Muchas personas se preguntan por qué, a pesar de restringir su ingesta calórica, no logran perder peso. La respuesta a esta interrogante puede ser compleja y multifactorial. A continuación, exploraremos algunas de las causas más comunes que pueden explicar por qué no adelgazas a pesar de comer poco.
Dieta hipocalórica extrema y hormonas
El promedio de calorías diarias que una persona adulta debe consumir en condiciones normales es de 3.000 calorías. Sin embargo, algunas personas recurren a dietas extremadamente bajas en calorías, como las de 500 calorías diarias, con la esperanza de perder peso rápidamente.
Este tipo de dietas pueden tener efectos contraproducentes. El doctor Ortega enfatiza que la dieta de 500 calorías que consumen sus pacientes no genera sensación de hambre, porque la hormona GCH que se administran a diario ataca la rebelde grasa acumulada en el tejido graso subcutáneo y la transforma en fuente de energía.
No obstante, la American Society of Bariatric Physicians no recomienda el uso de GCH para bajar de peso, porque no existen estudios concluyentes acerca de su efectividad. De hecho, existen investigaciones en pacientes tratados con placebos y dieta hipocalórica que no reportaron diferencias con los tratados con GCH y la misma dieta.
"Este método funciona porque cualquier persona que haga una dieta baja en calorías pierde peso", dice la nutrióloga Mónica Manrique. Hay estudios con este tipo de dietas que se prolongan por más de 2 semanas y que han mostrado aumento de la mortalidad", agrega la nutrióloga Carolina González, de la Clínica Alemana.
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Al respecto, el doctor Ortega especifica que el efecto de la GCH es mucho más rápido que el de consumir pocas calorías y que no destruye la musculatura, como sí lo haría la dieta sin el complemento de GCH.
El doctor Ortega defiende el rápido efecto de la GCH no sólo como un aliciente para no romper la dieta de 500 calorías sino, sobre todo, para que en esos 23 días se resetee el hipotálamo (la parte del cerebro que regula el metabolismo) y, con ello, la sensación de saciedad. "Cada paciente baja de peso según su propio metabolismo. Hay algunos que no pierden tanto peso, porque lo importante es la pérdida de tejido graso acumulado.
Luego de los primeros 23 días las dosis de GCH y la dieta de 500 calorías se detienen. Y entonces comienza la etapa más difícil del proceso, que consiste en enseñar al paciente a comer sano para que cambie sus hábitos alimentarios para siempre", señala. Durante esta etapa el paciente puede comer lo que quiera, pero los carbohidratos, azúcar y alcohol quedan totalmente descartados.
"Lo sano es comer una dieta balanceada que incluya los tres principales macro nutrientes: proteínas, hidratos de carbono y grasas, en la proporción adecuada", advierte la nutrióloga Carolina González, quien considera que olvidarse de los hidratos de carbono no es bueno para la salud.
La administración de gonadotrofina coriónica humana (GCH) para perder peso no es nueva. En 1954, el doctor británico A.T.W. Simeons publicó en la revista médica The Lancet una investigación que daba cuenta de que sus pacientes habían bajado de 20 a 25 kilos en 40 días de inyecciones diarias de GCH y que 70% de ellos mantenía el peso alcanzado incluso un año después de terminado el tratamiento.
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Junto a las dosis diarias de gonadotrofina ideó un protocolo que aplicó en más de 500 pacientes, que incluía dos comidas al día de 100 g de carne magra, verduras, frutas y pan centeno que, en total, no excedieran las estrictas 500 calorías.
Hoy, este protocolo se ha adaptado a un programa de tres fases:
Fase 1: dosis de GCH durante 23 días y dieta de 500 calorías diarias, divididas en cuatro comidas. Para el desayuno y la once se comen tres galletas de agua y una rebanada de quesillo, con café o té.
El desayuno: un factor clave
Menor rendimiento, obesidad y peores hábitos alimenticios se relacionan directamente con el no tomar desayuno. El desayuno se podría definir como el iniciador o estimulador diario del metabolismo, y aquellas personas que se lo saltan tienen consecuencias durante el resto del día.
Según explica la nutrióloga de Clínica Las Condes, doctora Isabel Errandonea, “hay evidencia cada vez más contundente en relación a la importancia de tomar desayuno. Además, se ha estudiado que quien consume un desayuno equilibrado en forma regular, tiene un manejo más exitoso de su peso corporal.
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Y las evidencias muestran que los pacientes con sobrepeso consumen menos calorías al empezar el día comparados con los de peso normal o delgados. “La estrategia es redistribuir el aporte energético de forma que se aumente el aporte de energía en el desayuno y se reduzca durante el día.
