Dietas Hiperproteicas: Beneficios, Riesgos y Consideraciones para la Salud

Las dietas hiperproteicas han ganado popularidad en los últimos años, con muchas personas adoptándolas para perder peso rápidamente. Sin embargo, los especialistas advierten sobre los posibles riesgos para la salud, especialmente en pacientes con enfermedades renales, hepáticas o niveles elevados de ácido úrico.

Con la llegada del buen tiempo, muchas personas desean perder algunos kilos, y las dietas hiperproteicas, como la dieta Atkins, Pronokal y Dukan, son las que causan mayor furor. De todas formas, el problema más importante no es la eficacia de estas dietas sino lo perjudicial que pueden resultar para la salud de las personas, sobre todo, si se prolongan en el tiempo.

Algunos estudios cuestionan su inocuidad, como el efectuado por la doctora Antonia Trichopoulou, que registró la alimentación de casi 23.000 adultos durante 10 años, y demostró que seguir dietas hiperproteicas y pobres en hidratos de carbono de forma prolongada está asociado a una mayor mortalidad.

Las dietas con un aporte de hidratos de carbono muy limitado provocan una situación de cetogénesis similar al que se produce en ayunos prolongados. Este estado metabólico produce una rápida pérdida de peso provocada por la movilización de grasas con la intención de obtener energía.

El elevado aporte de proteínas provoca estreñimiento, uno de los problemas más frecuentes. Para evitarlo, es importante un buen suplemento de fibra y una abundante ingesta de líquidos. El aporte de líquidos es también importante para minimizar la sobrecarga a la que se ve sometido el riñón, ya que los productos derivados del metabolismo proteico se eliminan por vía renal.

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Por este motivo, este tipo de dietas no es recomendable en personas con enfermedades renales o con problemas hepáticos. También hay que tener en cuenta no únicamente lo que se come, sino lo que se deja de comer.

De esta manera, si estos regímenes se siguen de forma prolongada, pueden provocar deficiencia de elementos nutricionales importantes, como vitaminas y minerales. Por normal general, no son recomendables en menores de 18 años o mayores de 65. Los especialistas insisten en no prolongarlas más allá de dos meses sin supervisión.

Riesgos Asociados al Consumo Excesivo de Carne Roja

El consumo de carne roja, sobre todo la procesada, está directamente relacionado con un mayor riesgo de mortalidad, además de un mayor índice de enfermedades cardiovasculares y cáncer. Así concluye un estudio que apunta que para la salud, no solo es importante la cantidad de proteínas que se ingieren sino su tipo.

En el trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.), se analizaron los datos de 37.698 hombres que participaron en el “Estudio de Seguimiento de Salud”, realizado entre 1986 y 2008, y los de 83.644 mujeres que formaron parte del “Estudio de Salud de Enfermeras”, llevado a cabo entre 1980 y 2008, todos libres de enfermedades cardiovasculares y cáncer al comienzo del seguimiento.

Durante cuatro años, los investigadores siguieron la dieta de los participantes mediante cuestionarios cada cuatro años, y registraron el número de fallecimientos durante el mismo periodo de tiempo. Se registraron 23.926 muertes en total, de las cuales 5.910 eran debidas a las enfermedades cardiovasculares y 9.464 ocasionadas por el cáncer.

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Con todo, observaron que la sustitución diaria de una ración de carne roja por una de pollo, pescado, nueces o legumbres se relaciona con una reducción del riesgo de mortalidad de entre un 7% y un 19%. En otras palabras, estimaron que se podría haber prevenido el 9,3% de muertes en los hombres y el 7,6% de las mujeres incluidos en la investigación, si se hubiese reducido el consumo de carne roja hasta media ración diaria (unos 42 gramos aproximadamente).

¿Por qué la carne roja se asocia con un mayor riesgo de mortalidad? La respuesta parece estar en una investigación realizada por investigadores de Cambridge (Reino Unido), en la que comparan las células del intestino de personas que consumen carne frente a las de personas vegetarianas. Los resultados indican que en las células del intestino de los vegetarianos hay un menor daño en su ADN, hecho que podría explicar por qué se relaciona el consumo de carne con un mayor riesgo de cáncer de colon, esófago y estómago.

