En el campo de la nutrición, la salud pública desempeña un papel clave en la prevención de enfermedades y la promoción del bienestar comunitario. La salud pública se define como el conjunto de acciones colectivas e intersectoriales destinadas a mejorar la salud de las poblaciones.
En el ámbito de la nutrición, esto significa no solo tratar deficiencias nutricionales individuales, sino también abordar problemas globales como la malnutrición por déficit, la obesidad y el acceso a alimentos saludables.
La nutrición juega un rol central en la prevención de enfermedades no transmisibles (ENT), que son responsables de aproximadamente el 71% de todas las muertes a nivel global, según la OMS.
Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó que, en 2020, el 39% de los adultos a nivel mundial tenían sobrepeso, y el 13% eran obesos. En América Latina, la prevalencia de sobrepeso y obesidad sigue en aumento.
Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), más del 60% de la población adulta en la región presenta sobrepeso, y el 25% es obesa. La tendencia no es exclusiva de los adultos; en Chile, por ejemplo, más del 70% presenta malnutrición por exceso según ENS. Además, la malnutrición por deficiencia sigue siendo un problema en muchas áreas rurales de América Latina y otras regiones del mundo.
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Intervenciones y Estrategias en Salud Pública
Para los nutricionistas y profesionales del sector salud, las intervenciones basadas en evidencia son fundamentales para combatir las enfermedades relacionadas con la alimentación.
¿Cómo la nutrición impacta en todas las áreas médicas y de la salud? - #ExclusivoMSP
1. Programas de Educación Nutricional
Uno de los enfoques más efectivos para abordar problemas de salud pública es la educación nutricional en las escuelas y comunidades.
2. Políticas de Etiquetado de Alimentos
La implementación de políticas que requieren etiquetado frontal de advertencia en productos procesados, como el que se introdujo en Chile en 2016, ha demostrado tener un impacto significativo.
Un estudio publicado en la British Medical Journal reveló que, tras la implementación de esta política, el consumo de bebidas azucaradas disminuyó en un 25% en los primeros dos años.
La Ley de Etiquetado chilena es pionera en el mundo, pues es la primera que combina intervenciones en el entorno alimentario. Esto significa que entrega información al consumidor a través del uso de un sello negro en los alimentos que son poco saludables y -simultáneamente- restringe su publicidad a niñas y niños menores de 14 años. También los protege en sus entornos escolares mediante la prohibición de que se entreguen, regalen o promocionen estos alimentos.
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Hemos podido observar que efectivamente hoy día las personas entienden mejor lo que comen. Lo que nosotros vemos es que las personas deciden en base a la presencia de ese sello o no. Hemos visto también que las restricciones de marketing han funcionado. Hoy día los niños chilenos están expuestos a casi la mitad de la publicidad de alimentos poco saludables comparado con lo que ocurría antes de la implementación de la ley. Y hemos visto también efectos muy positivos a nivel de los colegios.
El programa de alimentación escolar se reformula, disminuye toda la oferta de estos alimentos poco saludables, se eliminan, y eso ha significado que, particularmente en los espacios escolares, nosotros veamos reducciones importantes del consumo de sodio, grasas saturadas, azúcares.
Este conocimiento lo hemos exportado a países como México, Perú, Uruguay, Israel. Los resultados positivos han mostrado que este es el camino que hay que seguir. Esto de ponerle un sello que advierta que este alimento no es bueno, que hay que consumirlo con moderación, ha sido un aprendizaje asumido. Hoy día vemos sellos de este tipo en Argentina, en Uruguay, en Perú, en México. Canadá prontamente va a lanzar un modelo similar, Brasil.
3. Subsidios a Alimentos Saludables
Otra estrategia exitosa ha sido el uso de subsidios para abaratar alimentos saludables, como frutas y verduras.
4. Promoción del Ejercicio Físico y Políticas de Urbanismo
La promoción del ejercicio físico y la creación de espacios públicos que faciliten la actividad física son intervenciones complementarias en las políticas de salud pública.