Además de que el desayuno constituye una excelente oportunidad para compartir en familia, con él se puede aportar calcio, vitaminas, minerales y fibra a la dieta de los niños. En la planificación del desayuno, la pauta la marca a quién se le va a dar, su edad, sexo, peso, trabajo, actividad física, constitución, composición corporal y condiciones de salud asociadas.
Ejemplos de desayunos saludables:
- Una porción de lácteo (leche, yogurt, queso).
- Variable cantidad de hidratos de carbono: Rebanadas de pan o cereales o galletas (dependiendo del peso y actividad física).
- Una taza de leche o yogurt con cereales integrales. Es una excelente opción los altos en avena.
- Un vaso de yogurt natural descremado con una porción de frutos secos como nueves o almendras, endulzando con una cucharadita de miel (que tiene prácticamente las mismas calorías que el azúcar), más un té o café.
¿Qué evitar en el desayuno?
- Los alimentos altos en grasa o muy salados como los embutidos, salsa o cremas.
- Productos altamente procesados como snacks, ya sea dulces o salados.
- Lácteos enteros, ya que tienen un mayor aporte de calorías, de grasa saturada y colesterol.
- Bebidas gaseosas.
“Producen sensación de plenitud, sean bajas en calorías o con azúcar. No entregan ningún aporte de vitaminas o minerales. Alto aporte de azúcar. Durante el transcurso de la mañana, estos alimentos pueden producir una sensación de “bajón” por una respuesta insulínica a la elevación de glicemia producida. “Se debe restringir o eliminar su uso.
Medicamentos y aumento de peso
Los efectos secundarios en los medicamentos son muy comunes, aunque por lo general no son lo suficientemente graves como para detener el tratamiento. El aumento de peso es un efecto secundario habitual y suele estar muy relacionado con los medicamentos prescritos para la depresión, ansiedad, o para los dolores propios de la fibromialgia.
Normalmente, un aumento de peso se produce por la misma razón que ya todos conocemos: Se consumen más calorías de las que el cuerpo necesita para obtener energía. Pero aunque la mayoría de las personas que aumentan de peso como resultado de los efectos secundarios de antidepresivos y medicamentos relacionados puedan llegar a tener sobrepeso, difieren del individuo típico con sobrepeso u obesidad.
Estos últimos suelen tener problemas con su peso debido a un estilo de vida marcado por una alimentación en exceso, realizar poca actividad física y, en muchos casos, usar la comida como medio para aliviar problemas emocionales. Pero las personas cuya obesidad es resultado de un efecto secundario debido a su medicación puede que nunca hayan tenido un problema para mantener su peso previamente al tratamiento.
Los antidepresivos, estabilizadores del estado de ánimo y medicamentos antipsicóticos atípicos parecen alterar los hábitos alimenticios al inhibir la regulación de la función del apetito basada en la serotonina. Esto provoca que se sienta una necesidad imperiosa de comer incluso después de que el estómago está lleno de alimentos; esta necesidad va acompañada de antojos de comer carbohidratos.
El consumo de pequeñas cantidades de alimentos con carbohidratos sin grasa y bajos en proteínas, como avena una hora antes de la comida o como un refrigerio durante la tarde, aumenta la serotonina lo suficiente como para reanudar el control normal del apetito.
En el pasado, las personas en buen estado físico se horrorizaban al descubrir que los kilos que subían a causa de sus medicamentos se quedaban ahí como un familiar que no quiere abandonar la habitación de invitados. Prueban y descartan una dieta tras otra sin éxito; se incrementa la frecuencia y duración de entrenamientos aeróbicos y de resistencia. Pero, aún con todo esto, los kilos de más se quedan ahí.
Es posible que la tasa metabólica haya disminuido como resultado del tratamiento, y por lo tanto está desacelerando la pérdida de peso.
Angina mesentérica
Dolor abdominal frecuente, cambio en el apetito y baja de peso pueden asociarse con problemas estomacales, colon irritable y hasta estrés, pero cuando la pérdida de kilos es progresiva, a los síntomas anteriores se suman diarreas, y la sospecha de hipertiroidismo, cáncer y otras enfermedades son descartadas por el médico, el problema puede estar en las arterias que irrigan nuestro intestino.
La angina mesentérica es una enfermedad poco frecuente caracterizada por cólico abdominal a los pocos minutos de haber comido -cerca de media hora después- afecta principalmente a mujeres y suele ser confundida con alguna de las enfermedades antes señaladas.
