Los problemas para dormir se han hecho aún más recurrentes en este último tiempo de pandemia. El sueño reparador es vital para nuestro organismo y para nuestra salud. Tanto así, que si no dormimos simplemente fallecemos. Realizar una “limpieza nocturna”, eliminando todos los productos de desecho de la neurona.
Una neuróloga advierte que los fármacos generan tolerancia, por lo que, con el paso de los días, la misma dosis ya no hace efecto y es necesario aumentarla progresivamente produciendo riesgo de dependencia. Estos productos pueden ser usados tomando en cuenta la edad de cada paciente, ya que es muy distinto si se trata de un niño o un adulto. “Lo importante es ingerirlos en la dosis y horario adecuados, ya que de eso dependerá el efecto de muchos de ellos.
Asimismo, afirma que el tratamiento farmacológico es siempre de última elección. Si no han funcionado las medidas de higiene de sueño, lo ideal sería continuar con una terapia psicológica especializada llamada Terapia Cognitiva-Conductual para el Insomnio. Terapia consiste en sesiones acotadas que ayudan a reprogramar el cerebro y el reloj biológico para que aprenda nuevamente a dormir. “Solamente se podría considerar la opción de usar fármacos si, además del insomnio, se presenta un cuadro de ansiedad generalizada u otro trastorno del ámbito emocional cuya causa esté bien identificada.
El dormitorio debe ser el “santuario” del descanso, evitando usarlo como oficina o centro de operaciones. Y es que si no producimos melatonina, automáticamente se activan las neuronas que aumentan el estado de alerta, desincronizando nuestro reloj biológico y deteriorando nuestra calidad de vida.
Esto se debe a que la hormona melatonina, que fomenta el sueño y es secretada por el cuerpo en forma natural en respuesta a la completa oscuridad, también ayuda a producir “grasa beige”, que son células grasas que queman calorías. Así lo determinó un estudio publicado en Journal of Pineal Research y recogido por la revista de salud femenina Women’s Health, el cual llegó a esta conclusión tras un experimento en que se alimentó a 16 ratas con dietas idénticas, excepto por una diferencia: unas bebieron agua con melatonina, mientras otras bebieron agua normal.
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Al final del estudio, los investigadores examinaron las grasas blancas (las que se almacenan) y beige (las que queman calorías) en los animales. Fue así como determinaron que las ratas que bebieron agua con melatonina tenían más grasa beige y quemaron más calorías a pesar de que sus dietas no cambiaron.
Al respecto, el coautor del estudio Russel Reiter, profesor del Departamento de Biología Celular y Estructural de la Universidad de Texas, señaló que la melatonina puede estimular la producción de grasa beige e incluso convertir un poco de grasa blanca en beige. Reiter, que cree que estos efectos pueden traducirse en los seres humanos, indica que la melatonina podría ser la clave para quemar más calorías sin hacer dieta.
Pero para que no gastes en medicamentos innecesariamente, puedes aumentar tus niveles de melatonina en el cuerpo, simplemente apagando todas las luces en la noche, usando una cortina que no deje pasar la luz, y desactivando o cubriendo aparatos electrónicos que puedan emitir luz, como televisores, computadores o celulares.
Científicos españoles han descubierto que el consumo de melatonina ayuda a regular el aumento de peso porque estimula la aparición de ‘grasa beige’, un tipo de células grasas que quema las calorías en vivo en lugar de almacenarlas. A la luz de los resultados obtenidos en su último trabajo, la clave está en que el consumo crónico de melatonina no sólo induce la aparición de esta ‘grasa beige’ en las ratas obesas diabéticas, sino que aumenta su presencia en los animales delgados que se usaron como grupo control.
La melatonina es una hormona natural que segrega el propio cuerpo humano, y que aumenta sus niveles de forma natural durante la noche (en la oscuridad). También se encuentra en pequeñas cantidades en algunas frutas y verduras como la mostaza, las Bayas del Goji, las almendras y pipas de girasol, el cardamomo, el hinojo, el cilantro y las cerezas.
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Estas observaciones, junto con el elevado perfil de seguridad farmacológica de la melatonina, hacen que esta hormona sea una herramienta potencialmente útil sola o como complemento de la terapia para la obesidad. El estudio, que lidera y coordina el profesor de la UGR Ahmad Agil, demostró que la administración crónica de melatonina sensibiliza el efecto termogénico de la exposición al frío, potencia el efecto termogénico del ejercicio y supone, por lo tanto, una excelente terapia contra la obesidad.
