Chile, al igual que muchos países, enfrenta un aumento creciente de niños y adultos con sobrepeso y obesidad, situándose entre los países con mayor prevalencia de obesidad infantil a nivel mundial. La principal causa de la obesidad es el exceso de ingesta de energía en comparación con el gasto, influenciado por factores sociales, genéticos y ambientales.
El rápido aumento de la obesidad infantil en Chile sugiere que los factores genéticos no son la causa fundamental del problema, ya que el patrimonio genético ha permanecido relativamente estable en el tiempo.
Ejemplo de semáforo nutricional aplicado a alimentos escolares.
El Proyecto de Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos
El Proyecto de Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos, basado en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pretendía establecer la entrega de información clara y sencilla acerca de la composición nutricional de los alimentos, facilitando su selección e incentivando a las empresas a producir alimentos más saludables.
Este proyecto fue extensamente discutido y sometido a una discusión pública con autoridades de salud, académicos y miembros de la sociedad civil en marzo de 2007, durante la Cumbre de Nutrición de Valparaíso.
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El Problema de la Mala Alimentación
La mala alimentación condiciona la obesidad infantil y determina la aparición de otras enfermedades crónicas (hipercolesterolemia, hiperinsulinemia, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial) en una etapa precoz de la vida. Se estima que todas estas enfermedades se incrementarán aún más en las próximas generaciones, determinando mayores necesidades de atención médica.
Para enfrentar esta epidemia de obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles, existen dos vías: el enfoque curativo tradicional o la prevención primaria, que traslada el enfoque desde una responsabilidad individual a una de mayor responsabilidad social. Para el enfoque preventivo, lograr que la alimentación sea saludable es determinante.
Numerosos estudios muestran que los chilenos optan cada vez con mayor frecuencia por alimentos industrializados, con un alto porcentaje de grasa, grasas saturadas y trans, sal y azúcar, listos para el consumo o de fácil preparación, convirtiéndose en una alimentación poco saludable y desbalanceada, baja en verduras y frutas y con componentes riesgosos para la salud.
La Ley de la Oferta y la Demanda
La ley de la oferta y la demanda establece que a mayor demanda del bien existirá un mayor precio y que una menor demanda hará que los precios caigan. Pero a diferencia de las frutas y verduras, esto no aplica a este tipo de alimentos procesados porque cuando su demanda aumenta, los precios caen producto de un mayor volumen de producción, que permiten a las empresas aumentar sus ganancias por volumen de ventas, aún cuando el precio por volumen unitario sea menor.
No sólo el precio es determinante en la selección de estos alimentos. La mezcla de grasa, azúcar y sal, utilizada como un poderoso saborizante, cambia las preferencias alimentarias, especialmente de los niños, generando comportamientos cercanos a lo adictivo, desplazando el consumo de frutas, verduras y comida casera que no tienen los atractivos sensoriales de los industrializados.
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Si a esto agregamos su atractiva forma de comercialización con envases llenos de colores, en diferentes formatos, asociados a promociones, regalitos, figuritas y una potente publicidad en los medios masivos, la oferta es casi imposible de resistir.
El "Semáforo Nutricional" y su Exclusión
Una vez presentado este proyecto de ley en el Congreso algunos artículos fueron excluidos tempranamente, como el que permitía el uso del “semáforo nutricional”, cuyo objetivo era ayudar al consumidor a identificar alimentos saludables, pero que según las empresas significaba estigmatizarlas y constituía un atentado contra la libertad de comercio.
El juego no puede ser más desigual para los consumidores. Las empresas pueden producir a su gusto, sin informar adecuadamente, con rotulados incomprensibles, con campañas millonarias de publicidad, con psicólogos, antropólogos y neurofisiólogos estudiando el comportamiento de compra de niños y adultos para optimizar las ventas.
El resto de los chilenos debemos conformarnos con débiles campañas de alimentación saludable y promoción del deporte, que no alcanzan a informar adecuadamente la complejidad de la alimentación y los factores psicosociales involucrados que median en la alimentación y los estilos de vida.
Así, en la larga discusión del proyecto de ley muchos artículos originales fueron limitados o suprimidos, convirtiéndose en un proyecto diferente al original y que no cumplía con los objetivos iniciales.
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Afortunadamente, muchos de los artículos fueron repuestos en la Comisión Mixta parlamentaria que volvió a revisar el proyecto. Así llegó esta semana a su votación final en el Senado.
Los chilenos necesitamos este Proyecto de Ley, queremos saber qué comemos, queremos que nos ayuden a cuidar la salud de nuestros niños, que se elaboren alimentos saludables y que prime el bien común por sobre los grandes intereses corporativos.
Una ley que ha pasado por vetos, presiones de la industria y constantes cuestionamientos por especialistas en nutrición. Al mismo tiempo, también ha sido reconocida a nivel mundial, valorada por la ONU y replicada en varios países de Latinoamérica y otras latitudes.
La Ley 20.606 y el Etiquetado Frontal
La Ley 20.606 sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad obliga a los fabricantes de alimentos envasados a indicar en la etiqueta los ingredientes utilizados, su información nutricional y los contenidos de calorías, azúcares, sodio y grasas saturadas.
Además, la legislación hizo que los alimentos que superen ciertos límites establecidos deben rotularse como "alto en" dependiendo del caso. A esto, también se sumaba la prohibición de publicidad dirigida a menores de 14 años de los alimentos con altos índices en ingredientes nocivos y la entrega de regalos, concursos, juguetes o caricaturas asociadas en productos con sellos.