Los expertos reiteran que no hay que dejar de consumir carne, sino que se trata de seguir una dieta equilibrada y moderar las dosis de carne roja, que puede sustituirse por otras fuentes de proteínas más saludables, como el pescado o el pollo.

Alimentos con Adición de Proteínas: Un Auge en el Mercado

Actualmente, es común encontrar en las góndolas de los supermercados de nuestro país alimentos como leches, yogures, quesos y barritas de cereal con etiquetas como “protein”, “alto en proteínas” o “high protein”. En los últimos años, la industria alimentaria global ha presenciado un aumento notable en la producción de alimentos fortificados y enriquecidos con diversos nutrientes.

Chile no es ajeno a este fenómeno. En supermercados y almacenes locales, se puede encontrar una amplia variedad de productos con menciones específicas sobre el contenido de proteínas en sus etiquetas, tales como “protein”, “alto en proteínas”, “high protein”, entre otros.

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En nuestro país, la Ley 20.606 sobre Composición Nutricional de los Alimentos y su Publicidad, conocida como Ley de Etiquetado de Alimentos, establece normas generales para los alimentos procesados, incluyendo requisitos de etiquetado y publicidad. Este reglamento fue modificado en 2018, con el Decreto 253, para regular los alimentos destinados a deportistas.

Este decreto define qué productos pueden considerarse alimentos para deportistas, establece categorías específicas, como suplementos proteicos y energéticos, y exige etiquetados claros que eviten afirmaciones engañosas. No obstante, ninguno de estos marcos legales se refiere específicamente a los alimentos con adición de proteínas.

En palabras de la profesora Nathalie Llanos, este estudio surge de “la necesidad de contar con datos específicos sobre los productos proteicos disponibles en el mercado, dado que en Chile no existen estudios que describan las características de este tipo de alimentos, como su composición nutricional, ingredientes, tipo de proteínas adicionadas, precio y disponibilidad”.

La investigación recopiló datos de 176 productos identificados como alimentos con adición de proteínas (AAPs) presentes en las tres principales cadenas de supermercados de la Región Metropolitana: “Lo que hicimos fue realizar una búsqueda presencial en supermercados de la capital, identificando uno a uno los alimentos con adición de proteínas.

Los supermercados visitados fueron seleccionados estratégicamente según el nivel socioeconómico: “Elegimos nueve supermercados, tres de cada cadena, distribuidos por nivel socioeconómico: alto (ABC1), medio (C2-C3) y bajo (D-E). Los alimentos analizados fueron seleccionados por las referencias a su contenido de proteínas en el envase, con descriptores como “protein”, “proteínas”, “alto en proteínas”, “high protein”, “protein +”, entre otros.

La profesora Nathalie Llanos explicó que en la selección “se incluyeron productos con adición de proteína aislada o concentrada y alimentos modificados para aumentar su contenido de proteínas”. Entre los principales hallazgos del estudio, la profesora Nathalie Llanos destacó que en los AAPs se encontraron tanto proteínas de origen animal como vegetal: “Las proteínas de origen animal estaban principalmente relacionadas con lácteos, como el suero de leche y los concentrados de proteínas lácteas.

Los productos con adición de proteínas poco a poco se han ido incorporando a la dieta de gran parte de la población chilena, siendo cada vez más demandados debido a la percepción de ser “productos saludables”. Por lo general, “la población chilena consume proteína principalmente en el almuerzo, en una porción bastante pequeña, y no siempre en la once o la cena.

La mayoría de los chilenos no cena, y generalmente se limitan al pan con queso o pan con palta. En el caso de una persona sedentaria, “el requerimiento diario de ingesta proteica es de 1 gramo de proteína por cada kilogramo de peso corporal. Por ejemplo, si una persona pesa 60 kg, necesitaría 60 gramos de proteína al día”, explicó la nutricionista.

En cambio, “para las personas que realizan ejercicio, este requerimiento aumenta a al menos 1.3 gramos de proteína por kg de peso, y puede ser aún mayor dependiendo del objetivo y la intensidad del ejercicio. Asimismo, “se ha observado que las personas con diabetes tipo 2 que tienen una mayor ingesta de proteínas muestran un mejor control de su glicemia.

