La menopausia no solo marca el fin de la vida reproductiva, sino que también conlleva un aumento significativo de comorbilidades crónicas. Entre ellas se encuentran las enfermedades cardiovasculares, como la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y la hipertensión arterial (HTA). Además, se produce un incremento en factores de riesgo metabólicos como la dislipidemia, la resistencia a la insulina y la obesidad abdominal.
Todo esto ocurre principalmente debido a un cambio sustancial en la composición corporal durante la menopausia. La pérdida de estrógenos es una de las principales causas de esta alteración en la distribución de la grasa corporal, lo que resulta perjudicial, ya que favorece la adiposidad central abdominal, incluso sin un aumento de peso significativo, aunque este último también suele ser común.
Prevalencia de Síndrome Metabólico en Mujeres Chilenas
En Chile, la Encuesta Nacional de Salud del año 2003 reveló que el 35,4% de las mujeres chilenas entre 45 y 64 años padece síndrome metabólico. Este dato fue corroborado en un estudio de la Sociedad de Diabetes realizado en 2006, el cual también destaca las diferencias entre mujeres mayores y menores de 50 años. La prevalencia de obesidad abdominal en mujeres de 45 a 64 años es del 55%.
Un aspecto importante a considerar es la medición de la circunferencia abdominal, la cual se realiza a nivel de la cintura, en el punto de menor perímetro, es decir, en el punto medio entre el borde inferior de la costilla y la cresta ilíaca. No obstante, esta medición puede variar según el operador, ya que es difícil obtener una medida precisa y exacta.
Cambios Metabólicos Asociados a la Menopausia
Un estudio de prevalencia sobre Diabetes e HTA de la Asociación Chilena de Diabetes, realizado en 2006 por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, muestra un aumento acelerado en la prevalencia de HTA, que varía del 18% al 26% antes y después de los 50 años, respectivamente. La prevalencia de DM2 también aumenta, pasando del 6,6% al 23%.
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El cambio en los niveles de colesterol también es significativo. El 70% de las mujeres presentan niveles de colesterol de 200 mg/dl o más, el 56% tiene más de 150 mg/dl de triglicéridos y el 54% menos de 50 mg/dl de HDL. Además, se observa hiperinsulinemia, resistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, cambios en el metabolismo de las hormonas sexuales, hiperactividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y aumento de la actividad opioide.
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Inflamación y Tejido Adiposo
Dentro de los aspectos metabólicos, la inflamación juega un papel clave. El tejido adiposo es un órgano endocrino que produce diversas hormonas, pero las citoquinas inflamatorias son las que causan el mayor daño. El inicio de este proceso se debe a varias causas, aunque se postula que el aumento de los ácidos grasos libres es un factor importante.
Aunque la liberación de ácidos grasos libres es suprimida en el adipocito por la insulina, tanto en obesos como en no obesos, este proceso es resistente a la insulina en personas obesas. Esto provoca que, aunque la liberación por unidad de tejido adiposo sea inferior, el gran volumen de tejido adiposo hace que los ácidos grasos libres estén aumentados. Esto a su vez disminuye la utilización de glucosa por el músculo, lo que estimula la producción hepática de glucosa, aumenta la producción de triglicéridos, potencia la secreción de insulina estimulada por la glucosa y tiene un efecto lipotóxico a largo plazo sobre la célula beta.
Estudios en mujeres postmenopáusicas demuestran una relación entre los valores de HOMA (Homeostasis Model Assessment) y la circunferencia abdominal. Es importante recordar que el tejido adiposo no solo contiene adipocitos, sino también macrófagos, que contribuyen a la producción de citoquinas inflamatorias y, por ende, a la inflamación. Este estado de inflamación crónica es la principal causa de muchos problemas metabólicos en la obesidad. El TNF-alfa contribuye a la resistencia a la insulina y potencia su efecto, vía auto regulación e interacción con la leptina.
Existe una correlación significativa entre el índice de masa corporal, la circunferencia de la cintura y el TNF-alfa, así como entre la insulina basal y el HOMA. Por lo tanto, las mujeres obesas tienen una mayor producción de TNF-alfa.
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Proteínas de Fase Aguda y Daño Oxidativo
Las citoquinas estimulan la producción de proteínas de fase aguda, como la PCR, producida por el hígado y estimulada principalmente por IL-6 y otras citoquinas proinflamatorias. A mayor número de componentes del síndrome metabólico, mayor concentración plasmática de PCR. El daño oxidativo se estudia a través de métodos estadísticos que analizan marcadores proinflamatorios y antiinflamatorios.
La obesidad ginecoide se correlaciona con biomarcadores antioxidantes, lo que indica un efecto protector, mientras que la obesidad androide se correlaciona con biomarcadores oxidantes.
Estilos de Vida y Riesgos para la Salud
Los estilos de vida representan uno de los mayores riesgos para la salud. Según la OMS, entre los factores de riesgo atribuibles a muerte figuran el cigarrillo, la hipertensión, el índice de masa corporal elevado, la obesidad, el colesterol, el alcohol y la inactividad física. Estos factores, relacionados con los estilos de vida, tienen una relación directa con la carga de enfermedad.
Si la lucha contra el tabaco continúa avanzando, el índice de masa corporal se convertirá en la primera causa de pérdida de años de vida saludable. Las estimaciones de la OMS indican que los factores dietéticos son responsables del 30% de los cánceres en los países industrializados y del 20% en los países en desarrollo. El aumento de peso corporal y la inactividad física son responsables de una parte significativa de los cánceres de mama postmenopáusicos, colorrectal, de endometrio y esófago.
