En la nutrición del ganado lechero, la calidad y el manejo del forraje juegan un papel crucial. Personalmente, se observa una clara tendencia en distintos países y sistemas de producción a utilizar cada vez más forraje en las dietas.
En primer lugar, por su menor costo, lo que permite formular dietas más económicas. En segundo lugar, por un tema de salud ruminal y postruminal para evitar problemas de disbiosis (desequilibrio de la composición de la microbiota) en las vacas.
Vaca lechera comiendo forraje.
Impacto de la Variabilidad en la Digestibilidad de la Fibra
Pero, ¿cuál es el impacto que esa falta de uniformidad tiene en los parámetros productivos y reproductivos? La variabilidad en la digestibilidad de la fibra, que puede ir del 10% al 14% explica una oscilación de 2,3 a 3,2 litros diarios en el tanque de leche.
“Hay pocas cosas que molesten más a un productor y a nosotros como asesores que esa oscilación diaria que vemos en el principal ‘output’ del sistema productivo. Siguiendo esa línea de pensamiento, Bargo se encuentra liderando junto con Francisco Inostroza, gerente general del laboratorio Rock River Chile y fundador de Smart Farming Chile, un trabajo con datos de cinco países, cinco forrajes y cinco años para conocer esa variabilidad en la digestibilidad de la fibra.
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Ese comportamiento se observa también en otros recursos forrajeros, como ensilajes de alfalfa y rye grasses de pastoreo. ¿Esto sucede sólo por estas tierras? “Hoy sabemos que allí hay una fuerte apuesta por producir más leche.
Han aparecido lecherías muy grandes de 20.000 a 30.000 vacas que han aplicado rápidamente mucha tecnología y que hoy están en un nivel de producción de 30 a 32 litros diarios promedio año… pero todavía dependen de importar de otros mercados, como Estados Unidos y España, aproximadamente un tercio del forraje que consumen.
Partiendo de la base que cuanto mayor sea la variabilidad de los forrajes, mayor será el efecto negativo sobre los principales productos del sistema lechero (leche y sólidos de leche), Bargo se concentró en el control de los procesos.
“Cuando hablamos de control de procesos hablamos de la famosa palabra manejo. ¿Qué estamos haciendo para manejar mejor los recursos?, ¿qué estamos haciendo en el proceso de producción para estandarizarlo?... ¿estamos buscando sistemas de procesos?”, inquirió.
Un primer paso al alcance de todos lo constituye el análisis de los forrajes, algo fundamental para evitar lo que dio por llamar la “nutrición a ciegas”. Buscando destacar el rol de los forrajes en las dietas de vacas lecheras, Fernando Bargo instó a pensar más allá de la producción.
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“Hoy sabemos que el descarte involuntario de vacas es una de las variables de mayor impacto en el retorno económico por hectárea en los sistemas lecheros. Entonces, ¿por qué naturalizamos muchas veces que nuestros sistemas tengan entre el 6% y 9% de vacas descartadas por razones involuntarias?”, señaló.
Un trabajo realizado en Canadá para medir el efecto de trabajar con dietas altas o bajas en forraje demostró que utilizar dietas bajas en este recurso aumenta el consumo y la producción de leche pero tiene su costo. “Eso no es gratis, sino que trae aparejado una caída de la digestibilidad de los alimentos y de la eficiencia de conversión debido a incrementos en el riesgo de acidosis subclínica. Otra de las razones importantes de trabajar con dietas altas en forraje”, advirtió el consultor.
En lo que es genética vegetal citó ejemplos como las alfalfas bajas en lignina presentes desde hace dos años en los mercados. Otra área importante, indicó, está relacionada con el manejo de los cultivos para ensilaje.
“Hemos encontrado que para materiales Flint básicamente, a más grados días tenemos una menor digestibilidad de la FDN para el material que cosechamos… entonces empezamos a pensar cómo incorporar estas variables medibles para definir, según el año, el momento óptimo de corte”, subrayó.
La suplementación se hace a través de la empresa Coagra. “Aquí en Santa Ángela en general el uso de los recursos de alimentación es eficiente, hay pocas pérdidas y todo se reutiliza, está todo bien programado, se trabaja bastante bien el carro mezclador y están atentos al orden de la incorporación de los insumos, al resultado de la mezcla a nivel de comedero. Cuando he venido, la mezcla siempre está bien hecha, homogénea, está bien cortada. En general, el uso de los insumos es muy bueno. Los lotes están divididos al momento del consumo y hay simpleza en el manejo.