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Sistemas Alimentarios Sostenibles
Los alimentos desempeñan roles relevantes en la salud de las personas, y las formas en que se producen y manejan afecta el ambiente y la salud planetaria. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluyen el término de la pobreza y el hambre, junto a la protección de la sostenibilidad planetaria, considerando la cadena alimentaria desde la producción hasta el consumo para satisfacer las demandas actuales y futuras.
El concepto de sistemas alimentarios sostenibles abarca el ambiente, las personas, los insumos, la infraestructura e instituciones, las actividades productivas, de procesamiento, empaque, distribución, mercadeo, compraventa, preparación, consumo y desperdicio de alimentos. Todo ello impacta en los ámbitos económico, social y ambiental.
Factores como globalización, industrialización de la agricultura, pobreza rural y urbanización, han cambiado la forma de producir y consumir los alimentos. Han generado la pérdida de la soberanía y la diversidad alimentaria, junto a consecuencias negativas para los ecosistemas y la calidad de la dieta.
La seguridad alimentaria implica que “todas las personas, en todos los tiempos, tienen acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades nutricionales y preferencias alimentarias para una vida activa y saludable”. Involucra aspectos de disponibilidad (cantidad y calidad), accesibilidad (satisfacción de las necesidades básicas) y utilización (dieta diversa, adecuada, agua limpia, entre otros), así como sistemas estables y resilientes que permitan enfrentar las emergencias.
La adopción de estos sistemas alimentarios mitiga los efectos del cambio climático y mejora la seguridad alimentaria a futuro. Actualmente, los sistemas agrícolas globales producen un exceso de cereales, grasas y azúcares, en tanto que la producción de frutas, verduras y proteínas no satisface las necesidades nutricionales de la población mundial.
La dieta sostenible es “capaz de proteger y respetar la biodiversidad y los ecosistemas, culturalmente aceptable, accesible, económicamente justa, nutricionalmente adecuada, inocua y saludable, mientras optimiza los recursos naturales y humanos”.
La ONU reconoce las complejidades para la salud humana y planetaria, y plantea que en la Década de la Acción en Nutrición (2016 a 2025) debería lograrse la seguridad alimentaria para cada habitante del planeta y sus descendientes. Esto involucra políticas públicas como la regulación de precios (subsidios a alimentos nutritivos, impuestos a alimentos perjudiciales), apoyo a los pequeños agricultores, mejora de las condiciones de trabajo y formas de comercialización (rediseño de las cadenas de valor).
Además, son necesarias las intervenciones en educación orientadas a mejorar la conducta alimentaria, especialmente en etapas tempranas de la vida y en las comunidades.
Dietas Saludables y Prevención de Enfermedades
Una dieta de buena calidad, mantenida en el tiempo, satisface las necesidades nutricionales, es inocua, y promueve la salud y el bienestar. Estas dietas reducen factores de riesgo de enfermedades no transmisibles y aumentan la expectativa de vida, mientras que un patrón de consumo subóptimo tiene el efecto opuesto.
La alta prevalencia actual de malnutrición (desnutrición, deficiencias de micronutrientes, sobrepeso y obesidad) confluye en estas enfermedades, en tanto que la coexistencia de malnutrición y cambio climático constituye la sindemia global.
Es necesario realizar diversos cambios, resolviendo aspectos clave como la accesibilidad, dado que el costo puede ser más elevado. El tránsito hacia la sostenibilidad puede incluir diferentes estrategias, incluyendo el manejo de recursos (suelo, agua y otros componentes del ecosistema), para conservar la biodiversidad, mejorar la salud de las personas y la salud planetaria.
La ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) trabaja desde hace años en este tema y ha descrito diversas formas de acercarse a la sostenibilidad. Estas incluyen el cambio del enfoque de los sistemas alimentarios desde el rendimiento de los cultivos hacia su calidad nutricional, considerar a los consumidores como actores clave en las decisiones y políticas públicas, enfatizar el acceso y la utilización de los alimentos de mejor calidad, dar espacio a las economías emergentes e incluir aspectos de género, entre otros.