Los autores de este trabajo son los científicos Aroa Jiménez-Aranda, Gumersindo Fernández-Vázquez, Daniel Campos, Mohamed Tassi, Lourdes Velasco-Perez, Tx Tan, Russel J.
Los medicamentos para bajar de peso son fármacos diseñados específicamente para ayudar a las personas a perder peso cuando combinan su uso con dieta y ejercicio. Estos medicamentos pueden funcionar de diversas maneras, como suprimiendo el apetito, aumentando la sensación de saciedad, reduciendo la absorción de grasas o aumentando el metabolismo. Es importante destacar que estos medicamentos están destinados a ser utilizados como parte de un programa integral de pérdida de peso y deben ser recetados y supervisados por un médico.
La salud y equilibrio de la microbiota influyen directamente en el bienestar de nuestras vidas, determinando aspectos como la ansiedad, estado de ánimo y ciclos del sueño. Para Nelba Villagrán, nutricionista Integrativa y naturópata, socia de Ortomolecular Chile, la clave está en el consumo diario de una alimentación natural, basada en vegetales que aportan múltiples micronutrientes y compuestos antioxidantes, además de proveer de fibra para la alimentación de los microorganismos del intestino.
La microbiota es un verdadero órgano en el cuerpo humano. Debemos tener conciencia que no somos un “YO”, sino un “NOSOTROS”, y que estamos constituidos por células y billones de microorganismo que se estiman pueden constituir el 50% de nuestro cuerpo. Existe un Eje Intestino-Cerebro, mediante el cual el intestino se comunica con el cerebro. Es así como el sistema nervioso entérico ubicado en el sistema digestivo, “conversa” con el sistema nervioso central, enviando mensajes al cerebro y recibiendo otros desde el SNC.
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El L-triptófano es un aminoácido esencial que no se produce en el cuerpo, debe ser entregado por la dieta o suplementos. Necesario para el crecimiento normal en los niños, para la producción y mantenimiento de las proteínas, músculos, enzimas y neurotransmisores, para dormir bien, y mantener ciclos de sueño/vigilia, mantener un buen ánimo con menos ansiedad, depresión o estrés, prevenir síndrome pre menstrual, mantener piel saludable.
Los suplementos de triptófano mejoran la calidad del sueño, aumentan la producción de melatonina. La glutamina fortalece sistema inmune, ayuda al intestino para regenerar células intestinales y mucosa, estimula sistema nervioso central, ayuda a evitar pérdida de musculatura. La glutamina es un aminoácido no esencial abundante en el cuerpo de personas sanas, con concentraciones altas en el cerebro, músculos, intestinos, corazón, pulmones, riñón e hígado, por lo que es importante en muchas funciones fisiológicas.
En la actualidad existe cierta evidencia que relaciona la microbiota intestinal con diversas enfermedades neurológicas, entre ellas, Parkinson, Alzheimer, esclerosis múltiple y otras.
Siempre ha llamado la atención el hecho de que, en la mayoría de los casos, los obesos vuelven a subir de peso después de dos o tres años de tratamiento. Los tratamientos contra la obesidad son muy buenos el primer año, regulares el segundo y al tercer año los pacientes vuelven a tener dificultades y desarrollan nuevamente obesidad, a veces peor que la anterior al tratamiento. Por este motivo se suele tratar en forma despectiva a los obesos, diciéndoles que no tienen remedio.
Centros de Regulación de la Alimentación
Hay cuatro centros de regulación: el tronco encefálico, la amígdala cerebral, la corteza y el hipotálamo; este último es el más importante de todos. El tronco encefálico recibe toda la información visceral y está comunicado con los otros centros, sobre todo con el hipotálamo. La amígdala tiene conexiones directas con el hipotálamo y con la corteza orbitofrontal; controla la alimentación por medio de señales de motivación.
La amígdala es muy antigua desde el punto de vista evolutivo: por ejemplo, los reptiles tienen la amígdala de mayor tamaño que los seres humanos; dentro de la cadena animal, sería el centro más antiguo. En la corteza, dos regiones están relacionadas con el problema de la alimentación: una es la ínsula de Reil, una invaginación de la corteza dentro de la parte central del cerebro que tiene la representación cortical de los estímulos viscerales; la otra, más importante, es la corteza orbitofrontal, que tiene una comunicación muy cercana con el hipotálamo y está a cargo de los controles del impulso, del balance emocional y del control alimentario.