"Cuando fui director del Sesma, en los 90, me tocó hacer cumplir que las industrias cumplieran con las normas de emisión. Ahí se me ocurrió clasificarlos en un semáforo y publicarlos en los medios de comunicación todas las semanas, para que se expusieran a la sanción pública. El 90% era amarilla y roja, y en seis meses no había ninguna roja, producto de la presión mediática", recuerda Guido Girardi.
El político ocupó esa idea para replicarla en alimentos procesados, pero su visión era que fuera una especie de semáforo advirtiendo sobre los componentes más nocivos para la salud. Según cuenta Girardi, junto a Ricardo Uauy redactaron el proyecto de ley con la intención de que se denunciara visualmente a los productos procesados con exceso elementos nocivos para la salud. Si las cantidades de estos disminuían con el tiempo, los sellos podían ser quitados.
"Fue la propia Presidenta Bachelet quien nos pidió que sacáramos el semáforo de la ley, debido a las presiones de la industria", recuerda Girardi. Durante su primer gobierno, se les pidió modificar el proyecto para que no aparecieran estas señales de colores rotuladas en los envases.
Luego de eso, la ley pudo ser promulgada en 2012, pero el mandatario de ese entonces, Sebastián Piñera, vetó la iniciativa. El veto fue quitado en el segundo periodo de Michelle Bachelet, pero ahora se debía redactar el reglamento a la ley. Ésta decía que debía tener un etiquetado frontal, pero no especificaba cuál ¿Se debía volver a la simbología del semáforo?
Girardi y Uauy estaban convencidos de que esa era la opción, pero una serie de focus groups a niños y niñas a lo largo de todo Chile les dijo otra cosa: "Les mostramos una serie de figuras, de todos colores y formas. Para nuestra sorpresa fueron los niños quienes nos dijeron que entendían el octágono negro mucho más efectivo que los semáforos. Fue así que la Ley de Etiquetado de alimentos entró en funcionamiento en 2016, y en el intertanto la idea se ha replicado en Perú, México, Brasil, Uruguay y muchos otros países de América Latina y el resto del mundo. Incluso, la norma obtuvo el reconocimiento por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Ejemplo de etiquetado frontal en Chile con octágonos negros.
Hasta 2019 la norma tuvo un avance progresivo en las cantidades máximas de sal, azúcar, grasas y calorías para no tener sellos. ¿Se debía contar por cada porción del producto o por 100 gramos del mismo?
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reflejó que en 2019, el 34,1% de los adultos chilenos presentaron obesidad, mientras que el 44,5% de la población infantil también presentó rasgos de esta condición.
"Hay que darle importancia también a los niños que están dejando de comer, o que están desarrollando Trastornos de Conducta Alimenticia (TCA). Antes de la pandemia podía ver dos personas con TCA al año, y ahora veo dos al día. Según detalla, la gente trata de evitar estos productos que tienen octágonos negros "pero no saben muy bien por qué. Solo lo atribuyen como algo malo, sin saber la contribución que pueda tener cada alimento. Hay alimentos que pueden ser altos en calorías, pero también están fortificados en vitaminas que son más importantes.
La psicóloga infantojuvenil de Clínica Vidaintegra, Karina Navarro, incluso postula que estos sellos han generado una mayor inseguridad en jóvenes a la hora de elegir sus alimentos. "Y si miramos la culpa de una perspectiva psicológica, esto puede afectar emocionalmente. Ahí se puede originar un trastorno de conducta alimenticia (TCA), tanto en cuadros de anorexia como de obesidad provocado por 'atracones'".
No obstante, Girardi es férreo defensor de su iniciativa que lleva 10 años desde su promulgación y 6 desde que comenzó a aplicarse. "Si fuese una mala ley, no habría sido replicada en muchas partes del mundo", sostiene.
De hecho, académicos de la Universidad de Chile y Universidad Católica realizaron un estudio que buscó resolver cómo cambia la decisión del consumidor cuando se enfrenta a un producto con los sellos versus cuando no está con sellos.
Además, una investigación desarrollada en la Universidad de Stanford analizó las principales conductas y efectos sobre las políticas en la Ley de Etiquetados.
¿Qué Falta Entonces?
Por su parte, el Dr. Javier Vega, nutriólogo de la Red UC-Christus, expresa que los sellos "si bien, creo que ha servido, el gran problema es que el octágono es restrictivo y no hay alimentos que tengan 'sellos verdes', por así decirlo. No hay alimentos que nos digan que son más saludables, o que tienen un mayor aporte de nutrientes, sino que nos quedamos con lo prohibitivo".
Paulina Mella complementa que actualmente se enfrenta la alimentación desde otro punto de vista. "Se busca más educar a las personas sobre alimentos, que darle una lista de alimentos prohibidos". Además, la especialista destaca que es necesario remarcar los aspectos positivos de los alimentos.
Pero los octágonos negros no son los únicos de su tipo. Actualmente existen otros tipos de etiquetado de alimentos en el mundo que siguen distintas lógicas a las aplicadas en Chile.
En los países nórdicos, por ejemplo, los productos con alto contenido de elementos perjudiciales para la salud lleva la imagen de un cerrojo negro, mientras que los que tienen un aporte nutritivo importante llevan mismo ícono de color verde.
Pero Girardi insiste que dichas experiencias se deben a que "el lobby está ganando la pelea. Ellos prefieren el semáforo, porque en todas partes del mundo están empezando a tener los discos negros y se están apurando para no tenerlos también. Si saben que Latinoamérica tiene los discos negros, y si la iniciativa está apoyada por la FAO y la ONU, se va a avanzar en esa dirección", cierra.
Aunque claro, también reconoce la necesidad de educar e incrementar el consumo de alimentos más saludables.
CÓMO LEER TABLAS NUTRICIONALES DESDE CERO +SELLOS O MARCADORES DE ADVERTENCIA (ETIQUETADO FRONTAL)
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