A continuación, se analizarán los niveles actuales de sedentarismo en la población infantil, se verán formas de evaluar la actividad física y se darán algunas recomendaciones sobre las necesidades actuales de energía y actividad física.
El balance de energía es la diferencia entre la ingesta energética y el gasto energético, y está dado por el metabolismo basal, la termogénesis de los alimentos, la actividad física y el crecimiento durante la niñez, embarazo y lactancia (Fig. 1). De éstos, la actividad física es el componente más modificable.
Figura 1. Requerimiento energético diario.
El gasto energético se puede calcular de múltiples maneras y esto permite estimar la necesidad de energía de una persona y establecer las recomendaciones de aporte energético para la población.
Las recomendaciones publicadas en 2001 se basaron en la estimación del gasto energético basal, que se efectuó mediante las mismas ecuaciones utilizadas en 1985.
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La actividad física corresponde a entre 15% y 30% del gasto energético total, de modo que una intervención a este nivel ayudaría a mejorar las cifras de gasto energético. Para esto hay que establecer el patrón de actividad física, que es el elemento más modificable en las patologías que conducen a un aumento de la grasa corporal, como la obesidad.
Actividad Física en Niños
Datos obtenidos entre 1994 y 1998 en el NHANES (National Health and Nutrition Examination Survey) revelan que, en los Estados Unidos, al menos 26% de los niños ven televisión cuatro horas al día, y que el subgrupo compuesto por población mexicano-americana y afro-americana ve muchas más horas que los niños caucásicos.
Estudios nacionales realizados por Kaín y Gattas, en el INTA, han establecido que en Chile los niños ven entre tres y cuatro horas de televisión al día, desde la etapa preescolar.
En la actualidad está vigente una campaña de estímulo de la actividad física longitudinal, iniciada en 2002, dirigida a niños de 9 a 13 años. Los resultados iniciales mostraron que 61,5% de los niños no participaban en una actividad física continua que se pudiera catalogar como deporte, desde el punto de vista extracurricular, y que 22,6% no participaban en ninguna actividad física.
Con un sensor de movimiento se evaluó la actividad física en niños de tres a cinco años al interior de un jardín infantil, durante las ocho horas que duraba la estadía de los niños, y se observó que alrededor de 60% de los niños obesos y con estado nutricional normal realizaban una actividad mínima, definida como estar sentado o durmiendo (Fig. 2). Se definió como actividad sedentaria estar parado, con poco movimiento.
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Figura 2. Patrón de actividad física en el jardín infantil (niños varones 3-5 años). Datos JUNJI. Proyecto ICENAF.
La actividad liviana fue algo menor en los niños obesos, pero la única diferencia significativa entre los niños obesos y normales se produjo en la actividad moderada a intensa, como correr, trotar y saltar.
En la práctica hay varios problemas: el niño obeso no sólo encuentra dificultades para moverse por tener mayor masa corporal, sino que además, en los jardines infantiles se le estimula menos, porque se cree que es un niño que no puede correr, lo que evidentemente es un error.
Atalah y sus colaboradores aplicaron un cuestionario en la zona de Aysén y encontraron que los niños hacían 0,5 horas diarias de actividad física no categorizada, caminaban seis cuadras al día y veían dos a tres horas de televisión al día; en Santiago, en cambio, los niños prácticamente no caminan.
Las horas de televisión se utilizan como medida de sedentarismo infantil, a nivel internacional. Un trabajo realizado por Robinson demuestra que si se reducen las horas de televisión y de juegos electrónicos, disminuye el sedentarismo.
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Según un trabajo publicado por Juliana Kaín, 30% de los niños y 15% de la niñas de ocho años de edad con estado nutricional normal tenían un estado físico adecuado, según la prueba de Navette de resistencia aeróbica; en cambio, sólo 15% de los niños y 4% de las niñas con exceso de peso tenían un estado físico adecuado, situación bastante grave, porque se trata de niños y niñas cuyo estado físico no está establecido todavía.
El estado físico se encuentra muy asociado con la salud, ya que influye sobre la resistencia a la insulina y la oxidación de las grasas; si se pudiera modificar la actividad física, mejorarían numerosos factores de salud.
En las mujeres el exceso de peso siempre es mayor, pero antes de los nueve años no hay diferencias fisiológicas que expliquen la menor actividad de las niñas, la que se debería a patrones culturales que establecen que por ser niña no debe moverse. Esta actitud se debe desaconsejar, porque las niñas acumulan más grasa corporal que los niños a edades menores, debido a aspectos biológicos; por ello, tanto médicos como especialistas en nutrición deben trabajar con énfasis en las niñas.