El objetivo a lograr con urgencia es el de transitar desde el patrón alimentario actual (basado en algunos pocos alimentos básicos, alimentos muy procesados, con exceso de calorías y baja calidad nutricional, de bajo precio, que compromete la seguridad alimentaria y promueve la malnutrición), hacia una dieta diversificada, con alta proporción y variedad de alimentos de origen vegetal en su estado natural o mínimamente procesados, con sistemas alimentarios sostenibles y resilientes. Este patrón es, en cierta medida, similar al paradigma que representa la dieta mediterránea, con las adaptaciones que corresponde según las realidades locales.
Sin embargo, para ello es necesario adaptar las cadenas de suministro de alimentos (circuitos cortos, compra local, precios accesibles, comercio justo), los entornos alimentarios (oferta de alimentos nutricionalmente adecuados, información nutricional, estacionalidad de productos), el comportamiento de los consumidores (publicidad, mercadeo, educación, cultura alimentaria, valoración de productos locales), entre otros aspectos clave para alcanzar este objetivo.
Los sistemas alimentarios impactan la equidad, la igualdad, la dignidad y la prosperidad de las personas, así como su salud y la de los ecosistemas. La evidencia disponible demuestra que los patrones alimentarios saludables y sostenibles son una necesidad y son posibles de alcanzar.
Con la transformación de los sistemas alimentarios actuales a otros más sostenibles, que reduzcan el impacto ambiental, se podría mejorar su resiliencia a situaciones de emergencia, la seguridad alimentaria, reducir la carga de enfermedades no transmisibles, así como el acceso a una nutrición adecuada en las futuras generaciones.
Para lograrlo, se requiere de la participación activa de agentes clave, en un esfuerzo mancomunado con un abordaje transdisciplinario, que considere un espectro que incluya la dimensión política gubernamental, la academia, la industria, la sociedad civil y los consumidores, para la toma de decisiones que permitan establecer políticas públicas tendientes a lograr, con urgencia, el objetivo señalado.
Principales Factores de Riesgo y Patrones Alimentarios
Las dietas saludables reducen las enfermedades asociadas a la alimentación inadecuada, que afectan el capital humano de las naciones y su desarrollo, con un elevado costo económico y de salud pública. Los principales factores de riesgo de estas enfermedades se vinculan al bajo consumo de frutas, verduras, leguminosas, granos (cereales) enteros, frutos secos, lácteos, ácidos grasos poliinsaturados, calcio y fibra. De igual forma, se relacionan con un elevado consumo de carnes rojas y procesadas, bebidas azucaradas, ácidos grasos trans y sodio.
Los patrones saludables contienen una gran variedad de alimentos de origen vegetal, que aportan múltiples fitoquímicos que ejercen efectos fisiológicos al actuar en sinergia. Su presencia afecta la biomasa y actividad de la microbiota intestinal, con un efecto bidireccional, modulando el riesgo de enfermedades no transmisibles. Las intervenciones de promoción del consumo de alimentos de mejor calidad nutricional, como frutas y verduras, son eficientes y altamente dependientes de factores asociados a los sistemas alimentarios, como producción, disponibilidad, acceso, hábitos y comportamientos de los consumidores.
Los consumidores han tomado conciencia acerca de aspectos ambientales relacionados con la producción de alimentos, surgiendo tendencias crecientes como las dietas flexitariana, pescitariana y vegetariana. Estas consideran el bienestar animal e impacto ambiental de su producción, además de su aporte nutricional. Algunas dietas que han sido consideradas saludables desde hace décadas guardan relación con la sostenibilidad, como la mediterránea, DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) y MIND (Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay), orientada fundamentalmente a la mantención de la salud mental, entre otras.
Todas son bajas en hidratos de carbono digeribles y grasas saturadas, tienen baja carga glicémica, y desincentivan el consumo de alimentos altamente procesados, altos en azúcar, sodio o bajas en fibra. Por su parte, las dietas basadas en plantas reducen factores de riesgo de enfermedades no transmisibles a través de diversos mecanismos.
