La nutrición juega un papel fundamental en la recuperación de pacientes quemados, especialmente en la prevención y tratamiento de úlceras por presión (UPP). La malnutrición, la deshidratación y la pérdida reciente de peso son factores de riesgo independientes para el desarrollo de UPP.
Existe suficiente evidencia que muestra que el soporte nutricional, principalmente con una elevada carga oral de proteínas, es efectivo para reducir en un 25% la incidencia de úlceras por presión. Estudios intervencionales han demostrado que los suplementos nutricionales orales para tratar diversas enfermedades o un elevado aporte proteico han apoyado la tendencia de que contribuirían con la cicatrización de úlceras ya desarrolladas. Por lo tanto, para la prevención y el tratamiento de úlceras por presión, es crucial abordar las deficiencias de micro y macro nutrientes.
Es importante realizar una valoración nutricional exhaustiva en los siguientes momentos:
- Al ingreso del paciente.
- Cuando cambien las condiciones clínicas del paciente.
- Cuando no se observa progreso en la cicatrización de una UPP.
Se debe utilizar una escala confiable para determinar el riesgo nutricional de cada paciente y referir a los pacientes valorados en riesgo de malnutrición o pacientes con úlceras por presión al nutricionista para una revaloración profunda de su condición.
En la valoración nutricional, se debe:
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- Valorar el peso actual del paciente y determinar pérdida de peso significativa mayor o igual del 5% en 30 días o mayor o igual al 10% en 180 días.
- Valorar la capacidad del paciente de alimentarse por sí solo.
- Comprobar la adecuada ingesta total de nutrientes: alimentos, líquidos, suplementos nutricionales, nutrición enteral/parenteral, etc.
- Evaluar la ingesta energética, cambios no intencionados en el peso y el efecto de factores psicológicos o neuropsicológicos.
Con base en esta valoración, se debe desarrollar un plan de cuidados nutricionales individualizado en pacientes con o con riesgo de desarrollar UPP. Este plan puede ser desarrollado por la nutricionista en conjunto con el médico tratante, estableciendo necesidades nutricionales y vías de alimentación determinadas en la valoración nutricional previa.
Se debe seguir una guía nutricional basada en la evidencia y aplicarla en pacientes con riesgo nutricional, riesgo de UPP o que presenten UPP.
En cuanto a la ingesta energética, se recomienda:
- Proveer una ingesta energética individualizada basada en la condición clínica y en el nivel de actividad.
- Proporcionar 30-35 kcal/kg de peso para adultos en riesgo de UPP, con UPP y que se encuentran en riesgo nutricional.
- Adecuar la ingesta de acuerdo a la magnitud del cambio de peso o nivel de obesidad. Individuos bajo peso o con pérdida significativa de peso no intencionada pueden necesitar cantidades adicionales de aporte energético.
- Revisar y modificar restricciones alimenticias cuando estas limitaciones impliquen una disminución de la ingesta de alimentos y fluidos.
Los fluidos son solventes para vitaminas, minerales, glucosa y otros nutrientes, actúan como un transportador de nutrientes y permiten la eliminación de productos de desecho del organismo.
El Rol de los Ácidos Grasos Hiperoxigenados (AGHO)
La aplicación de ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) en las prominencias óseas sometidas a presión cuenta con un nivel de evidencia alta. Esto quiere decir que estudios clínicos controlados han demostrado la efectividad de los AGHO en la mejora de la elasticidad y resistencia de la piel para evitar o retrasar la aparición de estas lesiones.
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También se ha demostrado que contribuyen con el tratamiento de la lesión por presión estadio 1, evitando que la úlcera en un estado precoz avance a estadios más graves. También han probado ser eficaces para manejar la piel perilesional de pacientes portadores de heridas crónicas (úlceras vasculares y pie diabético). Sus indicaciones de uso han ido más allá del campo de las heridas crónicas, siendo aplicados también en quemaduras en fase de epitelización o sobre cicatrices para promover la maduración de esa cicatriz y evitar las recidivas.
