Los hábitos de vida saludable (HVS) se relacionan con la noción de bienestar, pues son “actitudes y patrones de conducta relacionados con la salud, que inciden positivamente en el bienestar físico, mental y social de la persona que los adquiere”. En el contexto chileno, los HVS forman parte de la discusión acerca de la calidad educativa, a partir de su inclusión como uno de los ocho Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS) elaborados por la Agencia de Calidad de la Educación, ACE (2015), los cuales buscan ampliar la noción de calidad educativa, incorporando factores adicionales a los resultados de aprendizaje.
Este estudio busca identificar discursos y prácticas asociados con el indicador de los hábitos de vida saludable (de los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS)), entre actores de comunidades educativas, con el fin de identificar los aspectos relevantes, desafíos y tensiones. Los hábitos de vida saludable de adolescentes reciben influencias desde una multiplicidad de fuentes. En este escenario, la escuela desempeña un rol fundamental, siendo llamada a orientar a los estudiantes en sus experiencias de aprendizaje, toma de conciencia y modificación de conducta. Por ello, resulta interesante prestar atención a este indicador, especialmente a sus aspectos cualitativos, con el fin de aportar una reflexión profunda acerca de los aspectos que la comunidad educativa rescata al respecto, así como los desafíos y tensiones que surgen en torno al tema.
Bajo un diseño de estudio de casos, se entrevistó a 38 actores (profesores, asistentes, profesionales y directivos), y se realizaron 12 grupos focales con estudiantes de tercer año medio, de cuatro escuelas de nivel socioeconómico medio bajo, con distinto puntaje en el indicador de los hábitos de vida saludable.
Los resultados demuestran importantes diferencias, pero también similitudes respecto de discursos y prácticas, que facilitan u obstaculizan la configuración de hábitos alimenticios, de actividad física y de autocuidado, los que también se expresan a nivel de significados, contextos, trabajo con estudiantes, relación con el Estado y gestión.
Para la ACE (2015), cuando se habla de HVS, se hace referencia a la alimentación, la actividad física y el autocuidado, a partir de “las actitudes y conductas autodeclaradas de los estudiantes en relación con la vida saludable, y también sus percepciones sobre el grado en que la escuela promueve hábitos beneficiosos para la salud” (p. 9). Según define el Mineduc (2013), el indicador HVS incorpora una serie de conductas autodeclaradas vinculadas con un estilo de vida saludable, tomando en cuenta las elecciones y el entorno de las personas, es decir: hábitos alimenticios, hábitos de vida activa y hábitos de autocuidado. Lo anterior responde a un esfuerzo por atender la complejidad del fenómeno educativo, promoviendo un giro en la percepción que posicionaba a las evaluaciones estandarizadas como el único instrumento para la medición de calidad.
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Todo ello considerando que, en el marco de las políticas públicas, la Ley General de Educación (LGE) estipula que la vida saludable es un requisito mínimo de la educación en todos sus niveles, respondiendo a un carácter integral de esta (Mineduc, 2013).
Nuestro objeto de estudio invita a observar y analizar prácticas y discursos relacionados con los HVS. En este punto, es importante aclarar que el concepto de práctica no será entendido como sinónimo de “aquello que la gente hace”, pues su lectura exige poner atención al sentido y fundamento que le acompaña, con el fin de dar cuenta de su contribución al entendimiento del orden social (Gherardi, 2009). Las prácticas, por tanto, se conciben aquí como acciones socialmente incorporadas y aprendidas que anudan fenómenos estructurales e individuales de manera simultánea.
El análisis de las prácticas discursivas y sociales se establece a partir de los componentes que hacen de estas una expresión de unidad social:
- Las prácticas tienen sentido.
- Las prácticas suponen la puesta en acción de competencias.
- Las prácticas se apoyan en el uso de infraestructura.
Comprende todo recurso e infraestructura presente en el despliegue de la práctica. Abordar las prácticas discursivas y sociales relacionadas con los HVS permite avanzar en el conocimiento multicausal del fenómeno en contexto escolar.
En tanto estudio de caso referido a los HVS en cuatro escuelas, tiene como propósito indagar en profundidad acerca de lo complejo y específico (singular), en el contexto real en que este(os) caso(s) se verifica(n). La investigación produjo información mediante entrevistas semiestructuradas y grupos focales. No se desarrolló una inmersión extendida en el tiempo -como suele realizarse en las etnografías-, pero se recogió de ellas su orientación al análisis de las prácticas de las comunidades.