Esto ocurre porque “en las personas con diabetes, el problema principal es que la glucosa circula por la sangre sin ser captada por los tejidos para su utilización o almacenamiento. De hecho, “se ha demostrado que un desayuno alto en proteínas, en comparación con uno que aporte principalmente carbohidratos complejos (excluyendo el azúcar, ya que no se recomienda en personas con diabetes), puede mejorar el control de la glicemia a lo largo del día”.

A pesar de los beneficios asociados al consumo de AAPs, la profesora Nathalie Llanos destacó que estos productos deben ser consumidos siempre bajo la orientación de un profesional de la salud: “Los alimentos con adición de proteínas, como cualquier otro alimento, no están exentos de contener hidratos de carbono, grasas y azúcares.

Por esto, la profesora Nathalie Llanos destacó la importancia de conocer las características de estos alimentos, que es el objetivo principal del estudio, ya que esto influye directamente en la práctica clínica de los nutricionistas: “Es fundamental tener claro qué alimentos son estos, cuáles son sus componentes y su aporte nutricional, ya que son altamente consumidos por un segmento de la población.

La académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina, Nathalie Llanos, cree que la cantidad y variedad de este tipo de alimentos disponibles en el mercado seguirá en aumento: “A diferencia de los micronutrientes críticos, en los que Chile ha tenido que tomar medidas para suplementar a la población, como el fortalecimiento de harina con ácido fólico y sal con yodo, las proteínas, al ser macronutrientes, tienen requerimientos de consumo muy variados entre las personas, tales como el aumento de la masa muscular, o la pérdida de grasa, entre otros.

Por este motivo, la regulación adecuada de este tipo de alimentos por ley resulta fundamental: “Es necesario que se regule el tipo de proteína que se adiciona, asegurando que sea de buena calidad. Ejemplos de proteínas de alta calidad son el suero de leche, que se ha estudiado ampliamente por sus beneficios, y el aislado de proteína de soya, que también ha mostrado tener buenas propiedades”, mencionó la nutricionista.

En este sentido, “una de nuestras propuestas es evaluar cómo estos alimentos, dependiendo de su matriz alimentaria, pueden influir en la calidad de la proteína. En nutrición, el vehículo por el cual se incorporan los nutrientes es fundamental.

Por ello, la profesora Llanos relevó la necesidad de realizar nuevos estudios en el tema: “Es importante investigar si la calidad de las proteínas en estos productos se mantiene adecuada dentro de la matriz alimentaria, si se absorbe de manera eficaz y si cumple con sus funciones biológicas en comparación con un alimento no adicionado de proteína.

Ya en estudios anteriores, el equipo de investigación dirigido por la Dra. Además, el grupo de investigación de Olga Ramich, junto con el Departamento de Fisiología del Metabolismo Energético del DIfE, también investigó las funciones de las mitocondrias.

«La actividad mitocondrial fue muy similar en ambos grupos. Eso nos sorprendió. Originalmente asumimos que la dieta alta en proteínas aumentaría la actividad mitocondrial y contribuiría así a la degradación de la grasa hepática», dijo la profesora jefe de departamento Susanne Klaus.

Los investigadores también se sorprendieron de que los niveles séricos del factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF21) fueran más bajos después de la dieta alta en proteínas que redujo la grasa del hígado que después de la dieta baja en proteínas. «Se sabe que el FGF21 tiene efectos beneficiosos sobre la regulación metabólica.

Referencia: Xu C, Markova M, Seebeck N, et al. High‐protein diet more effectively reduces hepatic fat than low‐protein diet despite lower autophagy and FGF21 levels.

Dieta hiperproteica

Ejemplo de alimentos ricos en proteínas.

Recomendaciones Finales

Es fundamental consultar a un profesional de la salud antes de iniciar una dieta hiperproteica. Un nutricionista podrá evaluar tu estado de salud individual y diseñar un plan de alimentación adecuado a tus necesidades y objetivos, minimizando los riesgos y maximizando los beneficios.

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