Los ácidos grasos son moléculas de naturaleza lipídica, que no son sintetizados por el organismo por lo que se denominan ácidos grasos esenciales. Cumplen funciones estructurales y reguladoras. Dentro de las funciones estructurales es que forman parte de las membranas plasmáticas de todas las células del organismo, encontrándose localizados entre las bicapas de fosfolípidos y esfingolípidos.
A nivel de la epidermis, en el estrato córneo, son importantes para darle soporte a la matriz lipídica que sostiene a los corneocitos, pudiendo de esta forma el estrato córneo mantener su función de barrera y protección contra la presión, fricción, cizalla, humedad y calor entre otros. La carencia de ácidos grasos se manifiesta en la piel con deshidratación y descamación con pérdida de la función de barrera del estrato córneo quedando la piel vulnerable a lesiones.
En el neonato y el anciano que presentan alto riesgo de desarrollar lesiones por presión por inmadurez y envejecimiento del estrato córneo respectivamente, se han visto beneficiados con este tipo de terapia para la piel. Por lo tanto, la piel necesita de ácidos grasos para mantenerse fuerte y resistente y, como señalé, los ácidos grasos esenciales deben ser incorporados al organismo a través de la dieta.
Sin embargo, en muchas ocasiones el paciente hospitalizado tiene restricciones dietéticas o presenta algún grado de incapacidad para ingerir alimentos, por lo que está en riesgo de sufrir lesiones de piel. Debido a estas circunstancias, los AGHO pueden ser aplicados directamente sobre la piel, lo que después de absorberse, pasan a formar parte de la matriz lipídica que sostiene a los corneocitos del estrato córneo, devolviéndole a la piel su fuerza y resistencia.
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El ácido linoleico, es el ácido graso más importante de nuestro organismo y es el que tiene mayores implicancias médicas. Como mencioné anteriormente, está integrado entre los fosfolípidos y esfingolípidos de las membranas celulares, influyen en la respuesta inflamatoria, son potentes protectores del sistema cardiovascular disminuyendo la presión arterial y los niveles de colesterol. Son necesarios para mantener la integridad de la epidermis y de la barrera hidrolipídica de la piel y se han implicado en la proliferación y diferenciación de los queratinocitos de la epidermis.
Los ácidos grasos hiperoxigenados son compatibles con las células humanas y tienen un potente efecto hidratante sobre la piel. No son citotóxicos. Se pueden aplicar directamente sobre la piel, en las prominencias óseas que se encuentran bajo presión en cada cambio de posición, una o dos gotas y un masaje suave para extenderlos sobre la piel. Son compatibles con los protectores cutáneos de silicona y con las espumas hidrofilias usados para proteger prominencias óseas. Se utilizan en prevención y tratamiento.
Cuidados Adicionales para la Prevención de UPP
Además de la nutrición y el uso de AGHO, existen otros cuidados esenciales para la prevención de UPP en pacientes quemados:
Valoración del Riesgo y de la Piel
De acuerdo al panel de expertos de EPUAP y NPUAP el siguiente bundle de prevención de UPP ha demostrado ser efectivo en la disminución de ésta patología:
- Aplicación de escalas de valoración más juicio clínico.
- Asegurar que la valoración DIARIA de la piel forma parte del protocolo de prevención en todos los servicios clínicos
- Valorar la piel bajo y alrededor de dispositivos médicos
- Educar al personal de salud en como realizar el examen de la piel, incluidas técnicas para identificar la respuesta al blanqueamiento, calor localizado, edema e induración.
- Realizar la valoración del riesgo al ingreso del paciente o antes de las 8 horas después del ingreso, cuando cambie la condición clínica del paciente, al trasladar al paciente u antes del alta.
- Documentar los hallazgos de la valoración en ficha clínica
- Inspeccionar la piel en búsqueda de eritema y diferenciar la causa del eritema (por ejemplo.
- Inspeccionar la piel bajo y alrededor de dispositivos médicos al menos dos veces al día y con mayor frecuencia en pacientes con edema.