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Metodología
Se seleccionaron cuatro escuelas pertenecientes al nivel socioeconómico medio bajo, de la Región Metropolitana, con distinto desempeño en el indicador de HVS: dos de desempeño alto, uno de desempeño medio y uno de desempeño bajo, tomando como referencia la media del indicador, en su aplicación del año 2017. Las escuelas seleccionadas debían ser de similar nivel socioeconómico, de forma de controlar una posible relación entre condiciones sociales y HVS. La selección de los participantes a nivel individual, en tanto, se apoyó en tres criterios: la identificación de informantes clave respecto del tema; esos informantes clave debían ser representativos de la diversidad de posiciones en la estructura de la comunidad educativa (equipo directivo, docentes, profesionales de la educación y estudiantes) y, por último, se realizó un proceso de bola de nieve, según el cual los mismos informantes sugerían a otros potenciales informantes clave dentro de la comunidad.
Un primer nivel buscó la comprensión de los discursos y prácticas encontrados en las comunidades educativas, basándose en la codificación, jerarquización analítica e interpretación de las unidades textuales extraídas de las entrevistas y grupos focales (Valles, 1999). El segundo nivel analítico tuvo por objetivo relacionar los discursos y prácticas identificados con los resultados en el indicador de HVS. Para ello, se utilizó la comparación de las acciones, prácticas y estrategias de los miembros de la comunidad educativa en lo que refiere a HVS.
Por otro lado, los métodos comparados, como estrategia analítica, permiten describir similitudes y diferencias entre casos que pueden ser ubicados dentro de un mismo grupo (por ejemplo, escuelas), operando con criterios de homogeneidad. Para que los casos puedan ser comparados se requiere que estos posean variables similares y diferentes, las que se constituyen en ejes sobre los cuales se articula el posterior análisis (Pérez, 2007; Tonon, 2011).
Resultados
Se expone una síntesis de las familias de códigos que expresan los discursos y prácticas, a partir de las transcripciones de entrevistas y grupos focales. Esto implicó un ejercicio interpretativo que abarcó desde la generación de una codificación inicial abierta y descriptiva, hasta una codificación analítica que reorganizó los datos y permitió su agrupamiento en familias de códigos.
Las escuelas suelen definir los HVS como una rutina que incorpora modos de alimentación y ejercitación, dando cuenta del estado de higiene y salud mental de la población escolar. En las escuelas bien evaluadas, se asume que el trabajo sobre HVS supone ofrecer un ambiente seguro para el desarrollo de los jóvenes, buscando mecanismos que les permitan alcanzar altos niveles de autoestima. En la escuela evaluada en el nivel más bajo se sostiene, a su vez, que el contexto fuerza la elaboración de definiciones diversas en torno a los HVS.
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La ausencia de la familia, a su vez, es uno de los principales problemas que deben enfrentar las escuelas para la promoción de HVS. Las escuelas que resultaron bien evaluadas en este indicador intentan capturar la atención de los jóvenes a través de actividades estimulantes, con el objetivo de activar una autoestima positiva, que les haga sentirse capaces de cumplir sus objetivos individuales.
El rol del Estado se significa principalmente desde las políticas educativas y la alimentación que ofrece. Entonces, se ponen demasiado drásticos, “los kioscos saludables”. Un niño no va ir a comprar una manzana. Nosotros tenemos que educar al niño de por qué debería de comer una manzana. Pero, ¿nosotros cuánto hacemos o hablamos en cuanto a la comida?
Esta se expresa en acciones de planificación, coordinación, control y seguimiento. Considerando el establecimiento de redes y alianzas para el trabajo en torno a los HVS, existen importantes diferencias entre escuelas, donde quienes destacan son los que han cultivado relaciones estrechas con redes de apoyo de instituciones especializadas externas. Tuvimos también el año pasado una charla preventiva de embarazo, eran la verdad varias temáticas, y se trabajó muy bien con los chicos de segundo medio hasta cuarto medio.
Transversalmente se reconoce la compleja tarea de motivar a estudiantes jóvenes, en comparación con niños y niñas menores, ya que estos últimos son más receptivos. En términos de estrategias, las escuelas bien evaluadas insisten en desarrollar actividades que permitan incorporar iniciativas de alimentación y ejercicio en las rutinas habituales de los jóvenes.