Se reconoce la asociación inversa del consumo de frutas y verduras con enfermedad cardiovascular, cáncer y mortalidad por todas las causas. Lo mismo sucede con la ingesta de frutos secos con enfermedad isquémica cardíaca y diabetes mellitus tipo 2. Las leguminosas contribuyen a reducir el riesgo cardiovascular y de diabetes, por su alto contenido de fibra y su bajo índice glicémico, contribuyendo a mejorar el perfil lipídico, el control glicémico y la presión sanguínea.
Al contrario, los patrones alimentarios no saludables contienen un exceso de energía, grasas saturadas, azúcares añadidas y almidones refinados. Mientras las azúcares simples y los almidones digeribles se asocian al aumento de triglicéridos y lipogénesis, la fibra fermentable genera ácidos grasos de cadena corta por acción de la microbiota intestinal, reduciendo los niveles de colesterol y la síntesis de ácidos grasos.
Además, la fibra aumenta la saciedad, reduce la densidad energética de la dieta, contribuye a reducir la presión sanguínea, mejora la sensibilidad a insulina y atenúa las respuestas inflamatorias mediadas por la microbiota intestinal.
La fibra de frutas y verduras también promueve la eubiosis. Estas contienen vitaminas, minerales y diversos fitoquímicos antioxidantes, antiinflamatorios y antiagregantes plaquetarios, entre otros. Los pescados aportan los ácidos grasos EPA y DHA, que reducen los triglicéridos, la presión sanguínea, las arritmias, la inflamación, la agregación plaquetaria y la disfunción endotelial, regulando la expresión génica.
Algunos fitoquímicos (como ciertos polifenoles) reducen la absorción de lípidos y glucosa, inhiben la síntesis de colesterol, reducen los triglicéridos, incrementan el colesterol HDL, son antioxidantes y antiinflamatorios e inducen la producción de óxido nítrico, mejorando la circulación sanguínea.
En suma, los principales efectos saludables incluyen la reducción de lípidos sanguíneos (fibra, ácidos grasos insaturados, fitoesteroles y fitoestanoles), protección del estrés oxidativo, la inflamación y la agregación plaquetaria (fitoquímicos, EPA y DHA), la modificación de los niveles de hormonas y factores de crecimiento, inducción de saciedad por la secreción de proteínas/péptidos saciantes, lo que contribuye a regular el peso corporal.
Además, estas dietas reducen los niveles de insulina, estrógenos, andrógenos, factor de crecimiento similar a insulina (IGF-1) que estimulan la generación de tumores, y aportan fitoquímicos anticancerígenos.
La población mundial está envejeciendo aceleradamente. Los antecedentes apuntan a que un patrón alimentario saludable aumenta la longevidad, mejora la calidad de vida, es ecológicamente sostenible y amigable con el ambiente.
Tabla 1: Comparación de Patrones Alimentarios Saludables
| Patrón Alimentario | Características Principales | Beneficios |
|---|---|---|
| Dieta Mediterránea | Alto consumo de frutas, verduras, aceite de oliva, pescado y granos integrales. | Reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y deterioro cognitivo. |
| Dieta DASH | Rica en frutas, verduras, lácteos bajos en grasa, y baja en sodio. | Ayuda a reducir la presión arterial y el colesterol. |
| Dieta MIND | Combinación de la dieta mediterránea y DASH, enfocada en alimentos beneficiosos para el cerebro. | Retrasa el deterioro cognitivo y reduce el riesgo de Alzheimer. |
| Dietas basadas en plantas (Vegetariana/Vegana) | Enfoque en alimentos de origen vegetal, excluyendo o limitando productos animales. | Reduce el riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer y obesidad. |
En conclusión, la salud pública y la nutrición están profundamente entrelazadas. Los nutricionistas juegan un papel vital en la creación de políticas y programas que impactan directamente en la prevención de enfermedades y la promoción de una mejor calidad de vida. El reto es enorme, pero la evidencia muestra que con políticas adecuadas y programas bien diseñados, es posible mejorar los índices de nutrición y reducir la carga de enfermedades crónicas a nivel global.
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