La búsqueda de soluciones rápidas para la pérdida de peso es un tema recurrente en la sociedad actual. Entre las diversas opciones disponibles, las llamadas "dietas militares" han ganado popularidad, prometiendo resultados rápidos y fáciles. Sin embargo, es crucial analizar estas dietas con ojo crítico, considerando testimonios reales y la opinión de expertos en nutrición.
Ejemplo de menú de la dieta militar.
Testimonios Personales: Experiencias con Métodos de Pérdida de Peso
A continuación, exploraremos algunos testimonios de personas que han recurrido a diferentes métodos para perder peso, desde dietas restrictivas hasta procedimientos médicos invasivos.
El Balón Gástrico: Una "Solución Milagrosa" con Consecuencias Inesperadas
En plena pandemia, una publicación en redes sociales prometía una solución milagrosa para adelgazar: el balón gástrico. La protagonista de esta historia, que había luchado con dietas restrictivas desde los seis años, vio en esta "oferta" una esperanza. Sin darle muchas vueltas, tomó contacto, fue al médico, se hizo los exámenes solicitados -todos salieron perfectos- y se sometió a este procedimiento endoscópico el viernes 4 de septiembre de 2020 a las dos y media de la tarde.
Fue un fin de semana inolvidable. Salí a la sala de recuperación por la anestesia poco antes de las tres. En el mismo lugar, una persona ya se estaba recuperando, y balbuceaba que esta vez sí esperaba bajar de peso, porque ya había suspendido dos veces el matrimonio por estar gorda. Mientras, yo despertaba de la nebulosa que provoca el adormecimiento químico. Finalmente, me ayudaron a vestirme y me pusieron en una silla de ruedas. Mi acompañante me esperaba afuera. Me pasaron una carpeta y el médico me dio un par de indicaciones: comprar un antiespasmódico y volver al día siguiente a hidratación.
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Pasé a la farmacia con una sensación similar a la que se siente después de comer demasiado. Llegué al departamento y me acosté. Desperté abruptamente pasadas las siete de la tarde con mucho dolor en la boca del estómago. Luego sentí presión y la sensación de que el balón se quería salir por la garganta. Empecé a vomitar espuma blanca porque no tenía nada más en el estómago, llevaba más de 24 horas en ayunas. El dolor era cada vez más intenso. A esas alturas lloraba en el baño y le pedía perdón a mi cuerpo por lo que le había hecho.
A las diez de la noche no pude más y me fui a la urgencia. Era tan fuerte el dolor, que incluso pensé que lo mejor sería que me sacaran el balón, aunque perdiera la plata. Entré llorando, y al evaluar mi escala de dolor en el triage, me hicieron ingresar de inmediato. El médico de turno me revisó e inyectó analgésico, pero una hora después el dolor volvió. A las doce de la noche decidieron hacerme un escáner. No podía tragarme el líquido de contraste, estaba desesperada de frío y dolor. Me tuvieron que llevar dos veces, hasta que finalmente logré tomar la mitad del líquido. Resultado: el balón estaba bien instalado.
Sin embargo, los dolores continuaban y no me daban tregua. Cuando ya eran casi las tres de la madrugada me inyectaron fentanilo. Fue lo único que logró desactivar el dolor y al fin pude descansar. Me mandaron a casa con un medicamento fuerte. Yo me puse el balón un día viernes pensando en que el lunes estaría bien para ir a trabajar, pero el dolor, a pesar de que estaba mitigado por el medicamento, no daba tregua y escasamente lograba dormir sentada. Además, no podía tomar agua, tenía los labios partidos y la boca seca y blanca. Así pasaron los días, las semanas, incluso meses y yo no lograba estar bien. Además de la incomodidad por el dolor, parecía una embarazada de seis meses por la hinchazón.
