La alimentación en los primeros 1000 días de vida, desde la gestación hasta los 2 años de edad, es un factor determinante en el crecimiento y desarrollo de los niños y niñas. Es importante recordar que la niñez es el periodo de mayor velocidad de crecimiento, donde la alimentación se presenta como el factor ambiental más importante en su determinación y facilita así la máxima expresión del potencial genético del niño(a). Además se presenta como una oportunidad para desarrollar el apego con los niños(as), evidenciándose como un regulador importante del estrés y afectos del infante.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida e iniciar la alimentación complementaria adecuada y segura a partir de los 6 meses de edad. La lactancia materna es el mejor alimento que puede recibir un lactante, sin embargo, cuando no se logran completar los requerimientos del niño o niña, es necesario ofrecer una opción como las fórmulas de inicio. En esta etapa se incorpora la alimentación sólida complementaria a la leche materna o la lactancia artificial.
Comienza alrededor de los 6 meses (con una primera comida) para poder cubrir los requerimientos nutricionales y estimular el desarrollo neurológico y motor. Incluye alimentos sólidos o semisólidos (papillas o purés) y líquidos (agua, sin endulzantes ni azúcar, desde el inicio de la alimentación complementaria, 20-50 ml de agua, 2-3 veces al día). La segunda papilla se recomienda una vez que la primera ya fue completada, alrededor de los 8 meses. Si está con lactancia materna, se sugiere mantenerla.
A esta edad el niño o niña es capaz de manifestar sensaciones de hambre y saciedad, aceptando o rechazando los alimentos. La neofobia (rechazo inicial a los nuevos alimentos) es un fenómeno esperado a esta edad.
En cuanto a la consistencia se recomienda papilla o puré suave, sin grumos ni trozos, que pueden aumentar el reflejo de extrusión (donde el niño empuja hacia afuera con su lengua lo ofrecido). Las cantidades que inicialmente aceptan son pequeñas y van aumentando al ir creciendo. momento de servir. De postre, fruta (cruda), sin añadir azúcar ni miel (no se recomienda su administración en menores de 2 años, por el riesgo de una enfermedad llamada botulismo). En cuanto al orden de incorporación de las distintas proteínas, las recomendaciones han ido variando en el tiempo.
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Retrasar al máximo el inicio del consumo de golosinas, evitando en los dos primeros años de vida los jugos envasados o bebidas, galletas, cereales azucarados, chocolates, helados y productos salados. En esta etapa, como la velocidad de crecimiento es menor que en el primer año de vida, los requerimientos de energía son menores. La dentición avanza, por lo que cada vez se pueden ofrecer alimentos de mayor consistencia.
Sí continúa con lactancia materna, mantenerla, complementada con alimentos sólidos. Se recomienda establecer 4 tiempos de comidas principales: desayuno, almuerzo, once y cena, suspendiendo las leches en horario nocturno si es que está con fórmula artificial. Se puede dar colación a media mañana si es que habrá más de 4 horas entre desayuno y almuerzo. El objetivo es que la alimentación cubra los requerimientos para su crecimiento y desarrollo adecuados.
El desayuno es un horario de suma importancia a toda edad. Se ha demostrado que la primera comida del día ayuda a los niños y niñas a pensar con rapidez, prestar atención y comunicarse de forma apropiada con el entorno. Las colaciones no son necesarias si no van a pasar más de 4 horas sin alimentarse.
Métodos de Alimentación Complementaria
En los últimos años el método BLW (Baby Led Weaning/ Alimentación guiada por el bebé) se ha hecho más conocido, y hoy en día es el escogido por muchos padres para iniciar la alimentación sólida de sus hijos. BLW se basa en los principios de la alimentación perceptiva, en la cual se respetan las señales de hambre y saciedad del bebé, y se promueve la autorregulación de la ingesta alimentaria (2). Los padres deciden qué alimentos ofrecer, dónde y cuándo hacerlo; y los lactantes usan sus propias manos para decidir qué alimentos seleccionar y en qué cantidad consumirlos (1).
