¿Cuál es la Función del IMC? Definición y Limitaciones

El Índice de Masa Corporal (IMC) es un indicador empleado para determinar si el peso de una persona es saludable de acuerdo con la altura que posee.

En síntesis, el IMC es un indicador que permite definir si el peso de una persona es adecuado para la altura que posee, estableciendo si se encuentra bajo peso, en rangos normales, con sobrepeso u obesidad. Esta cifra tiene lecturas estandarizadas que permiten identificar en qué categoría se encuentra la persona.

Tabla de IMC

Tabla de referencia del Índice de Masa Corporal (IMC).

¿Cómo se Calcula el IMC?

Calcular el IMC es bastante simple. Una de las medidas más comunes y simples de diagnosticar sobrepeso u obesidad es el índice de masa corporal. El índice de masa corporal o IMC es un indicador utilizado para saber si el peso de una persona es adecuado para la altura que tiene, estimando si una persona se encuentra bajo peso, normal, con sobrepeso u obesidad.

Si bien el índice de masa corporal se calcula de la misma forma tanto para adultos como para niños, su interpretación es distinta dependiendo del caso. En el caso de los adultos, la cifra se lee en base a categorías previamente estandarizadas.

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Limitaciones del IMC

Sin embargo, el IMC no es siempre la medida más adecuada para establecer si se encuentra en rangos normales de peso. El IMC considera el peso de la persona, el cual se distribuye tanto en grasa como en músculo. Debido a que el músculo es más pesado que la grasa, las personas con gran masa muscular pueden tener un IMC más alto e indicar sobrepeso u obesidad, aunque su nivel de grasa sea bajo y se encuentren saludables.

Las medidas actuales para evaluar la obesidad, basadas principalmente en el índice de masa corporal (IMC), presentan limitaciones significativas. Estas pueden tanto subestimar como sobreestimar el exceso de adiposidad y no siempre reflejan con precisión los riesgos para la salud a nivel individual.

Alternativas y Consideraciones Adicionales

Para abordar esta problemática, una Comisión de 58 expertos internacionales y multidisciplinarios, incluidos pacientes con experiencia de vida con obesidad, estableció una definición más precisa y clínica de la obesidad.

  • Obesidad: Condición caracterizada por un exceso de adiposidad que puede presentarse con o sin alteraciones en la distribución o función del tejido adiposo.
  • Obesidad clínica: Enfermedad sistémica crónica que resulta en alteraciones en la función de órganos y tejidos debido al exceso de adiposidad.

La Comisión recomienda limitar el uso del IMC a fines poblacionales, como estudios epidemiológicos y estrategias de detección. Para el diagnóstico individual, el exceso de adiposidad debe confirmarse mediante mediciones directas de grasa corporal o, en su defecto, con parámetros antropométricos validados, como la circunferencia de la cintura o el índice cintura-altura, ajustados según edad, género y etnia.

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Escala IMC

Escala del Índice de Masa Corporal (IMC).

La Obesidad como Problema de Salud

La obesidad se define como la acumulación excesiva de grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud. La obesidad es un problema de salud mundial que conduce al desarrollo de enfermedades y tratar sus consecuencias genera un alto gasto fiscal.

La obesidad se produce por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto de energía. Esto es, si se comen más calorías de lo que se gastan en el día a día, estas se acumulan en forma de grasa; lo que produce un aumento de peso. Sin embargo, el origen de esta problemática no se reduce solamente a la ingesta de alimentos, sino que incluye una compleja interacción entre factores ambientales, psicosociales y genéticos. Así, en las últimas décadas la prevalencia de esta enfermedad ha aumentado dramáticamente, alcanzando proporciones pandémicas.

Consecuencias de la Obesidad

Entre las principales consecuencias de la obesidad encontramos un aumento de la mortalidad por todas las causas y del riesgo de padecer enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, cáncer (de mama, ovarios, endometrio, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon) y enfermedades cardiovasculares (enfermedad coronaria, infarto al miocardio, angina de pecho, falla cardiaca congestiva, accidente cerebrovascular, hipertensión y fibrilación auricular).

Tanto el sobrepeso como la obesidad están asociados a problemas de salud como la hipertensión, los niveles alto de colesterol LDL o “malo” o triglicéridos, diabetes tipo 2, cardiopatías coronarias, accidentes cerebrovasculares, artrosis, apneas del sueño y problemas respiratorios, entre otros.

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Enfoque en el Tratamiento y Prevención

La Comisión subraya la importancia de garantizar un acceso equitativo a tratamientos basados en evidencia para la obesidad clínica, equiparándolos a los de otras enfermedades crónicas y potencialmente mortales. El estigma y el sesgo relacionados con el peso representan barreras significativas para la prevención y tratamiento efectivos de la obesidad.

Afortunadamente, el peso puede controlarse fácilmente a través de la adopción de cambios en el estilo de vida. Un estilo de vida activo, realizar ejercicio diariamente y una alimentación saludable son formas seguras y complementarias de bajar de peso.

Alimentación Saludable

Una alimentación saludable y ejercicio regular son clave para mantener un peso adecuado.

Recomendaciones para un Estilo de Vida Saludable

  • Consumo diario de 3 porciones de verduras y 2 de frutas.
  • Consumir al menos 2 veces por semana pescado y legumbres (consumirlas sin embutidos).
  • Mantener una buena hidratación (2 L de agua al día).

En el contexto de padecer obesidad, lo más recomendable es recibir terapia nutricional y médica individualizada, que sea segura, eficaz, considere los objetivos y preferencias de las personas, sea asequible y evalúe los patrones alimentarios con más evidencia en la adherencia a largo plazo. Conjuntamente, se recomienda realizar actividad física de 30 a 60 minutos de intensidad moderada a vigorosa la mayoría de los días de la semana.

Las recomendaciones de esta Comisión han sido adoptadas con un grado de consenso del 90-100% entre los participantes y respaldadas por 76 organizaciones internacionales, incluidas sociedades científicas y grupos de defensa de pacientes.

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