En palabras del doctor Francisco Valdés, profesor de Cirugía Vascular de la Universidad Católica, "aún cuando no es una patología muy frecuente, hemos tratado muchos pacientes que han consultado en forma recurrente en diversos lugares antes de encontrar una respuesta a su problema y esto no se debe a falta de preparación médica, sino a que por ser ésta una enfermedad infrecuente, se transforma en 'difícil de diagnosticar' porque no se piensa en ella".
En algunas ocasiones se presenta de forma gradual como angina mesentérica crónica, similar a la angina de pecho crónica, por obstrucción de las arterias coronarias y en otras como una emergencia por la obstrucción aguda de las arterias intestinales derivando en lo que se llama un "infarto mesénterico", equivalente al "infarto del miocardio" por la obstrucción aguda de una arteria coronaria.
"La angina mesentérica se presenta como un dolor abdominal precoz después de las comidas (15 a 30 minutos), habitualmente cólico, localizado mas bien en torno al ombligo, que condiciona al paciente a reducir la ingesta de alimentos, fragmentándola en porciones de menor volumen y menor valor calórico/proteico, lo que lo lleva a bajar marcadamente de peso.
Ejercicio y pérdida de peso
El ejercicio físico, por simple que sea, es indispensable para llevar una vida sana.
Un estudio reciente en el que participaron investigadores del Health Futures Institute de la Universidad Murdoch reveló que el ejercicio de intensidad moderada puede influir significativamente en las hormonas y percepciones relacionadas con el apetito en hombres con obesidad.
¿Es mejor hacer ejercicio por la mañana o por la noche?
Los nuevos fármacos dietéticos están facilitando la pérdida de peso. ¿Significa eso que podemos dejar de hacer ejercicio? Los expertos en salud dicen que no. Hay una larga lista de ventajas de salir a caminar o ir al gimnasio, y la pérdida de peso no está necesariamente entre las primeras.
Durante la última década, los teléfonos inteligentes se han vuelto omnipresentes no sólo para enviar mensajes de texto y mantenerse al tanto de las noticias, sino también para monitorear los niveles de actividad diaria.
La cantidad de pasos que debe caminar todos los días para comenzar a ver beneficios para su salud es menor de lo que se pensaba anteriormente, según el análisis más grande para investigar esto.
La industria mundial del fitness generará más de 80.000 millones de dólares en ingresos en 2023, según sugieren las estimaciones. ¿Y por qué no, dadas las muchas excelentes razones para hacer ejercicio? Mejor salud cardiovascular, menor riesgo de diabetes tipo 2, sistema inmunológico más fuerte: la lista continúa.
Genética o estilo de vida, ¿qué importa más? Es una de esas preguntas eternas en el cuidado de la salud, pero la nueva ciencia tiene una respuesta: el estilo de vida es más importante, al menos cuando se trata de prevenir la diabetes tipo 2.
Los beneficios para la salud basados en evidencia de caminar continúan acumulándose, según una investigación en curso realizada por un epidemiólogo de actividad física de la Universidad de Massachusetts Amherst, que dirige un consorcio internacional conocido como Steps for Health Collaborative.
Algunas especies de bacterias que viven en el intestino activan los nervios en el intestino para promover el deseo de hacer ejercicio, según un estudio en ratones dirigido por investigadores de la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania.
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Durante la actividad física, el cuerpo humano debe realizar ajustes en sus diferentes sistemas para suplir las demandas de energía y oxígeno.
En un estudio que ofrece esperanza para las personas que hacen dieta, ratas en una dieta de 30 días que hicieron ejercicio resistieron intensamente las señales de pellet de alimentos ricos en grasas.
Los beneficios para la salud del ejercicio son bien reconocidos y se observan en múltiples sistemas de órganos. Estos efectos beneficiosos mejoran la resiliencia general, la salud y la longevidad. Sin embargo, los mecanismos moleculares que subyacen a los efectos beneficiosos del ejercicio siguen sin comprenderse bien.
Un nuevo estudio con ratones ofrece pistas sobre los beneficios diferenciados que tendría la actividad física según el momento del día en que se realice.
Para las personas que odian hacer ejercicio, aquí vienen más malas noticias: también puede mantenerlos más jóvenes. No solo lucir más joven, sino realmente más joven, a nivel epigenético.
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Las últimas investigaciones apuntan a que la mayoría de beneficios se obtiene antes de llegar a los 8.000 pasos y más allá de esta cifra la ganancia se estanca.
La prevalencia de la obesidad en todo el mundo se ha triplicado en los últimos 40 años y, junto con ese aumento, también se han disparado las dietas y los intentos de perder peso.
El ejercicio reduce la cantidad de calorías quemadas en reposo en personas con obesidad, según un nuevo estudio realizado por investigadores del Instituto de Tecnología Avanzada de Shenzhen (SIAT) de la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Roehampton.
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