Se estima que un estilo de vida saludable podría prevenir el 70% de los cánceres de colon, el 70% de los accidentes vasculares, el 80% de los casos de enfermedad coronaria y el 90% de los casos de diabetes.
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Conciencia de Enfermedad y Hábitos Saludables
El estudio de la Sociedad de Diabetes del año 2006 revela que el 39% de las mujeres postmenopáusicas entre 50 y 69 años son obesas. Sin embargo, en la Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2006, solo el 11% de las mujeres en este rango de edad se consideran obesas. Esta falta de conciencia de enfermedad es un factor importante en la falta de prevención. De las mujeres que reconocen su obesidad, solo el 40% está haciendo algo para bajar de peso, y esta cifra aumenta con el nivel socioeconómico.
Cuando se pregunta a estas mujeres qué hacen para bajar de peso, el 92% son sedentarias, la mitad come una fruta o verdura al día y el 10% agrega sal a la comida antes de probarla.
Influencias Biológicas y Psicosociales
Aunque se conoce lo que se debe evitar, existen influencias biológicas, hereditarias, adquiridas y psicosociales que llevan a consumir más de lo que corresponde. Vivimos en un ambiente obesogénico, donde la biología humana está programada para mantener un balance energético positivo. Todas las fuerzas biológicas impulsan al individuo a alimentarse y descansar, y no hay fuerzas biológicas que induzcan a hacer ejercicio, a menos que se trate de un estrés puntual o una necesidad imperiosa.
Recomendaciones para un Enfoque Integral
Es útil agrupar las recomendaciones en tres grandes áreas: la ingesta, la actividad física y las fuerzas sociales.
Dietas Balanceadas y Otras Alternativas
La primera recomendación es la sugerida por las sociedades científicas: dietas balanceadas, bajas en grasas, altas en carbohidratos no refinados, con un contenido de proteínas adecuado y un déficit energético de 500 a 1000 calorías diarias. Sin embargo, existen otras dietas, como las muy bajas en carbohidratos, que producen un efecto similar a las dietas pobres en grasas a un año plazo, e incluso con mayor efecto sobre los triglicéridos, aunque tienden a aumentar el LDL. A largo plazo, todas las dietas tienden a igualarse y se vuelve a ganar el peso perdido.
Otras dietas en uso son las hiperproteicas e hipocalóricas, en las que se sustituyen los carbohidratos por proteínas. También existen mecanismos que mejoran la saciedad, como las dietas de bajo índice glicémico. En general, todas estas dietas producen baja de peso y mejoran los marcadores biológicos, pero el problema es cuánto dura este efecto.
Tipos de Dietas y su Impacto a Largo Plazo
Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine analizó tres grandes tipos de dietas: la típica baja en grasa, la dieta mediterránea (baja en calorías, moderada en grasa, rica en aceite de oliva y vegetales, baja en carnes rojas, reemplazándolas por pollo y pescado), y la dieta baja en carbohidratos.
Un estudio publicado en el British Medical Journal, realizado en Grecia con aproximadamente veinte mil personas, identificó los componentes de la dieta mediterránea que tienen el mayor efecto sobre la mortalidad. El consumo de vino, con moderación (media o una copa para mujeres y una o dos para hombres al día), se consideró una medida protectora. Esta recomendación debe adaptarse al contexto de cada país, considerando si el alcohol es un problema de salud pública.
El mismo estudio reveló que la dieta baja en grasas produce menor pérdida de peso a largo plazo en comparación con la dieta mediterránea.
Actividad Física y su Combinación con la Dieta
La actividad física por sí sola produce bajas de peso muy modestas. Por lo tanto, se recomienda combinar la dieta con el aumento de la actividad física, que debe ser parte integral de cualquier programa para perder peso. Las recomendaciones habituales son caminar 30 minutos diarios, realizando ejercicio de moderada intensidad, idealmente todos los días de la semana.
Mantención del Peso Perdido
La mantención del peso es clave. Los programas con dieta, actividad física y cambios conductuales producen bajas de peso del 10% fácilmente, pero un tercio de lo que se bajó se recupera en un año, y a los tres o cinco años prácticamente toda la gente vuelve al peso basal. Por lo tanto, se necesitan programas no solo de tratamiento, sino también de mantención. Los elementos clave son el control permanente, el pesarse y el auto monitoreo.
Un estudio comparó tres formas de control (cara a cara, por internet o con indicaciones para la casa) y encontró que el control cara a cara es el más exitoso, pero los que se pesaban todos los días son los que subieron menos, debido a la mayor conciencia de su peso.
Vitamina D y su Importancia en la Menopausia
Un elemento importante es la vitamina D. Estudios han encontrado que el 40% de las mujeres y hombres entre 60 y 67 años tienen déficit de vitamina D, utilizando un punto de corte de 30 (actualmente se utiliza un punto de corte de 50). La vitamina D no solo está involucrada en el metabolismo óseo, sino que también tiene acción sobre la inflamación, la inmunidad y la mortalidad general. Por lo tanto, es un tema fundamental en la mujer postmenopáusica.
| Factor | Prevalencia en Mujeres Postmenopáusicas (Chile) |
|---|---|
| Síndrome Metabólico (45-64 años) | 35.4% |
| Obesidad Abdominal (45-64 años) | 55% |
| Obesidad (50-69 años) | 39% |
| Déficit de Vitamina D (60-67 años) | 40% |
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