En este estudio, 22% de los niños miraban televisión tres horas al día durante la semana y 47% lo hacía 3 horas al día el fin de semana.
EJERCICIO FÍSICO para niños 🏃♂️ Beneficios del DEPORTE en niños 🏋️ Educación física
En un estudio realizado en Chile por la Universidad Católica, se aplicó un cuestionario para determinar cuánta actividad física declaraban los niños. El método podría tener un sesgo, por tratarse de una declaración personal; de hecho, 20% de las adolescentes de 15 años declararon hacer 30 minutos de alguna actividad física cinco veces por semana, resultados dudosos si se comparan con los de otros estudios.
Además, en este trabajo se hicieron tres sesiones semanales de 90 minutos, durante diez semanas, dirigidas a desarrollar la actividad motora de los niños mediante actividades destinadas a mejorar la flexibilidad, caminar, correr y hacer algún tipo de deporte a elección; y se midió el consumo máximo de oxígeno y el nivel de ansiedad y depresión, porque la mejoría de la actividad y condición física deberían mejorar estos factores, que son muy importantes en la población infantil, sobre todo en los niños que tienden al exceso de peso, lo que deteriora su imagen personal durante la adolescencia.
Se comprobó que la actividad física mejoró el nivel de ansiedad, la velocidad con que eran capaces de recorrer cierta distancia y la autoestima; aunque no hubo mejoría en la depresión, quizás porque la intervención fue corta.
Intervenciones para Modificar Factores de Riesgo
En Chile se han realizado algunos estudios dirigidos a modificar factores de riesgo de obesidad y enfermedades crónicas. En uno de ellos, que se efectuó con la colaboración de varias instituciones: Ministerio de Salud (MINSAL), Ministerio de Educación (MINEDUC), Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), Fundación Integra, Chiledeportes, INTA y Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), el principal objetivo fue modificar dichos factores de riesgo en un plazo de cinco años.
Tras dos años de validación, se logró reducir la actividad mínima en 15% en 5 meses, mediante la incorporación de la actividad física en el currículum pedagógico.
Se podría pensar que es un área distante para el médico, pero los pediatras de hospitales y centros de salud deben comenzar a trabajar en conjunto con escuelas y jardines infantiles y verificar que se cumplan con las recomendaciones. En este momento el personal de salud tiene muy poca capacidad y pocos conocimientos para recomendar actividad física; hacen la promoción global de la salud, pero no saben hacer la recomendación específica, que es la necesaria.
Si se interviene sobre la actividad mínima, se obtienen cambios importantes: con una reducción de 15% de la actividad mínima, la actividad liviana aumentó en 9% y la actividad moderada aumentó al doble (Fig. 3). La escuela y el jardín infantil son lugares reconocidos internacionalmente como una población cautiva, en la que es posible intervenir.
Figura 3. Cambio en el patrón de actividad física en niños preescolares en la semana.
Después de dos años se evaluó la variación en la relación peso/talla, en una muestra representativa de 900 niños, de un total de 5.000. Los niños controles subieron en promedio 0,11 desviaciones estándar; en cambio, los niños intervenidos subieron 0,02 desviaciones estándar (Fig. 4), es decir, hubo una diferencia de casi una desviación estándar.
Figura 4. Cambios en la relación peso/talla en preescolares después de dos años de intervención nutricional (desviaciones estándar) (n=900).
Si se mejora la actividad física y los hábitos alimentarios de los niños es posible lograr cambios y ajustarse a la meta de Vida Chile, esto es, reducir en 3% la obesidad de los párvulos entre 2006 y 2010. Por fortuna, la prevalencia de obesidad se ha estabilizado en los párvulos, debido al cambio en la ingesta alimentaria realizado en 2001, en que se redujo el aporte de energía en 10%, según informaciones generadas en nuestro laboratorio.
Estos logros son mayores que los obtenidos en países desarrollados que han invertido 100 millones de dólares en proyectos.
Métodos Sencillos para Evaluar la Actividad Física
No es necesario evaluar todo el tiempo con sensor de movimiento, porque es una técnica compleja. La prueba de marcha de seis minutos se utiliza para evaluar la recuperación en adultos y niños enfermos; nuestro equipo validó esta prueba contra sensor de movimiento y comprobó que representa 50% de la variabilidad en el cambio de actividad física del niño.
Después de validada esta técnica, se aplicó en trece grupos de tres comunas, se comparó a los niños intervenidos para aumentar su actividad física, con niños controles y se encontró que éstos aumentaron en 2,1% su actividad física, mientras que los intervenidos aumentaron en 7,85% (Fig. 5).