El hipotálamo, que es el centro más importante desde el punto de vista nutricional, está ubicado en el centro del cerebro y se comunica con todas las áreas cerebrales y con las glándulas suprarrenales; además, en él se generan las respuestas a los estímulos provenientes de todo el organismo. Por ejemplo, cuando una persona come y siente saciedad, ya no quiere comer más, pero si le ofrecen un postre, lo acepta. Esto se debe a que esta zona manifiesta el fenómeno de saciedad sensorial en forma específica y además hace pensar en algo grato; por ejemplo, cuando se tiene frío y se piensa en tomar un chocolate caliente, incluso se ve la imagen.
La corteza orbitofrontal es la que posee las neuronas que permiten este tipo de pensamiento y, además, genera las sensaciones del gusto y el olfato; por lo tanto, todo lo hedónico relacionado con la idea de comer nace en esta zona. Ciertas asociaciones visuales tienen refuerzos; de hecho, estos estímulos hedónicos producen una gran cantidad de dopamina, la que origina una sensación de bienestar y la persona se siente muy reconfortada cuando piensa en este tipo de alimentos, sobre todo en el caso de los obesos.
La dopamina tiene receptores en el hipotálamo, el cual inhibiría la acción dopaminérgica por mecanismos que aún no están claros, pero se ha demostrado que los receptores dopaminérgicos del hipotálamo tienen una relación inversa con el índice de masa corporal (IMC): a mayor IMC hay menos receptores dopaminérgicos. Por eso las personas con IMC elevado no presentan inhibición cuando tienen este tipo de sensaciones.
La corteza frontal responde en forma diferente en individuos obesos y en los delgados. En éstos, después de ingerir alimentos hasta saciarse, la actividad cesa; en cambio, en los obesos la actividad continúa. Si en ese momento se le pregunta al obeso cómo encuentra el alimento, responde rico; el delgado dice que ya no quiere más. O sea, la saciedad se ocasiona cuando ya no se quiere saber más del estímulo, pero en el obeso se mantiene el estímulo y el individuo es capaz de seguir comiendo.
Estudios con SPECT han demostrado que, frente a la exposición de comida, en los obesos hay un gran aumento, casi al doble, de la actividad de la corteza orbitofrontal, lo que significa que hay un mecanismo orgánico por el cual el obeso, en especial el obeso mórbido, tiene alterada esa inhibición.
El hipotálamo, como ya se dijo, es el centro más importante desde el punto de vista nutricional. Se dice que el hipotálamo lateral es el centro del hambre, que el hipotálamo central contiene el centro de la saciedad y que, en la respuesta alimentaria del hipotálamo y en el gasto energético, las vías aferentes serían el sistema nervioso autónomo y las hormonas tiroídeas. Cuando aumenta la ingesta, de inmediato aumentan el gasto energético, mediante la actividad física, el efecto térmico de la alimentación, la triyodotironina y la actividad del sistema simpático, y disminuye la actividad del parasimpático.
En cambio, cuando disminuye la ingesta y se produce una baja de peso, disminuye el gasto energético y se afecta el resto de los componentes mencionados. El hipotálamo recibe la información de casi todo el organismo, de neuropéptidos y monoaminas, y a través de sus eferencias al sistema nervioso va a producir un gasto o ahorro energético para mantener el peso corporal. También está relacionado con el aumento o la disminución de la ingesta.
Regulación Neuroendocrina
A continuación se analizan los principales elementos relacionados con la regulación de la alimentación. La leptina es una hormona cuyo aumento a nivel central disminuye el apetito. Cuando disminuye la leptina, aumenta el neuropéptido Y(NPY) y aumenta el apetito. La leptina también informa cómo están los depósitos grasos, información que va directamente al hipotálamo, ya que éste tiene receptores para leptina.
La insulina, otro neuropéptido muy importante que se produce en el páncreas, inhibe la alimentación a nivel central, en el hipotálamo; pero a nivel periférico, debido a su acción de ingresar la glucosa a las células, desencadena sensación de hambre porque disminuye la glicemia. La grelina, que se produce en el estómago cuando está vacío, tiene una acción estimulante del apetito y además reduce la actividad física. El péptido YY3-36 se produce a nivel del colon cuando llega el alimento a esa zona y es un inhibidor de la alimentación. La interrelación entre todos estos factores determina, en el momento de la alimentación, cuánta cantidad se va a comer y cuánta energía se va a gastar.