Durante todo ese tiempo solo pude comer fideos cabellos de ángel porque las verduras no las toleraba, me causaban hinchazón y reflujo. Fui a la visita con la nutricionista y me pesó: 73.6 kg. Había ingresado con 78, por lo tanto bajé poco más de cuatro kilos en casi dos meses, comiendo cien gramos de comida molida o media papilla, sin verduras ni frutas. Desde ahí, nunca más bajé de peso. Es más, en enero empecé a subir nuevamente de peso -con balón incluido- y el reflujo constante aún me obligaba a dormir sentada. A esas alturas ya nadie entendía cómo podía seguir con ese balón dentro del estómago, pero pensar que tenía que pagar más de un millón de pesos para que me lo sacaran, me indignaba. Es que me costó mucho asumir el fracaso absoluto. Mi único consuelo era pensar que quizá si no me hubiese puesto esto, habría subido más de peso durante la pandemia.
Hasta que decidí sacarlo, el viernes 1 de octubre, a las catorce horas. Llegué a la clínica y mientras me atendían en el mesón, lloraba de indignación e impotencia. Estuve muy frustrada por meses, no podía entender dónde había estado mi cabeza cuando decidí tomar esa decisión y perder mis tres retiros de la AFP en una cirugía para bajar de peso, aunque de salud me encontrara bien.
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Los días que vinieron comencé de a poco a sentirme mejor, pero físicamente, porque emocionalmente estuve muy mal. Aunque hacer esta cirugía fue una decisión que tomé “sin presiones” -uso comillas porque aunque nadie me obligó a hacerlo, vivimos en una sociedad en la que constantemente nos dicen que tener kilos de más es un defecto, que solo hay una forma de ser linda y eso es ser delgada- , creo que esta experiencia ocurrió por algo y entendí que venía de la mano de un aprendizaje. El más importante es no volver a traicionarme a mí misma. Y es que hasta antes de ponerme el balón gástrico, me había prometido ser la mejor versión de mí misma, sin presiones. Fue una promesa que rompí y eso es lo que más me duele. Pero ya me estoy perdonando.
También comprendí que muchas veces las personas engordamos, cuando no se trata de un problema endocrino, por emociones no resueltas. En mi caso nunca aprendí a expresarlas y me refugié en la comida para aliviarlas. He estado leyendo mucho sobre psiconutrición y sobre cómo nos dañamos con estereotipos. Obviamente este proceso no es automático. Los pantalones que me quedaban bien y holgados cuando bajé un poco más de peso ahora me torturan, pero ya no me subo a la pesa porque sé que eso me deprime y me hace odiarme por sentirme constantemente fracasada. Por la misma razón tampoco quiero probar dietas nuevas o procedimientos milagrosos, porque entendí que no es el camino. Aunque sigo con la esperanza de bajar de peso de manera saludable, esta vez lo haré solo hasta sentirme cómoda. Ya desistí de tener un cuerpo que no es el mío.
También me puse la meta de hacer más ejercicio. Empecé caminando alrededor de 4 kilómetros con unas amigas después del trabajo y en total alcanzar los 10 mil pasos. No siempre lo logro, pero me hace sentir bien. Sé que este es un proceso largo, mal que mal implica deconstruir estereotipos sobre el cuerpo que me enseñaron desde niña. Además estoy en terapia, no necesariamente para bajar de peso, pero sí para terminar de comprender por qué llegué a este punto y así, después de tantos años, lograr mi paz mental”.
Ozempic: El Fármaco para la Diabetes que Promete Delgadez
Paulina, una funcionaria de la salud, decidió probar Ozempic, un medicamento para la diabetes tipo 2, con la esperanza de perder 10 kilos. El compuesto activo del fármaco es la semaglutida, indicada para pacientes con diabetes tipo 2 u obesidad, ya que ayuda a la liberación de insulina. Paulina no es diabética, pero parecía la candidata ideal. No tenía antecedentes médicos que pudieran generar complicaciones. Con la receta en sus manos, y una lista de lugares que le entregó la doctora para comprarlo, comenzó la búsqueda. Paulina inició su tratamiento en abril de 2022. Pesaba 70 kilos y su objetivo era bajar 10.