La prueba es sencilla: basta con marcar un espacio cada metro y hacer que el niño camine durante 5 minutos, a la máxima velocidad que pueda; puede variar la velocidad si quiere, pero no debe correr.
Figura 5. Cambio en la prueba de marcha de seis minutos, en niños intervenidos versus controles (% metros)
Otro estudio realizado por Juliana Kaín, con el auspicio de Chiledeportes y el MINEDUC, abarcó a alrededor de 3.000 niños.
En los resultados iniciales hubo diferencias significativas en porcentaje de niños con IMC sobre el percentil 95 de la CDC, IMC según z-score y circunferencia de cintura entre los grupos intervenidos y los controles (Tabla 1). Previamente, los niños intervenidos eran un poco más obesos que los controles.
| Variable | Grupo Intervenido | Grupo Control |
|---|---|---|
| IMC > Percentil 95 CDC (%) | Diferencia significativa | - |
| IMC (z-score) | Diferencia significativa | - |
| Circunferencia de Cintura | Diferencia significativa | - |
Tabla 1. Estudio en escolares (8-12 años) (Fuente: Kain J. Int J Obes Relat Metab Disord 2004; 28(4): 483-493).
La intervención consistió en mejorar las horas de actividad física, para que se hicieran efectivamente 45 minutos de educación física, no 20 minutos ni 12 minutos como lo han demostrado datos publicados por la Universidad Católica. Después de cuatro meses de intervención se logró un cambio significativo en los hombres y los controles permanecieron iguales, es decir, la intervención tuvo éxito (Fig. 6). En las niñas, el cambio fue mucho menor.
Figura 6. Prueba Navette hombres.
Evaluación de la Actividad Física
Algunas de las herramientas utilizadas en investigación se pueden usar a nivel clínico para evaluar la actividad física. En un estudio que se hizo en paralelo en Chile y Cuba, se usó un sensor de movimiento que mide en tres dimensiones, al que, aunque es un poco grande para ellos, los niños pequeños se acostumbran con rapidez y se mueven normalmente. El movimiento se mide con lectores de magnitud y se clasifica la actividad según la intensidad.
Si se grafica el movimiento durante una hora se ve con claridad cuando el niño camina, corre en el patio (alrededor de dos minutos) y realiza actividades de juego libre, que son mucho más activas que estar sentado o caminando (Fig. 7).
Figura 7. Actividad registrada en jardín infantil.
Se evaluaron 30 niños, minuto a minuto durante una semana y se clasificó su actividad, según su intensidad, en: mínima, equivalente a dormir, descansar y tener actividad sentado; liviana, que comprende pasear, caminar y andar en bicicleta; moderada, que significa caminar con paso rápido, trotar, andar en bicicleta o triciclo; e intensa, es decir, correr, saltar, trepar y juegos enérgicos, como el fútbol.
Algunas entidades internacionales agrupan la actividad mínima y liviana en una sola categoría: actividad sedentaria.
Hay varios tipos de medidores de actividad física. Uno está especialmente diseñado para el sueño, mide la actividad del sujeto minuto a minuto o cada 15 segundos y es un acelerómetro, por lo que mide cambios de velocidad.
El gasómetro o podómetro está en el mercado desde hace alrededor de 4 años, mide la cantidad de pasos que da el niño y tiene costos variables, entre 25 y 1000 dólares, pero es mejor usar el más barato porque los niños los pierden o los desarman; no mide intensidad, pero según las recomendaciones actuales un niño que camina 12.000 pasos al día es un niño que protege su salud.
Este aparato se puede adquirir en el mercado, pero en los estratos socioeconómicos bajos debería proveerlo el sistema. La ventaja de este instrumento es que permite una medición objetiva de la actividad física y es posible establecer metas para el niño, por ejemplo, fijar un aumento semanal de 500 pasos.
Los adultos normales con ocho horas de trabajo sedentario no sobrepasan los 5.000 pasos, de modo que lograr que un niño mayor de 10 años aumente a 10.000 pasos es un gran adelanto, que el niño puede evaluar, aunque se puede falsear el resultado.
Una de las metodologías que han contribuido a las recomendaciones de energía es la monitorización de ritmo cardíaco, que se hace mediante un sensor que se coloca como una banda que detecta el ritmo cardíaco y un reloj que señala la frecuencia cardiaca y el tiempo transcurrido. El inconveniente de este instrumento es que los botones son muy atrayentes para los niños y ellos tienden a interrumpir la medición, por lo que se debe usar por períodos más cortos.
La medición se realiza durante todo el día, ya que la frecuencia cardiaca aumenta durante el día y disminuye con el sueño (Fig. 8).
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