Cuidado de la Piel
- Mantener piel limpia y seca (utilizar limpiadores de piel pH neutro).
- No masajear intensamente piel en riesgo de UPP.
- Proteger la piel de la humedad con películas de barrera de silicona.
- Aplicar en las prominencias óseas ácidos grasos hiperoxigenados (emolientes) en cada cambio de posición.
- Aseo general cada 24 horas y parcial cuando se precise.
- Lavar la piel con agua tibia, aclarar y realizar un secado meticuloso sin fricción.
- Utilizar jabones o sustancias limpiadoras con potencial irritativo bajo (pH neutro).
Cambios de Posición
Los cambios de posición son absolutamente necesarios para disminuir el efecto de la compresión sobre la prominencia ósea y limitar el efecto nocivo de la isquemia. Como se señaló anteriormente, la isquemia y consecuente necrosis del tejido es proporcional al tiempo en que esa prominencia sea se encuentra bajo presión.
- Cambie de posición a todos los pacientes en riesgo de desarrollar UPP y a los que tienen UPP, a menos que esté contraindicado.
- Considerar la condición clínica del paciente y la superficie de soporte para redistribución de presión (colchón).
- Valorar regularmente la condición de la piel y la comodidad del paciente. Cambie de posición al paciente para aliviar y/distribuir presión
- Evite posicionar al paciente sobre prominencias óseas enrojecidas
- Evite someter al paciente a la presión y fuerzas de roce
- Evite posicionar al paciente sobre dispositivos médicos como tubos, drenajes u otros
- No deje al paciente por tiempo prolongado sobre la chata u orinal
Se recomienda posicionar al paciente en posición Fowler 30° o posición prona si el paciente lo tolera. Asegúrese que los talones están libres sobre la superficie de la cama. Lo ideal es que estén en suspensión: talones flotantes.Utilice dispositivos para elevar los talones y liberar carga de presión de tal manera que el peso de la pierna sea distribuido a lo largo de la pantorilla evitando presionar el tendón de Aquiles.
- La rodilla debería estar ligeramente en ángulo de 5° a 10°
- Evitar áreas de alta presión especialmente sobre el tendón de Aquiles.
El periodo de tiempo entre cada cambio no debe exceder generalmente de dos horas y deberá estar definido en el plan de cuidados o historia del paciente. En general se darán cambios posturales cada 2-4 horas (al menos dos por turno) a los pacientes encamados, siguiendo una rotación programada e individualizada que incluya siempre que se pueda el decúbito supino, la sedestación, el decúbito lateral izquierdo y el decúbito lateral derecho, y registrando la posición en la que se deja al paciente para dar continuidad a los cuidados.
- Evitar en lo posible apoyar directamente al paciente sobre sus lesiones
- En pacientes en sedestación los puntos de apoyo deberán modificarse con la misma frecuencia que en los encamados.
- Mantener el alineamiento corporal, la distribución del peso y el equilibrio.
- Evitar el contacto directo de las prominencias óseas entre si usando almohadas.
- Evitar el arrastre. Realizar las movilizaciones reduciendo las fuerzas tangenciales.
- En decúbito lateral, no sobrepasar los 30 grados.
- Si fuera necesario, elevar la cabecera de la cama lo mínimo posible (máximo 30°) y durante el mínimo tiempo.
Usar dispositivos que mitiguen al máximo la presión: colchones de aire, cojines, almohadas, protecciones locales, etc.
- Dispositivos estáticos: estas superficies de apoyo permanecen inmóviles salvo cuando responden al movimiento corporal y redistribuyen el peso del cuerpo desplazando el peso adicional desde las prominencias óseas hasta las zonas con baja presión.
- Dispositivos dinámicos: utilizar una superficie de apoyo dinámica si el paciente no puede adoptar diversas posturas sin cargar el peso sobre una úlcera por presión.
Siguiendo estas recomendaciones, es posible mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes quemados y reducir la incidencia de úlceras por presión.
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