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Para formular las raciones, agrega Momberg, se trabaja con un nutricionista. Las vacas van una vez al día al patio de alimentación (por la mañana) y dependiendo de la época del año, pueden consumir hasta 40 kilos al día de mezcla. Como la raza Montbeliarde es una raza francesa alta en sólidos, dice el productor, ayuda a tener muy buenos números a través de una ración normal. “Maneja sólidos bastante aceptables, no son raciones para tener más sólidos. En verano, que es el mes más bajo, estamos en sólidos de 7,7 y cuando comenzamos a forrajear, pasamos los 8, sin tener raciones tan específicas. Aplicar sintonía fina en el plantel con los mismos recursos es en lo que está enfocado actualmente.
“Una definición simple -agrega Luis Alberto Barrientos- es mejorar lo que produzco desde el portón hacia adentro. Hoy hay cantidad, se produce silo, hay segundos cortes, cultivos suplementarios como achicoria y nabos, hay un porcentaje del campo que se riega, los elementos están. Y la “galleta” (el concentrado), que es lo que se da en la sala siempre tiene que ser un “input” que sea lo mínimo posible. Por lo tanto, tiene que ser lo más estratégico, en el momento, la cantidad y el perfil para poder generar esa eficiencia de conversión. El 80 a 85% de lo que comen las vacas se produce dentro del predio, por eso los grandes desafíos son seguir mejorando las praderas desde el punto de vista del perfil de la pradera como de la disponibilidad; que ese cultivo suplementario permite pastorear la pradera en épocas que sea por tema climático o porque no hay disponibilidad para todas las vacas y venga a apoyar el pastoreo; y, el ensilaje, que en momentos pasan a ser 40 kilos diarios, pero si se multiplica por un 30% de materia seca, las vacas van a comer en algún momento entre 8 y 12 kilos de materia seca exclusivamente de ensilaje. Y ahí el efecto de la calidad del producto a ensilar, el proceso de conservación, extracción, dosificación en comedero, es clave. Ahí muchas veces se pierde sintonía fina: podemos tener un buen ensilaje de pradera con un 10% a 17% de proteína, esa diferencia con los mismos recursos significa mucha leche. Lo mismo con FDN de 48 versus 58. La época, el momento de corte, es ahí donde se requiere la sintonía fina”.
Momberg trabaja con el médico veterinario Egon Montenegro desde el día uno. “Con el equipo de Coagra llevamos varios años y estamos súper de la mano, estoy muy contento con el apoyo que nos dan desde Coagra. Siempre estamos aprendiendo. Desafíos que tengo como predio están en praderas, ahora estoy haciendo 15 hectáreas más de ballica en el área de riego, cosa que estas 45 hectáreas de riego ojalá estén regando filete, no regar pradera natural fertilizada. Lo otro, dice, es que estas ballicas bajo riego, ya no duran 4 años, sino que duran 8-9 y 10 años, porque están en el mejor de los mundos. “Si hace calor, les estás poniendo agua y fertilizante, esa ballica se está expresando en su máximo esplendor con todas sus virtudes”.
Lo primero fue el riego y de ahí buscar una variedad adaptada a sus condiciones. Instaló una sonda que le permite ir adaptando el riego al ir revisando la humedad y rangos desde el teléfono. Un tema es poder ampliar el riego para poder adaptarse al cambio climático. Mauricio está muy contento con el impulso que ha tomado esta empresa familiar, en la cual todos participan.
Diagrama de la fracción de fibra en alimentos animales.
Por definición, el Six Sigma es una estrategia de mejora de procesos que se centra en la reducción de la variabilidad de los mismos, con el objetivo de eliminar o reducir defectos en la entrega de un producto al cliente. Su meta es de un máximo de 3,4 defectos por millón de eventos y el beneficio, una mejora de la productividad y la rentabilidad.
“Si nos ponemos a pensar, uno de los tantos objetivos que nos planteamos es que nuestras vaquillas paran por primera vez con 26 meses de edad y con el 95% del peso adulto... ¿cuántos defectos por millón de vaquillas tenemos en la gran mayoría de los sistemas lecheros? ¡Seguramente mucho más que 3,4!
Otra de las razones importantes de trabajar con dietas altas en forraje”, advirtió el consultor.
