que permitan el acceso y disponibilidad a alimentos de calidad, que promuevan y favorezcan las opciones saludables.
Un estudio reciente de Burgaz et al. [14], basado en que los responsables políticos toman decisiones que configuran los sistemas alimentarios, se pusieron como objetivo identificar y priorizar políticas con potencial de doble o triple función para lograr dietas saludables a partir de sistemas alimentarios sostenibles.
A través de una recopilación de recomendaciones políticas internacionales, una revisión del alcance, encuestas en línea y cuatro talleres regionales con expertos, se identificaron y priorizaron las políticas en función de su potencial de doble o triple efecto, sinergias y compensaciones. Utilizando enfoques participativos y transdisciplinarios, se determinó un conjunto de políticas de doble o triple acción para el abordaje simultáneo de la desnutrición, la obesidad y enfermedades no transmisibles y la sostenibilidad medioambiental.
El estudio propone una lista de 44 propuestas de políticas para una alimentación sana y sostenible, divididas en dos ámbitos políticos principales: "cadenas de suministro alimentario" y "entornos alimentarios".
La Salud en Chile y los Hábitos Alimenticios
La población chilena está enferma. No es una percepción, es una realidad según las cifras oficiales del Ministerio de Salud. El 31,2 por ciento de la población es obesa, el 27,3 por ciento tiene hipertensión arterial y el 10 por ciento padece de diabetes. Con ese escenario en materia de salud, la llegada de la pandemia por COVID-19 dejó a la población particularmente vulnerable.
Sin embargo, durante el confinamiento los hábitos alimenticios no mejoraron. Cecilia Olivari, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica del Maule y experta en Psicología de la Salud advierte que esas cifras evidencian “una falta de conocimiento respecto a las consecuencias que traen los malos hábitos”.
¿Cómo revertir esta situación?
Esto tiene que ver con la típica frase “de algo hay que morir”. Por eso, ofrecer frutas y verduras a los niños es importante. En el caso de los adultos que ya están sufriendo las consecuencias o que tienen una enfermedad crónica instalada y desea generar un cambio en su vida, la experta señala que “la persona debe estar motivada y tener claridad de que debe hacer ese cambio.
Añade que “debe fijarse metas y acudir a un especialista para evaluarse y abordar su situación de forma integral con profesionales de la salud.
Carencias en la Alimentación de los Estudiantes Chilenos
La reciente Encuesta de Vulnerabilidad Junaeb 2023 ha puesto de manifiesto carencias en la alimentación de los estudiantes chilenos. Los datos son preocupantes: un 84,4% de los estudiantes no consume la cantidad adecuada de agua, y el 72,4% no ingiere suficientes verduras.
“El consumo de agua es fundamental para favorecer el funcionamiento adecuado del organismo, una baja ingesta de agua en niños ha demostrado que afecta su nivel de atención, impactando de manera negativa en el rendimiento escolar”, apunta la nutricionista, magister en Nutrición y docente de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad de O’Higgins (UOH), Marcela Riquelme, quien agregó que “muchos niños y niñas que no beben la cantidad adecuada de agua tienden a consumir refrescos y bebidas gaseosas azucaradas, lo que incrementa su ingesta calórica diaria.
Entre el 25% y el 26% de los encuestados enfrenta dificultades para acceder a alimentos saludables y variados, lo que puede afectar negativamente el desarrollo físico y cognitivo de los escolares. La anemia por déficit de hierro, que impacta la concentración y el rendimiento escolar, es una preocupación global.
“Para mejorar la absorción del hierro vegetal, es importante combinar estos alimentos con fuentes de vitamina C y educar a la población sobre prácticas alimenticias adecuadas.
La encuesta, que abarcó a más de 760 mil estudiantes desde pre kínder hasta educación de adultos en diversos establecimientos, también examinó la estructura familiar. El 57% de los estudiantes vive en hogares con ambos padres, mientras que el 39% está en hogares monoparentales encabezados por mujeres.
En cuanto a la salud, los resultados son igualmente alarmantes. Aproximadamente el 60% de los estudiantes enfrenta problemas de salud, y el 34,9% presenta dificultades de aprendizaje, siendo más prevalentes en 1° medio con un 44,8%.
La diversidad en las composiciones familiares puede tener un impacto significativo en la alimentación de los estudiantes. En familias monoparentales, donde las madres a menudo deben trabajar largas jornadas, los niños pasan más tiempo solos y tienen mayor libertad para elegir sus alimentos. Esta situación puede llevar a una mayor preferencia por alimentos altos en azúcares y grasas, que son menos saludables.
“Una estrategia es dejar preparado con antelación los alimentos que el niño puede comer en casa en ausencia de sus padres, estos alimentos deben estar basados en preparaciones caseras y alimentos naturales.
Una mala nutrición puede tener un impacto negativo significativo en la salud bucal de los escolares, especialmente considerando que el 39% de los estudiantes presenta múltiples caries.
“Desde una perspectiva nutricional, se debe evitar mantener la mamadera nocturna después del primer año de vida, ya que esto aumenta el riesgo de caries en los dientes de leche, salvo en casos excepcionales como la desnutrición.
En la etapa escolar, el consumo frecuente de golosinas, refrescos y bebidas azucaradas, combinado con una higiene oral inadecuada, contribuye a la formación de caries. Para mitigar estos problemas, se recomienda optar por alimentos con dulzor natural, como frutas frescas, y considerar el uso de edulcorantes artificiales en bebidas.
Recomendaciones para una Alimentación Saludable
El insomnio, el sueño ligero por el alcohol y los despertares por problemas gástricos, son algunas de las consecuencias más comunes que puede generar una mala alimentación, provocando un sueño poco reparador.
Otra de las recomendaciones que entrega la especialista es evitar, en lo posible, el alto consumo de carnes, grasas, frituras, embutidos y carbohidratos, para así prevenir la acidez y el reflujo gastroesofágico.
Parte tu día con un desayuno liviano, bajo en grasa y acompañado de frutas en vez de pan. No te saltes comida o llegarás con más hambre a la siguiente.Se recomienda ingerir la última comida 3 horas antes de acostarse, si vas a comer un asado de noche, evita que sea muy tarde y con exceso de grasas y alcohol. Así, disminuirás las probabilidades de tener reflujo al dormir.
Come una colación saludable, considerando que siempre los asados parten más tarde que un almuerzo habitual, incluso si tu desayuno fue alrededor de las 11:00 de la mañana, ingiere una fruta o un yogurt descremado sin azúcar.
Intenta incorporar opciones saludables de picoteo: varitas de verdura como apio, zanahoria o pepino con salsa de yogurt, tomates cherry con trozos de quesillo, palmitos o aceitunas.
Si vas a comer empanadas, prefiera las de horno antes que las fritas.
Otras opciones ricas y saludables para poner en la parrilla, es el pollo sin cuero o pescado. Se puede acompañar con verduras como: pimentón relleno de huevo, champiñones y zapallos italianos en rodajas
Prefiere verduras verdes de acompañamiento, evita las papas mayo o el arroz con choclo.
Si vas a beber, mantente hidratado con agua en todo momento.
Tabla: Impacto de la Dieta en la Huella de Carbono e Hídrica (Chile, 2010)
| Alimento | % Huella de Carbono | % Huella Hídrica |
|---|---|---|
| Alimentos de origen animal (lácteos y carne roja) | 60,5% | 52,6% |
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