El aspartamo, la sucralosa, el acesulfamo de potasio, el ciclamato monosódico y la sacarina sódica son los ingredientes más usados para fabricar endulzantes artificiales, comúnmente utilizados por las personas preocupadas de su peso o por estar diagnosticadas de diabetes.
Cada vez existen más evidencias de que estos aparentemente inofensivos edulcorantes artificiales constituyen un importante riesgo para la salud, pues causan daños al sistema nervioso central aparte de otros varios efectos secundarios.
En varios países de Europa han sido prohibidas estas nocivas sustancias en los alimentos. Por su parte en EEUU también cada vez más personas se han estado movilizando para impedir que estos productos nocivos se sigan usando.
Por ejemplo, el 6 de abril de 2004 se presentaron varios procesos judiciales en tres juzgados de California en contra de doce empresas que producen o usan en sus productos el aspartamo como sucedáneo del azúcar. Los demandantes alegaban que las empresas fabricantes de productos alimenticios cometieron un fraude y engaño al comercializar productos como Diet Coke, Diet Pepsi, chicle sin azúcar, vitaminas «Flinstone», yogures y aspirina infantil a sabiendas de que el edulcorante que contienen, el aspartamo, es neurotóxico.
Por su parte, la Autoridad Europea de Seguridad ha estado especialmente preocupada por el consumo excesivo de edulcorantes por parte de los niños.
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Hay diversas sustancias sintéticas para endulzar, tales como el aspartamo, la sucralosa y el acesulfamo de potasio, los que Ingeridos en alimentos y bebidas dietéticas por lo niños pueden causar serios daños a su salud.
Revisando la lista de ingredientes contenidos en los edulcorantes actualmente en uso, podemos encontrar formaldehido, L-fenilalanina, acetaldehído, benzaldehído, metano, dimetoxi-propanona, etano, propano, benceno, paraformaldehído, ácido L-aspártico, ácido oxasolidinocarboxílico y otros compuestos químicos mortales. ¿Por qué en Chile estamos consumiendo en forma desenfrenada este tipo de sustancias?
Aspartamo, sustancia química inventada y patentada por compañía química G.D. Searle, adquirida en 1985 por Monsanto, fue y sigue siendo el endulzante artificial más usado en las bebidas “diet” y “zero” así como en otros alimentos engañosamente llamados «light» o “dietéticos”, aunque en los últimos dos años (2012 y 2013) al menos en Chile se nota una mayor tendencia en la población por preferir el uso de endulzantes de origen natural como la stevia.
De hecho hasta la Coca Cola, que ha usado el aspartamo en nuestro país durante tantos años como el edulcorante en sus versiones Diet y Zero, a fines del 2013 ha introducido en Chile una bebida “de tapa y etiqueta verde” que contiene stevia como uno de sus edulcorantes.
Algo de historia
Los efectos del aspartamo han sido documentados por los propios datos de la FDA (Food and Drug Administration), principal organismo regulador de alimentos y medicamentos de los EEUU.
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En 1955, ese organismo se vio obligado, en virtud de la Ley de Libertad de Información de los EEUU, a publicar una lista de 99 síntomas derivados del consumo del aspartamo, descritos por miles de víctimas. En 1966 la FDA dejó de registrar los reclamos y ahora niega la existencia de dicha lista.
El 30 de septiembre de 1980, el Consejo de Investigación de la FDA había denegado la solicitud de aprobación del aspartamo como aditivo alimentario.
En 1981, el recién nombrado comisario de la FDA, Arthur Hull Hayes, hizo caso omiso de tal dictamen y aprobó el aspartamo en alimentos secos.
Tal como está registrado en actas del Congreso de 1985, Donald Rumsfeld, en ese tiempo Director General de Searle Laboratories, declaró que usaría toda su influencia para conseguir la aprobación del aspartamo.
En 1983 fue aprobado para bebidas carbonatadas. Más aún, se sabe que Rumsfeld, aprovechando su influencia política, consiguió ocultar un informe toxicológico de la FDA, que indicaba que el aspartamo provocaba cáncer y tumores cerebrales.