Compró su primera inyección en $ 150.000. La inversión lo valía, pensaba. La nutrióloga le explicó el funcionamiento, pero era algo nuevo para ella. “Nunca antes había utilizado medicamentos para bajar de peso”, dice. El tratamiento inicia con la dosis más pequeña, la de 0,25 mg. Una inyección a la semana. La primera dosis no fue algo fuera de lo común para Paulina, como funcionaria de salud, en su trabajo siempre le toca administrar inyecciones. De tal modo que se la inyectó ella misma, en la comodidad de su casa. No pretendía ocultar el tratamiento, pero tampoco era algo que compartía con todos. “Les dije a mi marido, mi mamá y mis hermanos. No lo hice público, en el fondo. Lo comenté con mis personas de confianza”.
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En la primera semana el efecto del compuesto fue prácticamente inmediato para Paulina. Perdió kilo y medio, bastante lejos de su meta. El resultado la decepcionó, estaba acostumbrada a las dietas y solía perder un peso mayor con ellas. La sensación de saciedad sólo duró los primeros días. “Me quitaba mucho el hambre y no comía. A la segunda semana se me quitó el efecto, porque tenía que ir subiendo la dosis”. A la tercera semana los resultados se estancaron.
A la quinta semana tuvo que aumentar la dosis para ver resultados más notorios. Sin embargo, la receta mágica no funcionó para ella. Mientras pasaban los días, tenía que duplicar la dosis y, con ello, también se elevaba el precio de los inyectables. A diferencia de otros fármacos para bajar de peso, como la fentermina, el Ozempic tiene pocos efectos adversos cardiovasculares, destaca Javier Vega, nutriólogo en la red de salud UC Christus. “Los efectos adversos iniciales de semaglutida tampoco son tan potentes. En general, es bien tolerado por la mayoría”, destaca.
Ella logró perder aproximadamente tres kilos en dos meses y los recuperó una vez que dejó el fármaco. Cifra bastante alejada de los 10 kg que pretendía bajar. Por lo mismo, no lo recomienda a otras personas. A su parecer, el efecto es menor a cómo lo retratan las redes sociales: pérdida de grasa facial a las semanas o bajar muchos kilos en un mes no es realista. A dos años de su incursión con la semaglutida, Paulina lo recuerda como una falsa ilusión. Cuando ve los testimonios en internet se muestra incrédula: “Yo no me siento para nada identificada con ese relato. Para mí no fue así, no es que de un momento para otro bajé siete kilos”.
Dietas Milagro: Un Peligro para la Salud
La nutricionista Valentina Vera, creadora del blog Dieting, nos contó un poco sobre la historia de este tipo de dietas. “Las dietas milagrosas o relámpago nacen a consecuencia de que la población comienza a incrementar su interés en distintos aspectos de la salud, y por eso mismo busca muchas veces en los lugares menos correctos soluciones a estos temas. Por lo mismo, la gente muchas veces se hace vulnerable a acceder a información que es pseudo-científica, que existe mucha en páginas web y redes sociales, y que es presentada en distintas formas de marketing, las dietas relámpago te intentan vender algo, es un ‘milagro’ y es un negocio”, afirma.
Valentina nos alerta sobre varias señales. La primera tiene que ver con que este tipo de dietas o “soluciones mágicas”, prometen una gran pérdida de peso en un período muy corto de tiempo. “Finalmente esto va a deteriorar tu salud. ¿Funcionan? Si lo que buscas es perder grasa y mejorar tu salud, la respuesta es negativa, pues este tipo de dietas tienden a atacar al que precisamente debería ser nuestro aliado a la hora de quemar grasa: el músculo. Así lo explica también la nutricionista Daniela Loyola. “El cuerpo empieza a buscar otras alternativas de dónde encontrar energía y la mayoría de las veces lo hace a través de gasto muscular. Es muy difícil gastar el porcentaje de grasa que tenemos en nuestro cuerpo, es lo último a lo que el cuerpo va a recurrir para obtener energía.
“La grasa se oxida, ¿qué quiere decir eso? Que yo para quemar grasa, necesito oxígeno. ¿Cómo obtengo el oxígeno? A través del ejercicio. El músculo cuando está activo, cuando trabaja la masa muscular, genera más oxidación de las grasas. En estas dietas ultra restrictivas se pierde mucho peso, pero a través de la pérdida de masa muscular (no de oxidación de grasas mediante ejercicio), y eso es lo que no queremos lograr. Por eso es importante diferenciar cuando hablamos de pérdida total de peso versus el mejoramiento de la composición corporal”.