Los hábitos corresponden a respuestas contextuales que suponen en las personas la repetición de comportamientos o acciones en la vida diaria (Wood & Neal, 2016). Se trata de disposiciones originadas en acciones pasadas, activadas de manera automática por señales del entorno, pues se han repetido de forma reiterada y consistentemente en la actuación de los sujetos (Lally & Gardner, 2013; Neal, Wood & Quinn, 2006; Verplanken & Aarts, 1999), haciendo menos accesible el surgimiento de nuevas acciones en situaciones similares. Según Lally y Gardner (2013), los hábitos corresponden a acciones carentes de deliberación y conciencia. A su vez, la modificación de hábitos dañinos requiere de la modificación del entorno o de las señales que promueven la aparición de estas acciones (Lally & Gardner, 2013; Wood & Neal, 2016).
Las prácticas de actividad física, autocuidado y alimentación cumplen un rol relevante como estimulantes de la capacidad de aprendizaje de los estudiantes, al mismo tiempo que disminuyen la ansiedad y el estrés.
En general, la investigación se ha ocupado de identificar los facilitadores y obstaculizadores enfrentados por jóvenes y niños, bajo el entendido de que la alimentación saludable es de gran importancia para el crecimiento sano y desarrollo cognitivo (Mineduc, 2014; Shepherd, 2005). Al respecto, la ingesta de nutrientes es considerada un determinante principal del estado de salud, físico y mental de las personas (Benítez-Guerrero et al., 2016). Shepherd (2005) identifica barreras para la configuración de hábitos de alimentación saludables, las que refieren a una pobre provisión de alimentación en las escuelas y a la facilidad para acceder a comida rápida. En dicho escenario, las intervenciones educativas efectivas son aquellas que estimulan la comprensión acerca de la importancia de acceder a una dieta equilibrada, pues ayudan a modificar hábitos en los estudiantes (Benítez-Guerrero et al., 2016).
Algunas intervenciones efectivas incluyen: promoción de alimentos saludables en escuelas, reducción de precios de alimentos saludables, entrega de información nutricional e involucramiento de las familias en el consumo de alimentos saludables (Salvy et al., 2016; Shepherd, 2005). En relación con esto último, Salvy et al.
Al respecto, Rasberry et al. (2011) definen la educación física como un área curricular que provee a los estudiantes de instrucción y conocimiento en relación con la actividad y estado físico, orientada a la adopción de estilos de vida saludables y físicamente activos. En el período reciente, algunos estudios (Marques et al., 2017; Santana et al., 2016) han señalado la asociación positiva que existe entre la educación y actividad física con el desempeño académico. En general, se asume que Matemáticas y Lenguaje son los ámbitos académicos mayormente influenciados por la actividad física (Castelli et al., 2007; Kohl & Cook, 2013; Rasberry et al., 2011). Así, dado que las sesiones de actividad física mejoran el desempeño académico, se considera importante promover espacios para que jóvenes y niños se muestren físicamente activos, especialmente en los niveles de enseñanza primarios (Biddle et al., 2004).
En este escenario, se reconoce el interés por ampliar la noción de educación sexual en Chile, pues temas como la diversidad sexual, el embarazo adolescente y el aumento de enfermedades de transmisión sexual se han hecho parte de la agenda pública (Dides y Fernández, 2016).
A continuación, se presenta una tabla que resume las principales diferencias y similitudes encontradas en los discursos y prácticas sobre hábitos de vida saludable en las escuelas estudiadas:
| Aspecto | Escuelas con Desempeño Alto | Escuelas con Desempeño Medio/Bajo |
|---|---|---|
| Definición de HVS | Rutina que incluye alimentación, ejercicio e higiene, enfocada en el bienestar y autoestima. | Definiciones diversas, influenciadas por el contexto socioeconómico. |
| Rol de la Familia | Reconocen la ausencia familiar como un obstáculo, pero intentan compensarlo con actividades estimulantes. | La ausencia familiar es vista como un problema significativo sin estrategias claras para abordarlo. |
| Rol del Estado | Políticas educativas y alimentación proporcionada son importantes, pero se critica la falta de educación sobre nutrición. | Similar al desempeño alto, pero con menos énfasis en la crítica constructiva. |
| Gestión Escolar | Planificación, coordinación y alianzas con instituciones externas son clave. | Menos énfasis en la planificación y coordinación, con alianzas externas menos desarrolladas. |
| Motivación Estudiantil | Desarrollan actividades que incorporan alimentación y ejercicio en las rutinas diarias. | Dificultad para motivar a los estudiantes, especialmente a los de mayor edad. |
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En resumen, este estudio subraya la importancia de abordar los hábitos de vida saludable desde una perspectiva integral, considerando tanto los factores individuales como los contextuales. Las escuelas, en colaboración con las familias y el Estado, juegan un papel crucial en la promoción de estilos de vida saludables entre los adolescentes.
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