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Para aquellos que pudimos ser testigos de la Guerra del Golfo Pérsico, podemos recordar que Donald Rumsfeld, el mismo personaje que otrora era un alto ejecutivo de Laboratorios Searle, fue nombrado como Secretario de Guerra por el presidente de EEUU George W. Bush.
En esa época, toneladas de latas de bebidas Diet fueron enviadas al Golfo para “refrescar” a las tropas. Sin embargo, además de refrescarlos, fueron afectados por extrañas enfermedades que los soldados reportaron durante y después de la guerra, incluyendo casos de esclerosis múltiple.
En efecto, la inexistencia de condiciones para mantener frías las latas en el golfo pérsico, en donde debían almacenarse a temperaturas sobre los 40°C, tienen que haber producido una descomposición del producto produciendo formaldehido, ocasionando una acelerada neurointoxicación en sus consumidores.
¿Qué riesgos tienen los edulcorantes artificiales para la salud? | Podcast
Peligros del aspartamo
El aspartamo es un veneno sinergístico basado en metanol. El metanol causa, entre otros graves efectos secundarios, defectos congénitos e importantes trastornos del desarrollo, como autismo y déficit atencional en los hijos de los consumidores habituales del aspartamo.
El aspartamo puede ocasionar importantes daños al sistema nervioso central.
Una vez que ha ingresado en el tracto intestinal, el aspartamo se descompone en dos aminoácidos neurotransmisores de alto poder de excitación, el ácido aspártico y la fenilanilina, así como en alcohol metílico, conocido como metanol, y en formaldehido, también conocido como formol.
El formol es una sustancia que antiguamente se utilizaba diluida en agua al 35% como desinfectante y en la actualidad se usa para la conservación de muestras biológicas y cadáveres frescos, generalmente en una dilución al 5% en agua.
Por su parte, el metanol es una de las sustancias más peligrosas derivadas del consumo de edulcorantes artificiales. Puede entrar directamente en el torrente sanguíneo y atravesar la barrera hematoencefálica, penetrando en el sistema nervioso central, en donde puede afectar a los neurotransmisores, alterar el funcionamiento del cerebro y causar lesiones cerebrales.
El metanol puede provocar ceguera y el formaldehído o formol, cáncer.
Según la revista norteamericana Cosumer Reports, el aspartamo debe consumirse a más tardar dos o tres meses después de la fecha de fabricación. Transcurrido ese plazo, se descompone y encierra un peligro creciente para el consumidor. Lo mismo ocurre cuando el aspartamo, o cualquier producto que lo contiene, se calienta.
Según estudios hechos en EEUU, el asapartamo es responsable de más del 75% de las reacciones adversas de los alimentos notificados a la FDA.
Cientos de pilotos de líneas aéreas han descrito síntomas de pérdida de memoria y confusión, dolores de cabeza, mareos, trastornos de la visión y reacciones gastrointestinales a raíz de edulcorantes.
El aspartamo es un medicamento disfrazado de aditivo. Interactúa con otros medicamentos, tiene un efecto sinérgico y aditivo con el glutamato monosódico (realzador del sabor muy común en la comida china, sopas en sobre, entre otros alimentos) y es un agente químico que causa hipersensibilización.
Ya en 1970 se publicaron estudios sobre el ácido aspártico, que constituye el 40% del aspartamo, que demostraron que este producto causa lesiones cerebrales en los ratones. También se demostró que origina problemas de comportamiento y psiquiátricos, debido al agotamiento de la serotonina que causado el aspartamo.
Efectos en el embarazo
Si las mujeres embarazadas toman grandes cantidades de bebidas “diet” para evitar el aumento de peso, pueden acumular alcohol metílico en la placenta, lo que provoca retraso mental en el feto. También corren el riesgo de sufrir desnutrición materna a causa de los problemas gastrointestinales y diarreas asociadas a los edulcorantes.
La sucralosa, también comercializada como Splenda, es otro “aditivo Frankenstein” de la industria alimenticia. Se elabora clorando moléculas de azúcar. Las moléculas cloradas se acumulan en la grasa del organismo las que pueden volver a manifestarse en el cuerpo muchos años después.
