Desde 1997, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) ha sido el organismo técnico encomendado por el Ministerio de Salud para elaborar y actualizar las Guías Alimentarias de Chile. Se trata de una serie de mensajes que buscan orientar nutricionalmente a la población y promover un estilo de vida saludable.
Las Guías Alimentarias basadas en alimentos -también denominadas sencillamente guías alimentarias- tienen por objeto servir de base para formular políticas nacionales en materia de alimentación y nutrición, salud y agricultura, así como programas de educación nutricional destinados a fomentar hábitos de alimentación y modos de vida saludables.
Su necesidad fue destacada a partir de 1992 en la primera Conferencia Internacional sobre Nutrición, realizada por FAO y OMS, donde se convocó a los países a desarrollar e implementar sus propias guías.
La nutricionista y profesora del INTA Carmen Gloria González participó en el proceso de elaboración de las Guías vigentes, que se realizó con una metodología recomendada por la FAO. “Para el diseño se seleccionaron los contenidos, que son los nutrientes y los alimentos que se debían promover. Luego se validaron con expertos, con quienes se escogieron definitivamente los temas y se elaboraron los mensajes preliminares.
Esto permitió comprobar que los mensajes podían ser comprendidos por los distintos grupos de la población. Luego de este trabajo con los grupos focales, se llegó a los mensajes definitivos que fueron revisados por grupos de expertos. Finalmente, se hicieron unos últimos grupos de validación con grupo de comunicadores y con grupos de consumidores.
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La Importancia de la Difusión de las Guías Alimentarias
Pese a todo lo que se invierte en su elaboración y los potenciales beneficios que su uso conlleva, las Guías Alimentarias no son lo suficientemente difundidas. La atención primaria es la única forma de llegar con los mensajes a las personas. En nutrición clínica generalmente se usan, pero no son lo suficientemente conocidas por los otros profesionales de la salud, que muchas veces tienen que hacer recomendaciones nutricionales.
Como es un instrumento, básicamente educativo, que emana del Ministerio de Salud, este organismo es quien tiene la principal responsabilidad de darlo a conocer. “Y de hacerlo llegar a los otros ministerios. Que se sepa que estos son los mensajes importantes y que de esa bajada cada organismo del Estado puede hacer sus aportes, modificando los impuestos, el acceso a los alimentos más saludables o modificando la oferta del programa de alimentación escolar.
“Las guías no solo deberían ser conocidas, sino que también deberían servir como una orientación para distintas políticas y programas de Gobierno que permitan favorecer la alimentación saludable, generando entornos más saludables en cuanto al acceso y la oportunidad de consumo”, señala González.
No es realista creer que estas recomendaciones o frases por sí solas lograrán mejorar la alimentación de la población. La nutricionista y académica del INTA, Nelly Bustos, considera que se pueden mejorar los hábitos alimentarios a través de las Guías, pero estas “deben ser acompañadas de programas de educación alimentaria nutricional y campañas o estrategias de difusión, utilizando diferentes medios de comunicación.
Además, requieren de procesos periódicos de revisión y actualización basados en nueva evidencia científica y las prácticas alimentarias de la población, así como también, ser lo suficientemente flexibles para poder adaptarse a las características individuales y culturales.
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Actualización de las Guías Alimentarias y Factores Relevantes
Actualmente, el Ministerio de Salud ha abierto una licitación para la renovación de las Guías Alimentarias. La profesora Bustos indica que para ella se deben considerar diferentes factores relevantes para la adquisición de conductas saludables.
En primer lugar, la vinculación entre alimentación y cultura, que tiene diversas expresiones a nivel regional, respecto a los significados de la alimentación y cómo se realiza, influyendo de manera importante en la aceptación o el rechazo a los alimentos. Segundo, el grado de desinformación que la población tiene respecto a la alimentación, las características ideales de una alimentación saludable, el valor nutricional de los alimentos, entre otros.
En tercer lugar, hay que considerar cómo influye en el consumo, el entorno o ambiente obesogénico que rodea al individuo, ya sea el ambiente familiar o institucional y el efecto que tiene la publicidad de los alimentos.
Enfoque Innovador y Sostenible en las Nuevas Guías Alimentarias
En un hito sin precedentes a nivel mundial, Chile actualizó sus Guías Alimentarias para incluir la variable medioambiental en su elaboración, convirtiéndose así en el primer país en adoptar una perspectiva integral que combina dimensiones biológicas, sociales y ambientales. Desarrolladas por un equipo multidisciplinario de la Universidad de Chile, estas guías presentan 10 mensajes que promueven la salud, identidad territorial, perspectiva de género y sostenibilidad.
Las nuevas guías, lanzadas pocos días antes de comenzar el 2023, presentan diez mensajes de orientación alimentaria destinados a mejorar la salud de la población nacional, promoviendo además la identidad territorial, la perspectiva de género y la sostenibilidad económica y ambiental.
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Dos investigadoras clave en su desarrollo fueron Nelly Bustos, profesora asistente e investigadora del INTA, y Gabriela Lankin, profesora asociada del Departamento de Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, quienes resaltan la importancia de haber incorporado la diversidad territorial y la perspectiva social en la elaboración de las guías.
"Decidimos hacer un diagnóstico no solo de la literatura, sino también de los entornos alimentarios y de la gente que trabaja día a día en contacto con la guía alimentaria", explica la profesora Bustos. La profesora Bustos, quien también es directora de Extensión del INTA, destaca que uno de los grandes logros de estas guías es que la población siente que los mensajes son cercanos y relevantes.
Por su parte, la profesora Gabriela Lankin enfatiza que nuestro país es pionero en incluir de manera proactiva la variable ambiental en las guías alimentarias, antes incluso de los lineamientos internacionales. "En la medida en que enfermamos el planeta, el planeta nos devuelve la mano. Las guías promueven el consumo de alimentos locales y estacionales, minimizando la huella de carbono y reduciendo el uso de plásticos y pesticidas.
Rol de la Universidad de Chile
La Universidad de Chile ha desempeñado un rol fundamental en el apoyo al Estado para la elaboración de estas nuevas Guías Alimentarias, demostrando la capacidad de colaboración interdisciplinaria y el compromiso público con el bienestar del país. Nelly Bustos subraya que, a pesar de contar con recursos limitados, la comunidad académica de la Casa de Bello se unió en un esfuerzo conjunto, destacando la contribución desinteresada de muchos y muchas en la revisión de la literatura y la validación de los mensajes.
Las nuevas Guías Alimentarias para Chile, además, representan un cambio de paradigma que va más allá de la simple recomendación nutricional. Abordan de manera integral la salud, la cultura y el medio ambiente, reflejando un compromiso con la sostenibilidad y la equidad.
Las académicas Nelly Bustos y Gabriela Lankin coinciden en que el desafío ahora es implementar estas guías de manera efectiva, con apoyo del Estado y programas educativos robustos. "Este es el primer paso de muchos más.
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