Valentina nos explica que este tipo de dietas tampoco son personalizadas, son restricciones alimenticias que dan vueltas y tienen listados los mismos alimentos y porciones para cualquier persona, sin discriminar edad, peso, estado nutricional, actividad física, etc. No es raro que este tipo de dietas le atribuya propiedades aparentemente milagrosas a algún alimento, como quemar grasa si es consumido todos los días a alguna hora especial.
“Es muy falso cuando te dicen que tal alimento tiene esta propiedad mágica de quemar grasa; ningún alimento lo hace por sí solo. También te puede llevar a consumir licuados o alimentos que la misma empresa o autor de esta supuesta dieta milagrosa vende, ¡es un negocio!. Las dietas milagrosas que pululan por internet, rara vez mencionan que las personas deberían controlarse y ajustar el régimen con la ayuda de un profesional capacitado, según nos cuenta Valentina. Muchas aseverarían haber sido creadas por otro profesional de la salud, por ejemplo, un médico.
“Pero si te pones a buscar información sobre la dieta, sobre quién la creó, muchas veces esta información no es real y tampoco tiene estudios asociados que digan que sí es segura o sí fue avalada por algún profesional de la salud. De acuerdo a Daniela y Valentina, son varios los impactos negativos sobre la salud que las dietas relámpago pueden tener además de la pérdida de masa muscular. Estas pueden ralentizar el metabolismo, promover la acumulación de grasa en lugares peligrosos del cuerpo (lo que podría provocar enfermedades), causar fatiga y decaimiento. Valentina cita también los dolores de cabeza, falta de concentración, irritación, constipación, náuseas, distención abdominal, cambios de ánimo y calambres, todo como consecuencias posibles de la falta de nutrientes esenciales a los que estas dietas nos someterían.
Por otro lado, Daniela nos habla del famoso efecto rebote, que impide que la pérdida de peso obtenida de manera poco sana, se extienda en el tiempo. Nos explica que, al perder peso en un período de tiempo muy breve, cuando volvemos a nuestros hábitos de siempre, es posible recuperar el peso perdido e incluso se podría ganar más. “Nosotros tenemos un ‘gen ahorrador’ que significa que en tiempos de escasez y restricción alimentaria, nuestro cuerpo tiende a gastar menos energía y acumular más grasa. Antiguamente el hombre tenía que buscar su alimento, ahí quedó este gen, que nos preparó para sobrevivir en grandes períodos de ayuno, entonces cuando hacemos estas dietas ultra restrictivas, activamos este gen ahorrador”, señala.
| Dieta | Método | Resultados | Riesgos |
|---|---|---|---|
| Balón Gástrico | Procedimiento endoscópico para reducir el tamaño del estómago. | Pérdida inicial de peso, pero con recuperación posterior. | Dolor intenso, vómitos, reflujo, hinchazón. |
| Ozempic | Fármaco para la diabetes que suprime el apetito. | Pérdida moderada de peso, con recuperación al suspender el fármaco. | Náuseas, vómitos, diarreas, posible escasez para diabéticos. |
| Dietas Milagro | Restricciones alimenticias extremas. | Pérdida rápida de peso, principalmente masa muscular. | Ralentización del metabolismo, efecto rebote, fatiga, deficiencias nutricionales. |
La Clave: Equilibrio y Asesoramiento Profesional
Las expertas recomiendan siempre asesorarse de un profesional de la salud que pueda generar una pauta de alimentación personalizada, ya que cada cuerpo y cada persona es distinta. Entonces, ¿cuál sería la clave? Mantener el equilibrio nutricional, comer comida de diversos grupos en su justa medida y siempre asesorarse por profesionales de la salud.
De otro modo, el dicho “pan para hoy y hambre para mañana”, puede volverse peligrosamente real. Y con un tema tan delicado e importante como la salud, hay que ser consciente, cuidadoso y pensar a largo plazo.
Los VERDADEROS PELIGROS de las DIETAS RÁPIDAS | Dietas milagro peligrosas | Nutrición Dietética
Una alimentación equilibrada y ejercicio son claves para una vida saludable.
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