La sucralosa es un producto sintético y como tiene una base clorada como el DDT, puede provocar una enfermedad autoinmune, la reacción natural del cuerpo de atacar y neutralizar estos venenos.
La sucralosa no es segura y no ha sido aprobada todavía en la mayoría de los países europeos. Se han publicado muy pocos estudios sobre la seguridad de la sucralosa en seres humanos, y, en cambio, en los ensayos iniciales con este producto se observó que causa muchos problemas de salud.
Por ejemplo, un pequeño estudio poco conocido, con pacientes diabéticos que tomaron Splenda, mostró estadísticamente un aumento significativo de hemoglobina glucosilada (HgbA1c), un marcador del nivel de glucosa en sangre a largo plazo.
Esta sustancia fue sintetizada por primera vez en 1937, y se utiliza como edulcorante artificial desde 1950.
Ciclamato es el nombre común del ciclohexilsulfamato, y ha sido considerado hasta 50 veces más dulce que otros endulzantes bajos en calorías.
Aunque hoy en día organizaciones como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la Alimentación) y la OMS (Organización Mundial de la Salud), avalan su uso sin aparentes daños a la salud en más de 100 países del mundo, tales como la Unión Europea, Canadá, Australia, China, Brasil, Argentina, Chile, y prácticamente toda Latinoamérica, a partir de 1970, ante evidencias de que podía actuar como cancerígeno, se prohibió su uso como aditivo alimentario en muchos países, entre ellos USA, Japón e Inglaterra.
El ciclamato no tiene la consideración universal de aditivo alimentario sin riesgos.
Se han publicado trabajos indicando que, en animales de experimentación, dosis altas de esta sustancia actúan como cancerígeno y teratógeno, lo que significa que produce defectos en los fetos.
Los datos acerca de su posible cancinogenicidad son conflictivos. El efecto cancerígeno no sería debido al propio ciclamato, sino a un producto derivado de él, la ciclohexilamina, cuya cancinogenicidad tampoco está aún totalmente aclarada.
El organismo humano no es capaz de transformar el ciclamato en este derivado, pero sí la flora bacteriana presente en el intestino.
Esta sustancia tiene mayores riesgos potenciales en el caso de los niños, a los que están destinados muchos productos que la contienen, ya que en ellos la dosis por unidad de peso es evidentemente mayor, al ser ellos más pequeños.
La sacarina fue el primer edulcorante sin calorías, descubierto en forma casual en EEUU en 1879, produciendo una gran expectación a personas diabéticas y con sobrepeso.
El descubrimiento, llamado sacarina (O-sulfamida benzoica), presentaba un sabor extremadamente dulce. La sacarina se incluyó en la primera lista que se publicó en E.E.U.U. de aditivos GRAS (generalmente reconocidos como seguros) en 1959.
Sin embargo, en los años 70, varios grupos de investigadores argumentaron, tras varios estudios, que dosis altas de este edulcorante consumidas diariamente eran capaces de inducir la aparición de cáncer de vejiga en ratas.
La determinación de ese país respecto a la utilización de esta sustancia se limitó entonces a que los productos que llevaran sacarina en su composición se sometieran a estrictas normas de etiquetado: «Este producto contiene sacarina, de la que se ha determinado que produce cáncer en animales de laboratorio. El uso de este producto puede ser peligroso para su salud».
No obstante, y dada la nueva determinación adoptada por el NIH (National Institute of Health) de EEUU, las autoridades de dicho país decidieron en 1999 eliminar la sacarina de la nueva lista de sustancias cancerígenas.
Se ha afirmado que la sacarina puede causar reacciones alérgicas graves como dolores de cabeza, diarrea, erupciones de la piel, etc.
La sacarina puede afectar de manera nociva al feto y producir otras complicaciones en los niños como alteración muscular e irritabilidad. Para las madres no es recomendable el consumo de la sacarina pues también se expulsa a través de la leche materna.
Muchos países europeos han suspendido el uso de edulcorantes artificiales.
