La gota es una enfermedad metabólica cuya manifestación clínica principal es la monoartritis, producida por la precipitación de cristales de ácido úrico en una articulación. Afecta al 1% de los hombres en EEUU y es la artritis inflamatoria más frecuente en hombres. Más del 95% de los casos de gota son primarios, siendo los siguientes los dos mecanismos fundamentales de su patogenia: el aumento de la síntesis de purinas y la disminución de la excreción renal de ácido úrico.
En la crisis aguda se observan factores desencadenantes: transgresión alimentaria, ingesta excesiva de alcohol, ayuno, estrés psíquico o quirúrgico y los traumatismos.
El ácido úrico es un producto tóxico de desecho que proviene del metabolismo de nitrógeno en el organismo. El ácido úrico por tanto es el resultado de la degradación de las purinas. El ácido úrico se elimina principalmente por la orina. La concentración normal en sangre es 3,6 a 8,3 mg/dl (considerada normal por la Asociación Médica Americana) aunque se pueden encontrar niveles más bajos en los vegetarianos.
Cuando tenemos un aumento de ácido úrico en sangre, se dice que sufrimos "hiperuricemia" o "gota".
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Causas de la Hiperuricemia o la Gota
Normalmente se piensa que las personas que padecen de esta afección, es porque cometen excesos alimenticios o consumen alcohol. Sin embargo, lo que determina el riesgo de sufrir gota o elevación del ácido úrico es principalmente el factor hereditario. Es por ello que el 1% de la población mundial (y el 5% de las personas mayores de 65 años) tiene el nivel de ácido úrico aumentado, sin haber cometido excesos en cuanto a bebida o comida.
Esto hace que las personas que tengan un familiar con gota o hiperuricemia tengan mayor riesgo de sufrir la enfermedad. Se recomienda por tanto que las personas con antecedentes familiares de gota, se realicen un control analítico para ver los valores de ácido úrico en sangre.
Diferencias entre la Gota y la Hiperuricemia
La gota afecta principalmente a hombres a partir de los 30 años y a mujeres a partir de la menopausia. La gota se caracteriza por un aumento de la concentración muy elevada de ácido úrico en la sangre.
Cuando esto ocurre, el organismo no es capaz de eliminar por la orina (mediante la filtración en los riñones) los residuos de ácido úrico, y esto hace que se acumulen en forma de cristales en ciertas articulaciones. Las crisis de gota son por tanto una precipitación de ácido úrico en forma de cristal en una o más articulaciones. Esta afección de las articulaciones puede acabar produciendo una artritis crónica.
En personas más de 40 años, suelen darse crisis que se reconocen por un intenso dolor artrítico que comienza en el dedo gordo del pie (podagra) (articulación metatarsofalángica), en las rodillas, en el tobillo y en otras articulaciones. Produce inflamación y es muy doloroso. Además, la gota y el aumento de ácido úrico en sangre, puede ocasionar un tipo de cálculos renales cuando el ácido úrico cristaliza en el riñón llamado nefropatía gotosa.
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La Hiperuricemia como ya hemos dicho se caracteriza por un aumento en sangre por encima de 8mg/dl. Sin embargo este aumento no tiene necesariamente que estar acompañado por los síntomas anteriormente citados, sino que puede darse un aumento de ácido úrico leve, asintomático. Sin embargo cuanto más alta son las concentraciones de ácido úrico, mayores son las posibilidades de sufrir gota y de que aparezcan efectos secundarios como los citados.
Evolución y Tratamiento
La gota es una enfermedad crónica (dura toda la vida), por lo tanto, requiere un tratamiento regular y de por vida. El tratamiento busca evitar al máximo las complicaciones articulares y renales. La base del tratamiento para evitar recaídas y crisis es:
- El tratamiento médico (fármacos).
- La dieta.
- Hacer ejercicio.
Es importante seguir el tratamiento prescrito por su médico, ya que hoy en día disponemos de medicamentos muy eficaces para el control de la gota. El tratamiento mas antiguo que existe para las crisis de gota es la colchicina, también los AINES y los corticoides pueden utilizarse en las crisis, siempre bajo prescripción facultativa.
Tanto el tratamiento de la hiperuricemia como de la gota también pasa por una dieta baja en ácido úrico.
Recomendaciones Dietéticas
Revisaremos que hay de verdadero en estas recomendaciones y que novedades existen:
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Si bien no existen ensayos controlados randomisados, existe un estudio prospectivo de 49150 hombres entre 40 y 75 años, sin gota, en que se realizó un exhaustivo cuestionario sobre los alimentos y bebidas que había consumido durante el año anterior. Este cuestionario fue realizado el año 1986 y repetido en 1990 y 1994. El seguimiento de los pacientes fue mayor a 90% en 12 años. Al final del estudio aparecieron 730 casos confirmados de gota, con una mayor incidencia entre los 55 y 69 años. Ellos encontraron asociación entre la aparición de gota y la ingesta de carnes de vacuno, cerdo y cordero y de pescados, pero no se encontró que la ingesta de vegetales ricos en purinas aumentaran el riesgo de presentar gota. Además se observó que el consumo de productos lácteos bajos en grasa (como yogurt o leche descremada) se asociaba con un menor riesgo de gota.
En pacientes que ya padecen de gota se recomienda evitar los alimentos con elevado contenido de purinas (150 a 1.000 mg/100grs).
Si bien el alcohol tiene un bajo contenido de purinas (con excepción de la cerveza), está demostrado que el consumo de alcohol aumenta el nivel de ácido úrico en la sangre por lo que se sugiere disminuirlo en pacientes que padecen de ésta enfermedad. A mayor consumo de alcohol, mayor riesgo de presentar gota.
Estudios en pacientes gotosos muestran que la reducción de peso y una dieta baja en carbohidratos refinados disminuyen la frecuencia de las crisis.
Estudios preliminares muestran que las fresas (berries) y el ácido ascórbico podrían tener un efecto reductor del acido úrico, si bien existe limitada evidencia a favor de ésta hipótesis, aún falta mejores estudios para afirmarlo.
La indicación de estas medidas debe hacerse a todos los pacientes con gota. Se recomienda la reducción drástica de la ingesta de alcohol, especialmente aquellos de alta gradación. También, se deben evitar medicamentos que pudiesen elevar la uricemia como diuréticos, salicilatos en dosis bajas, etambutol, etanol, pirazinamida y levodopa.
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