BLW presenta beneficios que son reconocidos principalmente por los cuidadores que usan el método. Describen mayor autonomía y disfrute al alimentarse; mayor participación en las comidas familiares; y menor irritabilidad y selectividad con los alimentos. En paralelo, existen 3 preocupaciones principales asociadas a su uso: el riesgo de asfixia, el déficit de hierro en la dieta y el retraso del crecimiento.
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BLISS: Una Modificación del BLW
BLISS (Baby Led Introduction to Solids/ Introducción de sólidos dirigida por el bebé) conserva la esencia del BLW, en la cual el bebé elige qué y cuánto comer, pero que asegura el consumo de un alimento rico en hierro, uno en energía y una fruta o verdura.
Para sortear esta preocupación asociada al BLW, el método BLISS incluye que los cuidadores consideren un alimento rico en hierro en cada comida del bebé desde su inicio, y ojalá asociado a algún alimento rico en vitamina C para optimizar su absorción.
👶ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA ¿Vale la pena? Método BLW/BLISS
Un estudio conducido el año 2017 buscó determinar si el uso del método BLISS, al promover la autoalimentación, podría mejorar la autorregulación energética y reducir el riesgo de obesidad en comparación con la alimentación tradicional con papilla. El resultado (outcome) primario fue el Z score IMC/E (crecimiento pondoestatural) y resultados (outcomes) secundarios fueron la autorregulación energética, comportamientos relacionados a la alimentación y la ingesta energética.
Para medir los outcomes se usó el IMC Z score por edad, cuestionarios alimentarios y registro de dieta de 3 días respectivamente. BLISS presentó beneficios en algunos comportamientos relacionados con la alimentación, los que fueron medidos mediante cuestionarios realizados a los cuidadores principales.
Los estudios que se presentarán en este artículo fueron realizados en base a un ensayo clínico randomizado conducido en 2015. Para este estudio se reclutaron 206 familias de un Hospital de Dunedin, Nueva Zelanda, cuyas madres estaban cursando su tercer trimestre de embarazo. Las familias fueron randomizadas en un grupo de intervención (método BLISS) y en un grupo control, y se les hizo seguimiento a los 12 y 24 meses.
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Arcadas: grupo BLISS mostró un mayor número de episodios de arcadas a los 6 meses de edad versus el grupo con alimentación tradicional. Esta diferencia fue estadísticamente significativa tanto en la medición con calendario (RR 1.17, IC 95%, 1.05 - 1.31) cómo con cuestionario (RR 1.13, IC 95%, 1.01 -1.26). En el resto de las edades no se observaron diferencias significativas.
Consumo de alimentos “restringidos” por su riesgo potencial de asfixia: tanto los lactantes del grupo BLISS como los del grupo de alimentación tradicional recibieron un elevado porcentaje de alimentos con alto riesgo de asfixia a los 7 y 12 meses de edad, sin diferencias estadísticamente significativas entre grupos. Hubo muy pocos casos de episodios de asfixia que requirieron asistencia médica. Estos fueron secundarios a la ingestión de leche o introducción de alimentos por parte de un adulto en la boca del bebé.
No hay diferencias estadísticamente significativas en los riesgos de asfixia. BLISS se asoció a un número mayor número de arcadas a los 6 meses de vida (momento en el que se inicia la alimentación complementaria). No hay diferencias estadísticamente significativas en el crecimiento pondoestatural, prevalencia de obesidad ni ingesta energética.
En 2018 se condujo un estudio destinado a determinar el impacto del uso del método BLISS versus la alimentación tradicional con papilla en la ingesta de hierro y pruebas de laboratorio asociadas.
Parámetros de laboratorio: BLISS v/s alimentación tradicional con papilla no mostró diferencias estadísticamente significativas en los distintos indicadores de niveles de hierro medidos a los 12 meses por una muestra sanguínea.
Algunos profesionales han mostrado preocupación con respecto a que los bebés que usan el método BLW puedan presentar mayor riesgo de retraso del crecimiento ya que consideran que los primeros alimentos ofrecidos al usar este método son de baja densidad energética. En el método BLISS, a diferencia del BLW, se educa a los padres para que en cada alimentación ofrezcan al menos un alimento rico en energía.
Autorregulación energética y comportamientos alimentarios: BLISS presentó beneficios en algunos comportamientos relacionados con la alimentación, los que fueron medidos mediante cuestionarios realizados a los cuidadores principales.
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