Según una hipótesis sobre cómo funciona la regulación del apetito, los estímulos ambientales llegan al cerebro y originan una conducta de comer, pero el cerebro además tiene una regulación endógena, por intermedio del hipotálamo. La ingesta, digestión y absorción desencadenan el envío de señales al hipotálamo y se causa saciedad; lo mismo con lo que va a los depósitos, que también envían su mensaje al hipotálamo y originan saciedad o apetito según la situación.
Entre los problemas que enfrentan los obesos para bajar de peso está el del set point, como se denomina un mecanismo que tiene el organismo para mantener el peso; es algo similar a un termostato del peso, que está ligado al hipotálamo y que explica la capacidad de los seres vivos de mantener el peso estable, a pesar de las grandes variaciones diarias de alimentación, tanto en la ingesta como en el gasto. Si se ingiere un millón de calorías al año, sólo se puede engañar al set point en 0,3%, lo que equivale a alrededor de 10 kilos en 30 años. Para cambiar esta relación, se debe engañar y modificar el set point.
Mecanismos de Adaptación
¿Por qué es tan difícil bajar de peso? Si disminuyen las calorías, de inmediato surge un alerta, como si fuera un problema de desnutrición extrema y el organismo tiende a defenderse con rapidez: disminuyen las concentraciones plasmáticas de insulina y leptina, y aumenta la grelina. Al disminuir la leptina y la insulina se estimula el NPY y aumenta el apetito, el que aumenta aún más debido a la acción de la grelina. Así se genera una respuesta de adaptación a la desnutrición y la persona siente necesidad de comer más.
Por otro lado, disminuye el gasto energético y metabólico; la musculatura comienza a debilitarse y disminuye la actividad física. El debilitamiento de la musculatura se debe a que cuando bajan las calorías no sólo se consumen grasas sino también los músculos, por lo cual disminuye también la masa magra. Además se activa la enzima lipoproteína lipasa que captura los ácidos grasos y los reintroduce al interior de las células, con lo que se favorece la adipogénesis y la recuperación del peso. Por tanto, cuando disminuye la ingesta, de inmediato funcionan mecanismos compensatorios, más intensos cuando la baja de peso es muy brusca.
En la historia clínica del paciente hay antecedentes que orientan a una mayor facilidad o algún tipo de programación para ser obeso en la etapa adulta. A continuación se analizarán estos factores pronósticos.
La Obesidad Materna Durante la Gestación y el Primer Año de Vida
Este es un factor cada vez más importante, ya que en Chile la prevalencia de obesidad en las embarazadas ha variado a lo largo de los años y en los 15 últimos años ha habido un aumento de 161%; en este momento, la prevalencia supera 50%. En estas condiciones, el feto sufre una sobrecarga nutricional importante y, en consecuencia, aumenta la producción de insulina y por ende el trabajo del páncreas; este órgano queda programado a futuro y aumenta la susceptibilidad a diabetes. Además, durante la gestación sube el factor de crecimiento insulínico y estos fetos alcanzan un peso más alto.
Se ha observado que estas madres no son obesas sólo durante la gestación, sino también durante los primeros años de vida y en varios estudios se demuestra que la obesidad de la madre en el primer año de vida causa una verdadera programación en el niño, ya sea porque le da una alimentación más abundante o porque la madre obesa no establece un apego seguro, es más impaciente, tiene cierto grado de depresión que no siempre es clínica, por todo lo cual la relación con su hijo no es óptima. En la clínica Tavistock se han realizado varios estudios con madres obesas y se ha demostrado que en estas madres el índice de lactancia es inferior al de las madres normales: la mayoría de ellas amamantan sólo dos o tres meses y algunas no amamantan ni siquiera un mes. Este es un dato importante, porque el vínculo que establecen con el lactante no es de los mejores.
El Peso de Nacimiento
El peso de nacimiento es importante, no sólo para los niños grandes para la edad gestacional. En los niños pequeños para la edad gestacional (PEG), es decir, que han sufrido desnutrición fetal, también surgen mecanismos de adaptación que llevan a daños irreversibles en los distintos órganos, según lo que postula la llamada hipótesis de Barker, que se comprobó en niños cuyo peso de nacimiento fue menor de 2.900 g. Actualmente, en Chile, el porcentaje de desnutrición fetal es 6%, similar al de los países desarrollados y a diferencia de países como la India, donde el porcentaje de desnutrición fetal es de 30%.
Sin embargo, se ha visto que cuando mejoran las condiciones ambientales nutricionales y aumenta el sedentarismo, la diabetes se dispara; de hecho, la cantidad de diabéticos en India es impresionante y se cree que ese país podría llegar a albergar a la mitad de los diabéticos del mundo. La desnutrición fetal, mediante mecanismos de adaptación, sobre todo por el hiperinsulinismo, causa cambios metabólicos a nivel hepático que conllevan un aumento del colesterol total, del LDL, del fibrinógeno y cambios estructurales en el corazón, vasos y riñones, los que a su vez desencadenan hipertensión arterial.
Además, se originan cambios en el eje hipófisis-suprarrenal, la hormona del crecimiento, el páncreas y los músculos, los que van a favorecer la aparición de diabetes mellitus tipo 2. También se originan cambios en el tejido adiposo que favorecen la obesidad. En conjunto, todos estos mecanismos conducen a un aumento de la cardiopatía vascular. Lo importante es que estos niños con bajo peso de nacimiento tienen una programación que en condiciones ambientales adversas y de sedentarismo, aumenta el riesgo de obesidad, por tanto, si no se adopta medidas para protegerlos, probablemente serán obesos.
Otro dato descrito es que los recién nacidos alimentados con fórmula, cuyo peso aumenta exageradamente durante los 8 primeros días de vida, también sufren una programación. En 2005 apareció un artículo en Circulation acerca del estudio realizado en una cohorte europea, en el cual se concluyó que estos niños tienen mayor tendencia a la obesidad entre los 20 y los 30 años; por lo tanto, los primeros días de alimentación son importantes (Stettler y col. “Weight Gain in the First Week of Life and Overweight in Adulthood. A Cohort Study of European American Subjects Fed Infant Formula”, Circulation 2005;111:1897-1903). En estudios realizados en lactantes menores, sobre todo desnutridos, se ha demostrado que los niños que suben de peso bruscamente también tienen mayor tendencia a ser obesos durante la adolescencia y en la etapa adulta. También se debe considerar estos factores para prevenir la obesidad.
Vínculo y Apego
El apego es un proceso que comienza desde el momento de la concepción, se estabiliza alrededor de los dos años de edad y dura toda la vida. En él intervienen la aceptación de la maternidad, las características sicológicas de la madre y del niño, y el desarrollo de la relación madre-hijo, entre otros factores. El establecimiento y desarrollo de la relación madre-hijo son fundamentales, porque la relación madre-hijo es la relación primaria. Cuando el niño nace tiene muchas características importantes, pero la principal es que durante su primer año es moldeable y las condiciones en que se realiza el vínculo van a determinar cambios que probablemente durarán toda la vida. Por eso, la forma de alimentar al niño durante su primer año de vida tiene gran repercusión en el futuro.
El apego comienza en el momento de la concepción. Es muy importante que la madre acepte su embarazo de buena manera y tenga una relación estable que le permita soportarlo y tolerarlo mejor. Luego, el recién nacido no es un ser indefenso, tiene capacidades vestibulares que le permiten incluso colocarse de cabeza para poder nacer de manera adecuada, además de capacidades olfativas y gustativas. En estudios realizados en recién nacidos menores de una semana de edad se ha demostrado que al tercer o cuarto día son capaces de distinguir su leche materna de la de otras madres. Al colocar una gasa con leche de su madre a un costado y gasas con leche de otras mujeres al otro lado, el recién nacido mueve la cabeza hacia la gasa con leche de su madre. Más importante que lo anterior es el hecho de que los recién nacidos tienen percepción amodal, es decir, un estímulo que ingresa por un sentido lo captan todos los demás sentidos en forma integral.
Por ejemplo, a recién nacidos con los ojos vendados se les hizo succionar un chupete con una rugosidad especial y después se les mostró tres chupetes distintos: liso, cuadrado y rugoso, y se observó que los recién nacidos miraban el chupete con rugosidad; o sea, podían reconocer lo que habían sentido en la boca.
